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EL POSTIGO ISLEÑO IGNACIO MARTÍN NEGRÍN

El eufemismo


14/dic/02 20:48 PM
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El lenguaje se eufemiza. La corriente de lo políticamente correcto ha ido extendiendo este mal como una mancha de aceite, matando poco a poco las palabras como la polilla a la madera, robándoles su auténtico contenido y vaciándolas de realidad, dando un rodeo en torno a su auténtico y molesto significado, a la carga ideológica que siempre esconde el lenguaje.

El eufemismo uniformiza y acaba con los matices de forma que, por ejemplo, cada vez más se utilizan extraños términos como violencia de género en lugar del tradicional malos tratos o cosas ininteligibles como "implementación de políticas activas de empleo" cuando se anuncian unos simples cursos de formación. Para no herir susceptibilidades ideológicas queda mejor hablar de régimen, pero nunca se debe poner negro sobre blanco la expresión dictadura, pura y dura. Precisamente, son este tipo de "regímenes", desde los más antiguos a los más modernos, lo que se llevan la palma, los expertos en el arte del eufemismo y de la transformación de la realidad, los que elaboran términos que, pasando desapercibidos, se convierten en cotidianos, universalmente aceptados como si tal cosa. Son ellos los que han puesto de moda, de manera siniestra, hablar de lucha contra el terrorismo cuando se refieren a la brutal represión de pueblos, ya sea el palestino, el checheno o el kurdo. Esta enfermedad de no decir las cosas como son, el mal de la hipocresía, es una suerte de neolengua orwelliana, la simplificación y homogeneización de lo que decimos y de lo que somos capaces de razonar, de manera que nuestras palabras sean lo suficientemente ambiguas como para no molestar a nadie, de tal forma que acabemos por no decir nada. Quizá, de manera que acabemos, simplemente, por no pensar.

EL POSTIGO ISLEÑO IGNACIO MARTÍN NEGRÍN