Tenerife Norte
VALLE DE TAORO EVARISTO FUENTES

Loynaz, Lecuona y Huberal


4/dic/02 18:32 PM
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CUANDO SALÍ del Castillo de San Felipe, de oír el recital de Huberal Herrera, prestigioso pianista cubano, pocos cacharros había por las calles portuenses, aunque más que el año pasado. Fue por el día 29-N, víspera de San Andrés. Yo llevaba prisa, pues me esperaba una pandilla de matrimonios maduritos. Casi tan maduros como Huberal, que "declaró" su edad a una manilla de señoras mayorcitas enamoradizas, cuando al final de su recital "lo" (en Cuba no hay leísmos) rodearon para pedirle una dedicatoria autografiada en el programa de mano. Las señoras musitaron un ¡oh! de incredulidad ligeramente contenida, cuando Huberal Herrera les confesó su edad actual: 74 añitos. Lo tenían tan rodeado que por mis prisas no pude obtener su autógrafo.

Huberal vino a Tenerife, como componente de una embajada cubana, a los actos de homenaje a la poetisa Dulce María Loynaz en el centenario de su nacimiento. Interpretó al piano al compositor también cubano Ernesto Lecuona, que había nacido en Guanabacoa en 1897 y falleció repentinamente en el hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife, hace 39 años, el 29 de noviembre de 1963. (Una enciclopedia pone 1964 y corrige en su primer tomo suplemento). (Fue el mismo mes y año del asesinato del presidente de los EE.UU., J.F. Kennedy).

Este homenaje a Loynaz recorrió varias localidades canarias: Los Llanos y Tijarafe (La Palma), Casa de la Cultura de San Agustín de La Orotava, Castillo de San Felipe del Puerto de la Cruz, Ateneo de La Laguna, Atalaya del Hotel Taoro y el mismo Castillo de la ciudad turística.

Hay que reseñar que el público del Castillo, el viernes 29-N, llenó su centenar y medio de sillas de la planta baja y una veintena más en el altillo, pero con una gran mayoría de turistas europeos. Los jóvenes de la localidad probablemente estarían embobados con la novedad cinéfila de ese día, el psicodélico y algo desquiciado estreno de la segunda entrega de un avispado y antipático personaje llamado Harry Potter; y los "más maduritos", en las cenas de la fiesta "sanandresina", algunos de los cuales, aparte de no haberse enterado del importante hito cultural que fue este homenaje a Loynaz, presumen luego de asistir a conciertos operísticos de difícil digestión, cuando viajan a Madrid y al extranjero.

La musicalidad del recinto del Castillo me recuerda a los salones de música de las grandes casas familiares y de las sociedades culturales nuestras, durante aquellos largos y cálidos veranos de los años cincuenta, cuando Dulce María visitó Tenerife, época de los guateques con bebida de "cup" y sonido de "pick-up" o magnetofón, en los que se oían las notas deliciosas de Lecuona, con su "Siboney", "Para Vigo me voy" o "Siempre en tu corazón"... Como dijo una vez Dulce María Loynaz, "llegado el esplendor de Lecuona, difícil echarlo a un lado".

Gracias, Isidoro Sánchez, por tu presencia primordial en la organización, presentación y equipo coordinador. Y, para terminar, quiero recordarte los refranes a tresbolillo que nos inventábamos para entretener los descansos, en las tardes de espectadores del fútbol regional, en el recinto de Los Cuartos orotavense: "Más vale pájaro en mano" (este homenaje), que... "¡a Dios rogando!" (para que sean frecuentes actos culturales como éste).

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