Carnaval

La conquista blanca

El polvo de talco volvió a ser el ingrediente principal de la fiesta señera de La Palma. Miles de vecinos y visitantes recrearon el retorno de los Indianos, los nuevos ricos llegados de Cuba.

EL DÍA, Santa Cruz de Tenerife
4/mar/03 0:43 AM
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Las calles de la capital palmera acogieron ayer el acto con mayor tradición en el Carnaval de la Isla Bonita y uno de los referentes históricos en esta manifestación dedicada a la máscara: la Fiesta de los Indianos.

Ya por la mañana, antes de las 10:00 horas, numerosas personas aguardaban en la plaza de España la llegada de los Indianos, que este año pasearon por la antigua avenida de Bajamar, dedicada ahora en su honor. Para amenizar la espera, nada mejor que un recital de piano, a cargo de Eric Antón, en el que hizo un repaso por la música tradicional cubana con "Pimienta y jaí" - que participó ayer por primera vez en el Carnaval palmero - para ir ambientando los prolegómenos, y que además sirvió para rendir homenaje a los fundadores de los Indianos. La espera terminó al ritmo de "Qué bella es mi Cuba" con el "Cuarto Son" y el recibimiento oficial de "La negra Tomasa".

Tras la recepción tributada a los dignatario consulares en la plaza de España y el atrio del ayuntamiento, el espectáculo se adueñó de la calle. Después de que se repartieran polvos de talco en la terraza de la Casa del Mar - ingrediente fundamental de esta manifestación - , comenzó el desfile por la avenida de los Indianos hasta concluir en la plaza de San Francisco, donde se celebró la verbena del "Desembarco" con la orquesta palmera Tropical. En los años 60, el ayuntamiento instituyó con carácter oficial la Fiesta de los Indianos, que se celebra todos los lunes de Carnaval, en la que el colorido característico de otras manifestaciones entregadas a la máscara se convierte en blanco en Santa Cruz de La Palma.
Referentes La ciudad se torna en una ciudad donde no falta la alegría, el jolgorio, los sones cubanos y muchísimo polvos de talco. Para conmemorar esta fiesta, el pueblo palmero se transforma en el indiano que vuelve a su lugar de origen convertido en nuevo rico y se dispone a cubrir con polvos de talco a todo aquel que se cruza por su camino. Para la celebración de esta fiesta todos se visten de rigurosa etiqueta: el hombre, pantalón e impecable guayabera blanca o bien traje de lino, sombrero de paja, cadenas y anillo de oro y hasta un instrumento musical tradicional. La mujer, faldas blancas de volantes y blusas de gasa o seda con encajes. Además, complementos de flores en la cabeza o pamelas, pulseras y collares. A los más exquisitos de esta recreación no le faltaron grandes baúles, maletas y... ¡hasta alguna jaula!

El único condicionante que divide a los participantes en esta fiesta se produce a la hora de opinar acerca de la actuación de la "moderna" batucada, que ciertamente tiene poco que ver con la música cubana y la tradición del indiano.