Cultura y Espectáculos

Alejandro Krawietz: "El 90 por ciento de las bibliotecas tinerfeñas son de los 60"

Medio centenar de bibliotecarios públicos de la Isla han constituido una asociación con los objetivos prioritarios de mejorar su situación laboral y profesional, además de tratar de contribuir a "perfeccionar" estos servicios , según informó el presidente de este colectivo.

RAÚL GORROÑO, S/C de Tenerife
12/feb/03 20:09 PM
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Las malas condiciones laborales que padecen muchos de los bibliotecarios públicos de la Isla y las carencias de infraestructura en la que desarrollan su labor han animado a cerca de medio centenar de estos profesionales a organizarse en torno a una asociación, que fue presentada ayer en la Universidad de La Laguna.

Este colectivo, denominado Asociación de Bibliotecarios Públicos de Tenerife (ABPT), hace tres semanas que se legalizó, según explicó su presidente Alejandro Krawietz, quien espera captar al resto de los compañeros, "algunos de los cuales sufren una situación lamentable, porque tienen contratos basura. Cobran 100 euros al mes", lamentó.

La realidad es que la mayoría de los trabajadores de este sector sufren una situación laboral extraña, casi ninguno es funcionario, excepto en La Laguna y Santa Cruz. El resto trabaja como becario o bajo toda la gama de contratos temporales existentes: de dos horas u hora y media, de seis meses a media jornada y otros anuales a tiempo parcial.

También adelantó que uno de los proyectos ya iniciados por la ABPT es la elaboración de un estudio real de la situación de las bibliotecas públicas en Tenerife. "Queremos contribuir a mejorar la imagen que tienen estos servicios en la Isla. Más ahora que llegan las elecciones y se abren nuevas bibliotecas en los barrios en un cuartucho y con cuatro sillas de playa, incluso algunas se inauguran tres veces", puntualizó.

Radiografía

La radiografía que realizó el presidente de esta asociación sobre este servicio es bastante deprimente. "El 90 por ciento de las bibliotecas públicas de Tenerife son de los años 60. No hay conexiones a internet en muchas de ellas. El Cabildo ha puesto en cada municipio cuatro ordenadores, que es una buena ayuda, pero insuficiente, porque hay algunas que no tienen ordenador, por ejemplo, la de El Palmar, en Buenavista del Norte", apuntó Krawietz.

La casuística que se da en la isla con respecto a la tutoría de las bibliotecas es compleja. Unas son de los ayuntamientos, algunas del Cabildo y otras de CajaCanarias, "que ha cubierto el vacío que había en algunos municipios ante las carencias existentes, como el caso de San Juan de la Rambla o en La Matanza, que no tienen biblioteca pública, sino en convenio con esta entidad".

Desde su punto de vista y el de sus compañeros, "la situación es lamentable. Si tenemos en cuenta que la Federación Internacional de Bibliotecarios y la Unesco aconsejan que una biblioteca pública debe tener una media de dos o tres libros por habitante, se deduce que un municipio de 20.000 vecinos tendría que tener entre 40.000 y 60.000 libros. Y las bibliotecas que conozco en Tenerife tienen una media de 5.000 ejemplares, y algunas, el 40 por ciento, poseen sólo entre mil y dos mil ejemplares".

Con estos datos en la mano se deduce que las carencias son notorias, salvo algunas excepciones, "como la de Guía de Isora, en la que se compran unos 2.500 libros al año. Lo mismo ocurre con los ordenadores, según la Unesco por cada 500 habitantes debería de haber un ordenador, que no se cumple a pesar del esfuerzo del Cabildo".

La visión ofrecida por Krawietz sobre el estado de las bibliotecas públicas en Tenerife refleja una dejadez que viene de muchos años atrás. "Creo que no ha habido una política coherente. Quizás es que los políticos piensan que las bibliotecas no dan votos, aunque hay algunas excepciones honrosas. Una de las soluciones que proponemos es que se establezca un convenio entre las instituciones implicadas para que se cubran estas insuficiencias".

La intención de la ABPT es evitar situaciones como la que se vive en la biblioteca del barrio de El Genovés, en Garachico, donde los libros están mojados porque ha entrado agua en el local.