DE CIEN PARTIDOS que jueguen, el Tenerife debe ganarle noventa al Leganés. Si esta tarde toca uno de los diez restantes, estaremos abocados a una crisis que destapará la caja de los truenos. Hay que ganar hoy, sobre todo para seguir soportando las cosas de Ewald Lienen. No hay otra salida.
El Tenerife no puede ni plantearse ahora el cambio de entrenador, aunque hay que ser conscientes de que dos derrotas más, hoy y ante el Albacete dentro de una semana, nos pueden poner en zona de descenso. A un mes de la consulta a los accionistas sobre la gestión de los próximos cinco años, la inestabilidad deportiva es especialmente difícil de arreglar. Sólo hay un camino: aguantar, tener paciencia y rezar para que los resultados saquen a este entrenador del marasmo en el que está sumido.
Ayer dio otra demostración de desequilibrio en su comparecencia ante los medios de comunicación. Seguramente es el efecto lógico que producen los malos resultados (el Tenerife no gana desde hace un mes y medio) y la falta de gobierno sobre un grupo que hace bastante tiempo que perdió la confianza en su conductor. Ahora bien, unos y otro, jugadores y técnico, son conscientes de que la única forma de salir de esta situación es ganando. Los futbolistas ya ponen toda la actitud posible y el entrenador tiene que haberle visto ya las orejas al lobo.
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