Venezuela
JUAN E. GUTIÉRREZ

El intelecto contra la barbarie


20/dic/02 21:01 PM
Edición impresa

EL PAÍS SIGUE en un paro casi total. Pareciera que no exista Gobierno, sino para la represión, y la resistencia total será hasta el final. Durante el día seguimos viendo las grandiosas marchas de la oposición, enarbolando banderas, tocando cacerolas y una inmensa multitud que día a día se hace más grande y heterogénea. El paro cívico crece y se extiende a todas las regiones del país y el pueblo, sin distingo de clases, festeja como si fuera una fiesta de carnaval. ¿Será que estamos en febrero? Las luces y adornos que embellecían las casas festejando la Navidad se han apagado y ahora se enarbolan las banderas venezolanas con sus cintas negras de luto en homenaje a los muertos de la plaza Altamira. Hay mucha tristeza y mucha furia en las caras del pueblo indefenso que día a día sale a marchar a las calles de toda Venezuela.

Hace días, el pueblo quería elecciones ya, pero ahora sólo grita que se vaya Chávez, en paz, sin rencores, que se vaya para terminar de salir de esta pesadilla, que el Gobierno defiende como una democracia, pero calificada de "democratura". No puede haber democracia cuando se agrede a los medios y a los periodistas, hasta querer convertirlos en cenizas, hasta destrozarlos. Como lo hemos visto en la prensa y en la televisión. De día parece que todo es normal, pero de noche, con nocturnidad y alevosía, los rostros tapados, con botellas de ron y whisky en las manos, estos círculos del terror se concentran y agreden, rompen y pintan fachadas. Es una agresión manejada que no perdona, donde se refleja el odio social que se ha ido sembrando durante casi cuatro años y que, definitivamente, está dando sus frutos, pues quien siembra odios nunca podrá traer la paz.

A la mañana siguiente aparecen las caravanas de los estudiantes de todas las universidades manifestándose favorablemente en defensa de los canales de televisión. Ésta es la Venezuela del futuro, de sus médicos, ingenieros, arquitectos, economistas, profesores, en fin, el semillero del porvenir. Estos jóvenes, junto con los locutores, periodistas, artistas y los vecinos, se arman con sus brochas y sus latas de pintura para borrar de las paredes el desastre de la noche anterior. Éste es el verdadero pueblo venezolano, el que trabaja, el que crea y no el que destruye, esta es la fortaleza de un pueblo sin armas de guerra, sólo con el arma de la razón. El país entero está de pié, en marcha. Como dijo Levi Benshimol, presidente del Colegio de Periodistas, "los medios de comunicación y los periodistas somos objetivos de guerra", pues cuando hagan callar a un medio de comunicación perderemos algo más que la libertad de expresión.

La masacre de Altamira, 3 muertos y 30 heridos, algunos de mucha gravedad, ha sido el crimen, que ha rebosado el vaso. Entre ellos estuvo la niña de padres españoles Keyla García, y en la plaza de Altamira vimos ondear la bandera española, que nos llenó de lágrimas los ojos. Vimos a su padre con mucho dolor, solicitando ayuda, entre otros al gobierno español, y esperamos que se pueda hacer algo.

Junto a estos desastres está la huelga petrolera, que tiene a la industria paralizada a pesar de las negativas del Gobierno a aceptar este paro cívico nacional, defendiendo con tono de autista una realidad inexistente. Alí Rodríguez Araque, ex secretario general de la OPEP y actual presidente de PDVSA, ha endurecido su posición despidiendo a los líderes de esta huelga. Hace un año, Abelardo Raidi (q.e.p.d.), en su columna de los jueves, lo sacó con su uniforme de guerrillero de los turbulentos años 60 y su fusil al hombro. Hoy, José Rodríguez Iturbe, en su columna del Universal, lo recuerda "como el comandante Fausto de las viejas FALN de los 60 del siglo pasado, quien libra su último combate guerrillero, llamando a las turbas chavistas al asalto de las instalaciones petroleras".

Como dijo un comentarista de TV: "Venezuela sí tiene salida: el aeropuerto de Maiquetia". Pero, en el fondo, sabemos que el país se recuperará. Costará años, pues esta lección ha sido muy dura y dramática para el pueblo de Venezuela, quien todavía sigue confiando en el Dr. César Gaviria, y sus buenos oficios de mediador en este terrible y trágico conflicto que vivimos día a día más del 80% del pueblo venezolano.

Ojalá los periodistas canarios se solidaricen con esta tragedia, y no solamente sean los artículos de Reyes Alamo, Julián Hernández y Juan Gutiérrez los que defiendan a este indefenso país, que sólo tiene las armas de la razón.

JUAN E. GUTIÉRREZ