Tenerife Sur
DESDE EL AREÓPAGO BRAULIO JIMÉNEZ DE PAZ

Contravención


26/feb/03 19:30 PM
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DECIR LO QUE SE HACE y hacer lo que se dice siempre es equívoco. En el primer caso es lo que se pretende, en el segundo, es lo que se consigue. De ese galimatías para las entendederas nació el aforismo "Del dicho al hecho va un trecho", y éste puede ser insondable e incluso interminable, como es el caso del vertedero de Arico. Eladio Morales, alcalde de Arico, está convencido de que todas las "partes implicadas" lograrán un documento final consensuado que resuelva la situación. ¿Qué partes implicadas? No metamos a todas las partes en un mismo saco. Aquí la única parte implicada es el Cabildo de Tenerife, que es en realidad quien maneja el vertedero. Las otras partes, Gobierno de Canarias, grupos ecologistas, Universidad de La Laguna y vecinos, desgraciadamente, están a verlas venir. Hasta que el Cabildo no levante el oscurantismo que se ha cernido sobre el vertedero, ninguna de esas supuestas partes implicadas sabrá con certeza lo que hay dentro del recinto del vertedero.

Después de dieciocho años de enterrar basura en un agujero, el Cabildo no nos puede ofrecer sino buenas intenciones en los diferentes planes escritos que han confeccionado, porque el vertedero en lo único que ha cambiado en todos estos años, es en la cada vez mayor cantidad de basura enterrada, la intensificación de los nauseabundos olores y la proliferación incontrolada de roedores. Hay una fórmula para que de una vez por todas se solucione la cuestión del vertedero: que el Cabildo de Tenerife admita una comisión técnica de evaluación para que tengamos una visión clara de lo que se ha hecho en todos estos años. Que se evalúe por parte de esa comisión si las obras de captación de gas funcionan o, si por el contrario, esas chimeneas metálicas reciben gas o están de adorno, si la estación de cogeneración da el rendimiento esperado o, si por el contrario, no sirve para nada, que la planta de tratamiento de lixiviados trate efectivamente esos peligrosos residuos convirtiéndolos en productos inocuos o, si por el contrario, sólo sirve para concentrarlos y dejarlos, como bombas de relojería, en recipientes herméticos en manos de un gestor. Después de evaluados estos importantes apartados, podríamos tener una visión clara de lo que es el vertedero actualmente y en qué quieren convertirlo. Todo lo demás, a mi entender, es pura fantasía demagógica.

DESDE EL AREÓPAGO BRAULIO JIMÉNEZ DE PAZ