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El principio del fin


COLPISA, Bagdad
22/mar/03 14:11 PM
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El tercer ataque en menos de dos días fue el principio del fin: la ciudad quedó envuelta en un resplandor de fuego sólo roto por densas torres de humo. La amenaza americana de soltar sobre la capital miles de misiles de golpe se hizo realidad ayer tras una hora de tanteo previo y ataques de fogueo. A la tercera va la vencida y el régimen de Bagdad puede considerarse herido de muerte. El objetivo de esta fase es sorprender y aterrorizar a los líderes iraquíes con la esperanza de que se rindan.

A las 20:05 hora local, tres horas menos en Canarias, sonó la alerta. Las trazadoras de las baterías antiaéreas acometieron el cierre a compás de buena parte del perímetro de la ciudad, pero la irrupción masiva de la aviación enemiga convirtió la defensa en un mero intento. A diferencia de los ataques anteriores, éste revistió la apariencia de operación de castigo.

El Palacio de la República, principal residencia de Sadam Husein, fue bombardeado y en su perímetro, situado a orillas del río Tigris, se apreciaron enormes bolas de fuego y espesas columnas de humo.

Los proyectiles, lanzados por B-52 estadounidenses, atacaron fundamentalmente los alrededores del Arco del Río Tigris, en el centro de la capital. Tras los bombardeos, la ciudad quedó envuelta en llamas y humo.

Al sur de Bagdad, junto al Tigris, donde se levantan los hoteles de los periodistas, la aviación se empleó con saña. Uno de los objetivos más buscados pudo ser el Ministerio del Ejército y los puestos de las baterías antiaéreas.

El Mando Aéreo, situado en la confluencia de la calle Saadun con el Teatro Nacional, al sureste, fue alcanzado de pleno, y rodeado más tarde por un cordón de ambulancias. Otro foco de especial crudeza se localizó al norte, en una vasta extensión de terreno donde se concentran numerosos acuartelamientos.

La onda expansiva era capaz de desplazar un par de metros en volandas a una persona de peso normal situada a unos cuantos kilómetros del epicentro del ataque. A esa distancia, la estructura de los edificios temblaba.

Una ilusión vana: media hora de calma sólo hizo presagiar una peor tormenta, más masiva, más violenta, hasta la escabechina.