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El temporal de viento destrozó 100.000 pinos insignes en el Valle de La Orotava

Una masa forestal de unas 500 hectáreas se ha quedado mermada entre un 50 y un 80 por ciento, sobre todo en la zona recreativa de Chanajiga, donde ni un solo árbol ha permanecido intacto. Reparar los daños costará al menos tres millones de euros y varios años de trabajo.

RAÚL SÁNCHEZ, Puerto de la Cruz
22/dic/02 18:32 PM
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El temporal de viento que azotó las Islas el lunes y el martes arrancó y partió 100.000 pinos insignes en los montes del Valle de La Orotava. La masa forestal de unas 500 hectáreas, el equivalente a 678 campos de fútbol, se ha visto reducida entre un 50 y un 80%. El consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife, Wladimiro Rodríguez, declaró a EL DÍA que la reparación de estos daños costará al menos tres millones de euros y varios años de trabajo.

La imagen de la zona recreativa de Chanajiga, en Los Realejos, es desoladora. Prácticamente no ha quedado ni un solo árbol intacto. Los frágiles troncos del pino insigne, una especie introducida en los montes isleños en los años 60 del pasado siglo por su rápido crecimiento, se partieron por la fuerza del viento y destrozaron mesas, fogones, papeleras, contenedores y muros.

Rodríguez calcula que se sacarán unos 40.000 metros cúbicos de madera de este parque, pero ningún beneficio, "ya que en la Isla no existe demanda de este material". Habrá que astillarlo o usarlo como leña.

A su juicio, el desastre producido por el temporal demuestra que es necesario sustituir esta especie de pino por la variedad canaria y los árboles típicos de la laurisilva, "más adaptados al viento y más resistentes al fuego".

A pesar de que los operarios de medio ambiente ya han despejado la pista de Chanajiga, el trabajo pendiente abruma. Por ejemplo, el Cabildo suele reforestar unas 30 hectáreas cada año, con alrededor de 30 mil árboles. Ahora habrá que recuperar una superficie 16 veces mayor, concentrada en Benijos, Mataznos y Chanajiga, en los términos municipales de Los Realejos y La Orotava.

El consejero insular encuentra cierto consuelo en la ventaja que supone el clima del Norte para las tareas de reforestación.

La debilidad del pino insigne y su elevada concentración se aliaron con el viento para abrir una gran herida en el monte del Valle de La Orotava, que tardará muchos años en cicatrizar.