Vivir

Ayudante de Cupido

Cientos de personas encuentran el amor a través de una agencia de relaciones, lo que no supone que sea menos válido, según Ana Mirta Morales, propietaria de una en Santa Cruz.

IOSUNE NIETO, S/C de Tenerife
14/feb/03 23:41 PM
Edición impresa

No cabe duda de que Cupido es un despistado y se le escapa a más de uno dispuesto a amar y ser amado y no será la primera vez ni la última que yerra con sus flechas, de las que los saeteados se deshacen para divorciarse poco después.

Cuando eso sucede, y la soledad es la única compañía, el trabajo impide hacer más relaciones que las profesionales y el círculo de amistades se los queda la ex pareja, surge el quehacer de las agencias matrimoniales, que intentan remediar la soledad de muchísimas personas - hasta ocho millones de españoles - , según revelan las estadísticas.

Solteros, divorciados y viudos llenan las cientos de fichas de que dispone la Agencia Par, con sede en Santa Cruz. Su propietaria, Ana Mirta Morales, prefiere referirse a "una agencia de relaciones, un club o sitio de encuentro", dando por obsoleto el término exclusivo de "matrimonial".

El denominador común de quienes acuden a solicitar sus servicios "son personas que están muy solas, "bien porque no tienen pareja o porque no están muy relacionados". Y no cree que la timidez sea un factor que se pueda añadir.

El proceso para el inicio de una relación de amistad "o lo que surja" comienza con ese primer contacto con la agencia y continúa con la posibilidad de consultar un fichero de datos con más de 500 ó 600 posibilidades de dar con la persona que busca.

No obstante, lo más lógico es que la agencia haga una criba previa en relación con las características de la persona y reduzca a 30 ó 40 las opciones.

A partir de ahí, lo habitual es acudir a una cita con la persona elegida, que puede ser concertada entre ellos o en una salita de la agencia, aunque si no resulta ser la adecuada habrá otras muchas posibilidades y citas hasta conseguir dar con la que sí lo sea, lo que en dos meses de abonado a la agencia cuesta 45 euros.

En torno al 70 por ciento de los usarios lograrán su objetivo, "y el resto no encuentra pareja o tira la toalla, cuando ha tenido seis o siete o citas en un mes y no lo ha conseguido", explica Ana.

"Yo les digo a los clientes que se lo tomen esto como un club de amigos, con los que vas a poder ir a cenar o al cine, pero que no vayan pensando en encontrar el primer día al hombre o mujer de su vida".

Honesta en su trabajo, les suele comentar que "yo no tengo una varita mágica ni soy un hada madrina, sólo miramos las características y buscamos a una persona acorde con ella". En cualquier caso, alienta, hay ocasiones en que a la primera los dos desconocidos "se encantan, se han casado y van teniendo hijos".

Cuando esto último sucede, hay veces que ha tenido que ocultar su profesión en las bodas para no poner en evidencia a los recién casados, en contra de su creencia de que acudir a una agencia matrimonial "no debe ser la última opción y sí una de las primeras".

Considera que "somos menos peligrosos que internet" y frente a la espontaneidad del encuentro casual opone casos en que "por ese sistema salió fatal y hoy está felizmente enamorado y casado con quien conoció en la agencia".

La propia Ana resulta ser el mejor reclamo de su empresa, porque al frente de ella es como conoció a su actual marido, del que asegura, lo tiene todo.

"Todo" quiere decir inteligencia y belleza física, por si alguien cree que sólo acuden feos o con problemas.

"La gente es estupenda y hay hasta modelos, para quienes ser guapos o muy altos es un obstáculo en sus relaciones". De entre treinta y cuarenta y cinco años y más hombres que mujeres es el perfil del cliente medio. "Ellas buscan estabilidad, un hombre inteligente y con posición, mientras que ellos se dejan llevar por la belleza".