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Ochenta mil veces NO

Las calles de Santa Cruz se aliaron ayer con las del resto de ciudades del mundo con la esperanza de lograr la paralización de los planes bélicos contra Irak.

S. DÍAZ/P. ALEMANY, Tenerife
16/feb/03 14:10 PM
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Si el presidente del Gobierno de España, José María Aznar, se hubiera paseado en la mañana de ayer por las calles de Santa Cruz, probablemente sufriría hoy una seria crisis de autoestima. Su apellido rezaba en innumerables pancartas contrarias a la intervención militar en Irak; sus caricaturas saludaban al apacible sol mañanero; su nombre surgía de alrededor de 80.000 gargantas que desde las 11 de la mañana hasta bien entrada la tarde se manifestaron a favor de la paz y le responsabilizaban del papel jugado hasta ahora por la diplomacia española.

Los Estados Unidos y George Bush, el Reino Unido y Tony Blair, apenas disfrutaron de protagonismo en una jornada histórica para la capital tinerfeña, que registró una de las manifestaciónes más multitudinarias de su historia, acercándose al reciente hito de la protesta por las torres eléctricas en Vilaflor. Las iras de la mayoría se centraron casi exclusivamente en el presidente Aznar y su gobierno.

La plaza de La Paz y sus alrededores comenzaron a llenarse de gente desde las diez y media de la mañana. Cincuenta y cinco minutos después se iniciaba una marcha cuya cabeza llegaba a la plaza de la Candelaria al tiempo que partían los manifestantes más rezagados.

Sin incidentes

Los incidentes se limitaron a unas cuantas frases altisonantes, motivadas principalmente por la cercanía entre los manifestantes anarquistas y el aparato directivo de Coalición Canaria. Además de los nacionalistas, el PSC-PSOE, IUC, Los Verdes o Unión Tinerfeña no perdieron la oportunidad de pasear sus pancartas a sólo tres meses de las elecciones. Los periodistas, especialmente atentos al paso de algún afiliado representativo del PP, se quedaron con las ganas.

La manifestación se completó con un simulacro de bombardeo en la plaza de la Candelaria al que siguieron algunas actuaciones musicales y teatrales.

Las ráfagas de ametralladora y las bombas "disparadas" desde las columnas de sonido dispuestas para la fiesta carnavalera precipitaron en ese momento las lágrimas de más de uno y pusieron el vello de punta a casi todos.

Fuentes de la Policía Local cifraron entonces entre 75 mil y 85 mil el número de manifestantes, aunque en un primer momento hablaron de unos cien mil. Por su parte, los organizadores, la Plataforma por la Paz, elevó la cifra hasta los 90.000.

Varias voces, un mensaje

Por el escenario de la plaza de La Candelaria pasaron miembros de los diferentes colectivos movilizados contra la guerra, cada cual con su propio mensaje, pero todos ellos coincidentes en que no hay motivos para emprender el temido ataque a Irak, y mucho menos para que España lo apoye.

Antes, en la calle, el afamado escritor de "La Sonrisa Etrusca", José Luis Sampedro, que visita la Isla con cierta frecuencia, repetía muy serio a todo el que se acercaba a saludarle las mismas palabras: "Aznar confunde la mayoría absoluta con el poder absoluto, y ya era hora de que la gente saliera a la calle para decirle que se equivoca".