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La poesía popular española pierde a su representante más valioso, JOSÉ HIERRO

Aquejado de una afección respiratoria, el admirado autor de "Alegría" murió ayer en Madrid dejando tras de sí un sobrio legado literario que culmina en "Cuaderno de Nueva York" , con el que logró lo que hasta entonces parecía un imposible: convertir un poemario en "bestseller".

AGENCIAS, Madrid
22/dic/02 20:05 PM
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José Hierro, cima indiscutible de la poesía española, murió ayer a los 80 años. Creador de verbo sobrio, José Hierro ha delineado una sólida trayectoria literaria presidida por la honestidad y la coherencia. El escritor murió en el Hospital Carlos III de Madrid, donde fue ingresado el pasado viernes aquejado de una grave afección respiratoria. Desde hace algunos años sufría frecuentes recaídas a causa de un enfisema pulmonar. Fue uno de los poco poetas que logró traspasar los círculos minoritarios de la lírica.

Poeta de verso luminoso y sencillo, Hierro atesoraba los premios literarios más importantes, desde el Príncipe de Asturias (1981) hasta el Cervantes (1998), pasando por los de la Crítica y de las Letras, conseguidos en dos ocasiones.

Con su ingreso en la Real Academia Española, la poesía entró de lleno en la docta institución, como resaltó Víctor García de la Concha, director de la Real Academia.

La carrera literaria de este santanderino que amaba la música y la pintura tanto como las letras estuvo jalonada por silencios largos, que a la postre fueron muy fructíferos. Como recuerdan sus amigos, Hierro era un hombre íntegro. Podía haberse hecho rico con los cuadros que le intentaban regalar los pintores y que jamás aceptó cuando ejercía de crítico.

Durante un tiempo fue considerado un poeta social, pero Hierro prefería la palabra "testimonial" para definir su poesía. Como él decía, Celaya era un poeta social porque pretendía cambiar la realidad, ambición que él no albergaba. A fin de cuentas, pensaba que lo importante era el resultado: "Dios no es mejor tema literario que un vaso roto".

Su obra está presidida por dos hitos: el premio Adonais que ganó en 1947 por "Alegría" y "Cuaderno de Nueva York" (1998), un libro que resultó decisivo para adjudicarse el Cervantes.

Hierro dividía su poesía entre "reportajes" y "alucinaciones". Mientras los primeros son recreaciones de hechos concretos, los segundos combinan en su universo poético lo real y lo imaginario. Con "Cuaderno de Nueva York" hizo lo inimaginable: hacer de un libro de poesía un "bestseller". "Para mí - admitió - la Humanidad presenta dos grandes misterios: uno es el éxito de Tamara y otro el de mi  Cuaderno ". Enganchado a una botella de oxígeno, en los últimos tiempos apenas salió de su casa.