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FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA*

El desarrollo, camino para la paz


2/feb/03 22:56 PM
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ASÍ REZA EL LEMA de Manos Unidas, organización de la Iglesia Católica para luchar contra el hambre en el Tercer Mundo, concluyendo un ciclo de tres eslóganes sobre la paz: "Si quieres la paz, defiende la justicia" (año 2001); "si quieres la paz, rechaza la violencia" (año 2002) y, finalmente, "El desarrollo, camino para la paz" (año 2003).

Todo ello nos habla de la estrechísima relación que hay entre paz y desarrollo, paz y justicia, paz y vida digna para todos los hombres. Tan estrecha es esta relación que otra forma de presentarnos el eslogan es: "El desarrollo y la paz caminan juntos". Como diciéndonos: no tendremos nunca paz, si no alcanzamos un desarrollo mínimamente aceptable y, al mismo tiempo, si no se dan una mínima disposiciones de paz, no será posible el desarrollo.

Mucho es lo que viene versando en la Iglesia, desde hace algunos años, sobre la necesidad de alcanzar la paz. Cerca tenemos, todavía, en nuestra misma diócesis, la marcha de los niños de la Infancia Misionera con el eslogan: "Comparte los dones de la paz". Y más cerca todavía, la Peregrinación Diocesana de Oración por la Paz. Y a uno no deja de llamarle la atención esta confluencia de sensibilidades que sólo el Espíritu Santo puede despertar en la Iglesia y que se descubre una vez más en la Jornada de Manos Unidas del próximo domingo, día 9.

Lamentablemente, una causa siempre activa de las guerras es la terrible diferencia del nivel de vida entre los países ricos y los países pobres. Aunque sean cifras casi manoseadas, impresiona recordar que unos 3.000 millones de personas viven con menos de dos dólares al día; o que más de 1.500 millones de personas no tienen agua potable; o que el 15% de la población mundial consumen el 55% de los recursos de la tierra, mientras que el 40% de la población sólo consume el 11%; o que en el mundo hay once millones de niños que mueren al año por enfermedades fáciles de curar, como la diarrea infantil o enfermedades respiratorias, y que hay 325 millones de niños que no van a la escuela.

Y así podríamos dar cifras y cifras, datos y datos, que nos hablan, en definitiva, de lo que el Papa Juan Pablo II afirmó hace ya algunos años, que "las multitudes humanas que carecen de los bienes y de los servicios ofrecidos por el desarrollo son bastante más numerosas de las que disfrutan de ellos".

Preocuparnos, por tanto, del desarrollo es tanto como favorecer caminos de paz. Descuidar el desarrollo equilibrado y sostenible en todos los grupos humanos y en todos los rincones de la tierra es tanto como favorecer situaciones que conducen a la guerra.

Se entiende, pues, el lema de Manos Unidas y el esfuerzo de Manos Unidas: impulsar el desarrollo de los países más pobres, contribuir al desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres.

Y se entienden aquellas hermosas palabras, proféticas, de Pablo VI: "Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, es grande la tentación de rechazar la violencia tan graves injurias contra la dignidad humana". De ahí su llamada apremiante: "Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad conscientes de que el camino de la paz pasa por el desarrollo". Y de ahí su esperanzada conclusión: "Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ¿quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo?".

Queridos diocesanos: Manos Unidas nos presenta y nos pide este año un esfuerzo por erradicar el hambre en el mundo bajo el eslogan: "El desarrollo, camino para la paz".

Soy consciente de que no será mucho lo que podamos hacer cada uno de nosotros. Pero también lo soy de que, entre todos, no será poco. Y, ciertamente, lo que podamos hacer no sólo se orientará en el sentido de erradicar el hambre en el mundo, sino que tendrá que ver igualmente con favorecer el camino de la paz. Esa paz que tanto nos preocupa. Esa paz que sólo podrá ser duradera cuando sea posible el desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre. ¿No pondremos nuestro pequeño granito en favor del desarrollo y en favor de la paz? Manos Unidas sí nos lo pide a todos. Y yo no dudo de la respuesta generosa de mis diocesanos. Con esta certeza, pide la bendición de Dios para todos vosotros,

* Obispo de Tenerife

FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA*