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Las enfermedades terminales afectan al año a unos 25 niños en la provincia

La mayoría de los pacientes en edad pediátrica que requieren cuidados paliativos en centros sanitarios como el HUC sufren cáncer, una patología de la que sobreviven seis de cada diez niños afectados y cuyo tratamiento está directamente asociado al alivio del dolor.

GLADYS PAGÉS, S/C de Tenerife
16/feb/03 23:49 PM
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Unos 25 niños de la provincia de Santa Cruz de Tenerife necesitan cada año cuidados paliativos por el padecimiento de una enfermedad terminal, de los que un promedio de 15 son tratados en el Hospital Universitario de Canarias (HUC).

Aunque se estima que seis de cada diez niños consiguen sobrevivir al cáncer, esta enfermedad es la responsable de la mayoría de las situaciones terminales en la edad pediátrica lo que, al margen de cualquier balance estadístico, encubre fuertes dosis de dolor.

El sufrimiento asociado a una enfermedad crónica durante la infancia es sólo la punta del iceberg de una realidad subestimada por los adultos, de la que, por suerte, son cada día más conscientes los pediatras, como reflejan recientes estudios sobre el tema. Ideas extendidas como "los niños lo aguantan todo" y "llorando se les quita" evidencian el gran desconocimiento del sufrimiento en etapas de la vida como la lactancia, cuando el ser humano es incapaz de articular una palabra en forma de lamento.

Así lo afirmó a EL DÍA el jefe del Departamento de Pediatría del HUC, Eduardo Domenech, quien declaró que "siempre se ha pensado que los niños soportaban mejor el dolor que los adultos, de ahí que se considerara innecesario darles medicamentos para aliviar ese estado".

Sin embargo, en los últimos años estas ideas han dado un giro radical, tras la publicación de muchos trabajos científicos que demuestran que "los niños sienten el dolor, como mínimo, igual que los adultos, con la salvedad de que tienen menos capacidad para expresarlo", aseveró Eduardo Domenech.

El alivio o anulación del sufrimiento se ha conseguido con la administración de fármacos de acuerdo a un protocolo que va de menos a más cantidad, en función de los procedimientos a los que deban someterse estos pacientes, entre los que el especialista del HUC citó una intervención quirúrgicas o una punción lumbar.

Pero si el dolor ha estado subestimado en los niños, en los recién nacidos se ha considerado incluso inexistente durante muchos año, una falsa creencia sustentada en el caso en los bebés prematuros por la ausencia de llanto. Según explicó Domenech, en estos pacientes la intensidad del dolor se valora con otras reacciones, como el empeoramiento de la función respiratoria o la manifestación de taquicardias.

Igual que los adultos

"Obviamente, los recién nacidos tienen las mismas reacciones que los adultos, con la excepción que no lloran", matizó Domenech, que apuntó que determinadas muecas o expresiones sirven para detectar situaciones de ansiedad o aflicción.

El especialista, que reconoce que el dolor en la infancia es una importante fuente de angustia para los padres, aconseja explicar siempre a los niños en qué consisten los procedimientos a los que se van a someter, ya sea la administración de una vacuna, una extracción de sangre o una intervención quirúrgica, "pues la ansiedad es mayor cuando desconocen qué les va pasar". "Hay que prepararles de una forma clara y sencilla, adecuada a su edad, porque está demostrado que luego las complicaciones y problemas son mucho menores", señaló.

Los pediatras de la Unidad de Oncología del "Universitario", José Rodríguez Luis y Ricardo López Almaraz, sostienen que "el dolor no conoce edades" y que cada persona tiene su propio "dintel" o punto a partir del cual comienza a considerar insoportable el sufrimiento.

Rodríguez Luis explicó que la práctica médica ante este tipo de situaciones consiste en "evitar que no se supere ese dintel, con la administración de medicamentos en fases previas que permiten colocarlo a un nivel más alto y, además, que el niño tenga menos miedo a los procedimientos".