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380 atmósferas. Demasiada presión

El popular escritor, profesor de submarinismo y director del equipo de rescate subacuático durante la catástrofe de Ribadelago, cuestiona la idea de extraer el fuel del "Prestige".

A. VÁZQUEZ FIGUEROA, Tenerife
9/feb/03 23:22 PM
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La prensa ha publicado en estos días una noticia sorprendente, por no decir en verdad alarmante: "Se estudia la posibilidad de extraer las cincuenta mil toneladas de fuel que continúan en los restos del petrolero como solución final al problema del Prestige".

De igual modo se indica: "El costo será tan alto que se tendrá que constituir un Consorcio Internacional de Empresas, puesto que posiblemente no exista ninguna compañía que tenga capacidad para asumir la operación en solitario".

Al parecer una "Comisión de Expertos" presentará dentro de dos semanas un informe sobre las distintas soluciones analizadas.

A la vista de todo ello, lo primero que conviene destacar es que no existen "expertos" en extraer fuel de un barco hundido a 3.800 metros, puesto que hasta ahora no se ha intentado a más de 100 metros.

Parece ser que es la compañía de salvamento holandesa Smit - la misma que remolcó el navío y permitió que se hundiera en un lugar tan inapropiado - la que ha ofrecido su moderna tecnología de bombeo automático - "Polrec" - aunque advirtiendo, eso sí, que hasta ahora tan sólo ha sido utilizada a 90 metros y que la posibilidad de adaptarla a 2.000 "está aún en fase de diseño".

De ahí a los 3.800 que está hundido el barco ni siquiera se menciona.

La tecnología "Polrec" necesitó 28 días para extraer 3.000 toneladas de estireno a noventa metros de profundidad.

Si algún día, de un muy incierto futuro, estuviera en condiciones de trabajar a profundidades abisales, tardaría año y medio en sacar las 50.000 toneladas del espeso fuel del "Prestige" en un punto del océano en el que predominan los temporales.

Cada vez que el mal tiempo obligara a marcharse al petrolero receptor, éste se vería obligado a dejar colgada de una inmensa boya y expuesta al capricho de las olas y las corrientes una tubería de más de 4.000 metros repleta de fuel y conectada a los depósitos del "Prestige".

Una tubería de polietileno de veinte centímetros de diámetro - que sería el mínimo exigido para que la operación no se prolongase durante seis años - pesaría, incluido el fuel, más de cuarenta mil kilos, por lo que difícilmente resistiría su propio peso, puesto que existe una clara relación entre el peso de un determinado material y su resistencia.

Colocar boyas a diferentes profundidades aliviaría ese peso, pero propiciaría que las corrientes las arrastrasen rompiéndolas con más facilidad.

Por otro lado, nadie puede asegurar que alguna pequeña bolsa de aire no haya podido quedar atrapada en los compartimentos estancos de la nave hundida, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que si una burbuja de ese aire a menor presión llega a introducirse en la frágil tubería de polietileno que sube el fuel, las trescientas ochenta atmósferas que en ese momento existen en el exterior aplastarán la tubería hacia dentro, destrozándola para siempre y lanzando al mar todo su contenido.

Lo difícil y lo fácil

Si dicha tubería fuera de acero de "alta presión", aparte de que tardaría años en construirse, las paredes deberían tener un grosor de más de cincuenta centímetros en su tramo final, lo que le haría pesar miles de toneladas y ningún barco del mundo, y desde luego ninguna boya podría mantenerla.

El riesgo de una gigantesca marea negra tres veces mayor que la sufrida hasta ahora resulta social, económica y políticamente inaceptable.

Por si ello no bastara, la compañía Smit señala: "En el caso de que el fuel se encuentre demasiado denso como para bombearlo, se introducirá algún tipo de sustancia para hacerlo más fluido". ¿Qué "tipo de sustancia" y en qué cantidades?

¿También es algo que aún está por inventar o ya está inventado?

Como los batiscafos capaces de trabajar a tales presiones - Rov - no pueden transportar grandes cargas, es de suponer que sería necesario instalar otra tubería con el fin de inyectar dicha "sustancia" procurando que no descendiera ninguna burbuja de aire para que no ocurriera un nuevo desastre.

De todo lo dicho se deduce que quien se deje seducir por término tales como
Pollution Recovery - "Polrec" - , o Remote Operated Vehicle - Rov - se estará comportando como el lugareño en cuyo huerto aterriza una avioneta y permite que el piloto le convenza de que con ella puede llegar a la Luna.

Una prueba muy cercana la tenemos en que la sofisticada compañía contratada para recuperar el combustible de una gabarra hundida a cincuenta metros en Algeciras cometió el primer día un lamentable error que contaminó las playas vecinas.

Lo queramos o no, nadie sabe, ni sabrá en muchos años, cómo trabajar bajo una presión de 380 kilos por centímetro cuadrado sin miedo a equivocarse, y, por lo tanto, la única forma de evitarlo se basa en utilizar materiales a los que no les afecte dicha presión.

La Ley de la Gravedad

Batiscafos, tuberías, o todo aquello que sea hueco, corre el riesgo de ser aplastado irremisiblemente, y debido a ello lo más inteligente es acudir a elementos sólidos a los que no afectan tales presiones.

Cuando la catástrofe de Chernobilt se llegó a la conclusión de que la única forma de evitar que continuara contaminando era convertirlo en un sarcófago de cemento, y resulta evidente que las radiaciones atómicas de una central nuclear son infinitamente más peligrosas y difíciles de controlar que los escapes de fuel de un petrolero hundido.

Aquel fue un sistema que funcionó, y si algún lejano día presentara grietas preocupantes bastaría con añadirle más cemento.

El "Prestige" está definitivamente muerto. Llamar a médicos o curanderos para que lo salven o salven su carga son ganas de perder el tiempo y de gastar dinero de los contribuyentes.

Lo único que se puede hacer es enterrarlo. Y para conseguirlo tan sólo hacen falta dos cosas a las que nunca afectaría la presión, aunque fuera diez veces mayor: cables de acero y sacos de cemento...

Y la Ley de la Gravedad.

Conectar por medio de un "cable-nodriza" de acero de 8 milímetros de diámetro el casco del "Prestige" con la superficie resulta infinitamente más sencillo y barato que conectar una tubería.

Una vez instalado ese primer "cable nodriza o cable guía", un buen arqueólogo submarino sabe cómo cuadricular un barco hundido sin necesidad de bajar hasta su cubierta.

Conseguido ese primer objetivo, y teniendo en superficie una boya por cada cuadrícula, basta con enviar, sujeto a cada uno de los "cables guías", los sacos de cemento, arena, grava y virutas de hierro que se estimen necesarios para cubrir la nave con una gruesa capa de hormigón.

En el caso de cada una de las dos partes en que se encuentra dividido el "Prestige" se puede determinar un rectángulo de 180 metros de largo por cien de ancho.

Cuarenta días

La altura de la pirámide alcanzará los cuarenta metros en su cúspide.

Ello significa que, descontando la estructura del navío que queda en su interior, se hará necesario cubrir un espacio de aproximadamente 300.000 metros cúbicos, de los cuales la tercera parte serán de "Cemento Hidráulico SR" (resistente a los sulfatos) cuyo precio oscila en torno a los 70 euros la tonelada.

En el momento de ser introducido en el agua, cada saco comenzará a fraguar, pero no concluirá su proceso hasta unos quince minutos más tarde, cuando llegue al fondo y se una a los que están debajo, permitiendo que a través de la tela de arpillera uno y otro formen un cuerpo indisoluble.

Se pueden calcular unos 800.000 sacos para la proa y otros tanto para la popa. Dejándolos caer a un ritmo de un minuto cada uno a lo largo de los más de quinientos "cables-guías", el trabajo estará concluido en unos cuarenta días.

Se podrá interrumpir en caso de mal tiempo ya que, si los cables se dejan holgados, las olas nunca afectan a las boyas.

El coste material total rondará en torno a los 25.000.000 euros, muy lejos de esa cifra astronómica e inasumible por una sola empresa de que se habla en caso de intentar extraer el fuel.

Y lo que resulta más evidente es que la solución de "cimentar por cuadriculado" no ofrece el menor peligro de que ese fuel pueda escapar y garantiza el final del problema al menos por un período de más de cien años.

Si a pesar de todo lo expuesto se continúa optando por la extracción, con los peligros y los gastos que ello conlleva, se deberá sin duda a que se tienen en cuenta factores que van más allá de lo puramente técnico.