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Las máquinas tragaperras son el juego que más atrapa al ludópata

La Asociación Canaria de Jugadores Rehabilitados destaca que cada vez existen más personas que desean recibir terapia, que la patología se da más en los hombres que en las mujeres, con un 86 y 14 por ciento, respectivamente, y que se juega más entre los 36 y los 45 años.

D. BARBUZANO, S/C de Tenerife
23/ene/03 22:23 PM
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Las máquinas tragaperras, con un 90 por ciento, son el juego que mayor incremento ha experimentado en los últimos meses y que más atrapa a los ludópatas de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, según destacó a EL DÍA el secretario de la Asociación Canaria de Jugadores Rehabilitados (Acajure), Francisco Fernández.

La referida dependencia en el juego va seguida, en orden de importancia, del bingo, Lotería Nacional y cupones de la ONCE, juegos de cartas y casino.

El secretario de la asociación señaló que de las ocho personas que acudían en 2000 a recibir terapia se pasó el pasado año a 65. "Ello - dijo - demuestra que hay un mayor interés por querer dejar el juego".

La estadística apunta otros datos interesantes sobre el perfil social y clínico de los jugadores, como es que el 86 por ciento son hombres y el 14%, mujeres.

Sobresale la edad comprendida entre los 36 y 45 años, con un 33 por ciento, seguida de los tramos 26-35 años (29%); 46-55 años (17%); 16-25 años (15%), y más de 55 años, 6 por ciento.

La terapia

A la hora de acudir a la consulta, el ludópata llama y recurre él solo en un 61%, y el resto se pone primero en contacto telefónico o viene otra persona en su nombre.

Una vez que el jugador recibe la terapia, un 24 por ciento se mantiene sin jugar, una cifra similar experimenta una reducción marcada e igual porcentaje abandona. Un 11 por ciento persiste en el hábito, un 10 por ciento cambia de asociación o domicilio, y un 7 por ciento realiza consultas a través de la página web.

Del estado civil hay que señalar que el 49 por ciento de los ludópatas están casados o viven con pareja, el 37 por ciento está soltero y el 14% restante está divorciado o separado.

A la hora de analizar las profesiones de los jugadores, los datos estadísticos reflejan que los obreros cualificados, con un 33 por ciento, son los que más juegan, seguidos de los técnicos y funcionarios (27%); las profesiones liberales (17%); los estudiantes (13%); las amas de casa (6%); los jubilados (4%); los obreros sin cualificar (2%) y otros y en paro, con un uno por ciento.

El valor de la experiencia

La Asociación Canaria de Jugadores Rehabilitados (Acajure) celebra reuniones todos los martes, a partir de las 19:00 horas, en el recinto ferial, y muy pronto dispondrá de su primera sede en el barrio santacrucero de Añaza.

En Acajure se ha reunido un grupo de ex jugadores recuperados y sus familiares, con el fin de que su experiencia pueda servir a otros que aún se encuentran en la difícil situación de la que ellos pudieron salir.

La asociación cuenta con psicólogos especializados que atienden a nivel individual a los afectados y sus familiares, ya que considera relevante el papel de la familia en la recuperación del jugador.

El secretario de Acajure, Francisco Fernández, "considera la ludopatía como un problema que no sólo afecta al jugador, sino también a su familia, que sufre directamente las dramáticas consecuencias de su dependencia. Creemos, además, que el jugador es víctima de una grave adicción que puede afectar a personas perfectamente integradas y tan honradas como cualquier otro ciudadano".

Fernández añadió que el ludópata no necesita de la crítica de la asociación, sino de su comprensión y ayuda, y que no debe avergonzarse de su adicción, sino aceptar su problema, comunicarlo a su familia y acudir a Acajure, llamando a los teléfonos 687 33 77 66 y 667 56 33 58.

La dependencia

El camino hacia la dependencia, como explicó el secretario de la asociación, pasa por varias fases, la primera de las cuales es la de la ganancia, en la que éxitos relativamente frecuentes, aunque pequeños, animan a la persona a seguir probando suerte, estimulado por la fantasía del éxito fácil y también por fantasías acerca de sus propias cualidades como jugador.

En la fase de pérdida, el jugador intenta irracionalmente recuperar el dinero perdido. "Lógicamente - apuntó Francisco Fernández - se incrementan las pérdidas y con ello las deudas. El jugador vive obsesionado por esta situación mientras se deteriora tanto desde el punto de vista psíquico, físico y económico, como en sus relaciones familiares, sociales y laborales. En esta fase ocurren las confesiones ante la familia, las incumplidas promesas de cambio y las últimas oportunidades".

La última fase es la de la desesperación, en la que el juego se intensifica y la familia se siente impotente. El deterioro aumenta y se incrementa el riesgo de actos delictivos, como desfalcos.