Santa Cruz de Tenerife
FELIPE HODGSON RAVINA ARTISTA Y AUTOR DE LA ESCULTURA DONADA A LA CIUDAD

"Lo que más me impresionó del 31 - M fue el silencio del dolor"


JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife
2/abr/03 2:44 AM
Edición impresa
JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife

Felipe Hodgson Ravina es un artista tinerfeño que nunca olvidará el 31 de marzo de 2002. Ese día, el temporal se llevó por delante años de trabajo y esfuerzo al destruir su estudio, ubicado en el edificio Barlovento. Sólo se salvó una escultura, "Persona que mira al horizonte", que ha donado a Santa Cruz como símbolo de la solidaridad de sus ciudadanos durante la trágica riada. Ha pasado un año, pero todavía se emociona al recordar aquellos duros momentos.

-¿Dónde estaba usted el 31 de marzo de 2002?

-En casa, trabajando. Yo pintaba y mi hija dibujaba unos planos.

-¿Fue consciente desde el primer momento de la magnitud del temporal?

-Oí un ruido muy grande, que se me ha quedado grabado, y vi el gran caudal del barranco, con las piedras rodando hacia abajo. Le dije a mi hija que saliera rápidamente a la calle, donde ya había gente. Eran sobre las cuatro y media de la tarde. Llegaron luego dos policías y les comenté que era arquitecto y que había que desalojar el edificio porque notaba que la estructura estaba deteriorada. Con unos altavoces empezaron a llamar a los vecinos. Fuimos puerta por puerta, totalmente empapados, subiendo los doce pisos del edificio. No había mucha gente porque era un domingo y de vacaciones. Más tarde vinieron más policías y acordonaron la zona.

-¿Qué impresión tuvo?

-El temor de que se cayera el edificio y casi llegar a sentir lo que los bomberos después de los atentados del 11 - S, cuando subían por las torres gemelas. Algo parecido.

-¿Dónde pasó esa noche?

-En otra casa que tengo cerca de la vivienda afectada.

-Allí tenía su estudio.

-Sí, en un trastero, y lo perdí todo. La fuerza del agua era increíble, tanta, que la puerta de seguridad apareció en el fondo de la habitación, movió muebles a su antojo e hizo girar 360 grados un coche viejo que tenía allí. Mi vida pictórica quedó destrozada y la otra la salvé porque no bajé a buscar los cuadros.

-¿Qué perdió allí?

-En total unas cien obras, pero, sobre todo, la herencia de mi padre: sus marinas. Además, grabados, planchas, etcétera. Seis días después, se lo llevaron todo para tirar.

-¿Qué recuerda del momento en el que volvió a entrar en el trastero?

-El olor. El Ejército desalojó los restos y me explicaron que hay dos clases de lodos: sin oxígeno, que huele a huevo podrido, y con oxígeno, como el olor de un perro cuando lleva muchos días sin bañarse. En ese fango había vida: gusanillos, ratas muertas... La experiencia de entrar con lodo hasta las rodillas fue muy intensa. Me emocioné al ver la destrucción.

-¿Cómo surgió la idea de donar la escultura?

-Quería compensar de alguna manera tanta solidaridad anónima. Me ayudaron a sacar del fango una moto, a limpiar o a recuperar cuadros que aparecieron flotando, y todo de forma desinteresada. La idea tomó más fuerza esa larga noche al contemplar cómo la gente marchaba en uno u otro sentido de la avenida de Anaga en el más absoluto silencio, con la cabeza baja, sin un gesto, colaborando con los demás y en un orden impecable. Esa procesión del dolor en silencio me impactó. Fue lo que más me impresionó y me siento orgulloso de los vecinos de esta ciudad.

FELIPE HODGSON RAVINA ARTISTA Y AUTOR DE LA ESCULTURA DONADA A LA CIUDAD