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El Tenerife rescata el sentimiento


10/feb/03 10:54 AM
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VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe

Ahora lo difícil es sujetar la euforia. El Tenerife ha hecho demasiadas cosas en muy poco tiempo, ha pasado de meter un gol en cinco partidos a marcar nueve en dos encuentros. Ha sumado seis puntos seguidos, ha metido a 16 mil espectadores en la grada y ha cambiado radicalmente sus objetivos. Demasiado crecimiento para asimilarlo con mesura. Mucho más cuando la gente asiste a un espectáculo tan impresionante como el de la segunda parte de ayer.

Fue un ejercicio de fútbol total. El equipo salió inyectado de agresividad, rascado por su deficiente primera parte y se llevó por delante al Compostela. Tuvo verticalidad, ritmo, desmarque, desborde, chispa, fuerza, llegada, gol y una actitud impecable, tanto que acabó peleando cada pelota hasta el descuento, con el estadio volcado, con las gradas repletas, con un ambiente magnífico de liberación emocional. Tanto han sufrido que tiene derecho a disfrutar en igual proporción. Después de valorar las virtudes colectivas, que son las que realmente dan sustento a un equipo, ya podemos soltarnos en prebendas individuales. Entonces hay que hablar de Bruno Marioni, que besó el santo a los 32 segundos de juego, pero tocó la gloria en una segunda parte memorable. Lo que hizo ayer el argentino es tan glorioso como aquella maravillosa jugada ante el Deportivo. Bruno dio un recital y con 1-1 en el marcador rompió el partido con dos desmarques majestuosos que le dejaron solo ante Tito. En el primero metió un golazo al palo largo y en el segundo le puso el tanto a Jordi. Pero es que Marioni hace daño al rival hasta cuando respira, porque cae atrás, choca, pelea, enreda, desequilibra y le pone nervio al partido. Luego, cuando él se marchó, apareció Paunovic, con su elegante figura, con su clase, con su regate y su selección del juego cerca del área. El yugoslavo marcó otros dos tantos y provocó un penalty que el árbitro no pitó.

Como un equipo

Pero esta pareja, que ya quisieran para sí mucho conjuntos de Primera División, brilla porque por detrás hay un equipo bien puesto, muy enchufado, con agresividad, con anticipación, con recorrido, con talento individual, con sentido colectivo del juego. Ese fue el Tenerife de la segunda parte, en el que ya estaba Sergio de portero para salvar un balón que pudo poner por delante al Compostela, porque a decir verdad, hasta que Marioni rompió el choque, el partido tuvo un ida y vuelta que detecta a las claras que antes del descanso, el Tenerife sufrió bastantes problemas de equilibrio.

Los desajustes blanquiazules nacieron cuando los jugadores aflojaron el ritmo, amparados por el tempranero gol de Marioni. El equipo se abandonó en determinadas tareas que en este sistema de juego son de obligado cumplimiento. Sobre todo en la línea de volantes. El Compostela empezó a salir por las bandas, en especial por la izquierda, sacando contraataques desde el enorme criterio que aporta Fidalgo en el eje del juego. Los gallegos empataron pronto, porque el Tenerife hizo muy mal el balance defensivo y dejó desprotegida a su última línea. El equipo se bloqueó, empezó a conducir mucho la bola, dejó a Martí solo contra el mundo, perdió la distancia entre líneas, en especial entre el mediocampo y la defensa y estuvo contra las cuerdas en ese ida y vuelta en que se convirtió el juego. Maikel y Aguado pudieron marcar, como también Marioni, porque mientras los gallegos jugaban cómodos, agrupados y con mucha intención para el contragolpe, los locales intentaban suplir con empuje su falta de control del encuentro. En la continuación, todo cambió.

La salida fue arrolladora, tremenda, con una ofensiva sin freno, con explosividad, recuperando muy rápido la pelota y saliendo una y otra vez en vertical hasta que empezaron a caer los goles. Con 2-1 en contra Duque cambió su sistema 4-1-4-1 y colocó a un segundo delantero. La salida del campo de Vojvoda, que es un hombre-ancla por delante de la zaga, les rompió el equilibrio y los compostelanos se vinieron abajo para contribuir al festival local. Fue un final de partido trepidante, haciendo gala de una preparación física prodigiosa, ya con Kiko en lugar de Marioni y con Dani en el sitio de Jordi. Esta vez Vázquez, mucho más rodado, acabó sobre el campo.

El Tenerife ha ganado mucho como equipo y eso permite el lucimiento de sus dos grandes estrellas, pero ayer pudo comprobar que para mantener esta maravillosa realidad hay que hacer las cosas con la máxima exigencia.

TRES CUARTOS

La grada, como en los viejos tiempos

Más de 16 mil espectadores en una tarde muy fría y un ambiente de euforia desde que el árbitro ordenó poner la pelota en movimiento, porque el primer gol llegó muy pronto. Sobre todo, el final del partido fue emotivo, porque la gente disfrutó, cantó y saltó como en los tiempos del equipo en la máxima categoría. El ambientazo hace cambiar los planes al club, que ha prolongado el plazo para la venta de abonos para la segunda vuelta.