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BUENOS DÍAS FLORILÁN

El boomerang


14/dic/02 21:15 PM
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SI HAY ALGO que no se parezca a Nueva York es La Laguna. Por eso, lo primero que le pregunté a Pedro, cuando me encontré con él en una calle de la ciudad de los rascacielos, fue eso de "¿qué hace un hombre como tú en un lugar como éste?". Pedro era un lagunero al que conocí de joven, de estudiante, en La Laguna y con el que mantuve siempre una buena amistad. Pero un día emigró, como muchos, a Venezuela, y desde allí se trasladó a Nueva York. La suerte le acompañó, se metió en negocios y le fue muy bien. Cuando yo le encontré en Brooklyn ya tenía sus años. Había creado una familia y sus hijos eran neoyorquinos de nacimiento. Se alegró mucho de verme y comenzó a rememorar sus tiempos mozos en la Ciudad de los Adelantados. El viejo Instituto, la Plaza de la Catedral, el "paseo de las Desesperadas", a la caída de la tarde en la calle de La Carrera; el bar del Casino, en la misma calle, donde Mariano servía aquello magníficos escalopes con ensaladilla alemana de papas; el Camino Largo, con la casa de Don Domingo Cabrera Cruz, con estilo de castillo, y, por supuesto, "Casa Makila", en el callejón que ya es de su nombre, y "Ramón" y "Manuel", en la plaza de la Concepción. A pesar de los años que llevaba viviendo en Nueva York sin volver a la Isla, no había olvidado ni un pormenor de su ciudad natal. Y recordaba todas estas cosas con no disimulada emoción. Me dijo que muchas veces había estado dispuesto a renunciar a todo, a quemar las naves en sentido inverso a como lo hiciera Hernán Cortés, y retornar a La Laguna para quedarse a vivir aquí.
Le dije que cómo podía pensar eso, dejar la mayor metrópoli del mundo para encerrarse en una ciudad pequeña como La Laguna, que podrá ser todo lo actractiva que se quiera, que incluso es Patrimonio de la Humanidad, pero que para un hombre de la edad de él ahora, no puede discutírsele tampoco el título de sede del aburrimiento.

- Yo no niego, me constestó, que yo he triunfado modestamente, dentro de mi nivel, en Nueva York, y que por lo tanto tengo que amar a esta ciudad como yo la amo, pero si tú no has vivido décadas enteras fuera de tu país, no sabes lo que tiran las raíces. Uno, al fin y al cabo, es como un boomerang, que se dispara, va hacia allá, y vuelve al punto de partida.

- Pero, ¿qué es lo que añoras tú?, insistí. - Muy pocas cosas, me confesó. Yo me acuerdo siempre más que nada de aquellas noches de frío en que yo y algún amigo, con las solapas de los abrigos hacia arriba, nos pasábamos horas enteras, en la madrugada, contándonos nuestras cosas, mientras el viento soplaba en las altas y esbeltas palmeras de la plaza de la Catedral.
BUENOS DÍAS FLORILÁN