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Estados Unidos toma Bagdad y el régimen de Sadam se desmorona


EFE, Bagdad
10/abr/03 14:11 PM
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Las columnas de blindados estadounidenses que penetraron ayer en el centro de Bagdad simbolizan la caída del régimen de Sadam Husein y la apertura de un nuevo capítulo en Irak y Oriente Medio, la región más estratégica del planeta. Veinte días de guerra y decenas de miles de víctimas civiles y militares hicieron falta para derrocar al gobernante iraquí, cuyo paradero se desconoce, y primer estadista en la era de la globalización que Washington derroca sin que haya mediado una agresión previa.

Miles de habitantes con banderas blancas vitorearon a las fuerzas de la Primera División de Marines, que iniciaron su avance desde el sureste hacia el mediodía y que cuatro hora después ocupaban el corazón de la ciudad. Algunos hacían el signo de la victoria, daban vivas al presidente de EE UU y elevaban el pulgar ante el paso del convoy, cuya marcha no encontró oposición tras tres días de enconados combates.

Muchas mujeres y niños salieron a los balcones o se subieron a los tejados escrutados por los soldados con las miras telescópicas de sus fusiles de asalto.

La desconfianza con la que los marines acogieron las primeras muestras de júbilo de la población fue sustituida poco a poco por el agrado, y la mayoría acabó con una sonrisa y devolviendo los saludos.

Las horas previas a la llegada de las tropas norteamericanas estuvieron dominadas por el caos, después de que la falta de autoridad debido a la huida de las fuerzas de defensa convirtiera a Bagdad en una ciudad sin ley.

Grupos de saqueadores asaltaron los edificios y almacenes, de donde sacaron a hombros alfombras, televisores, lámparas, frigoríficos, mesas, sillas y hasta botellas de aceite.

Los últimos milicianos que habían permanecido en las barricadas montaron puestos de control callejeros para desvalijar por igual a los automovilistas y a los transeúntes.

Después, y ya con los soldados estadounidenses como testigos, se produjo la quema de retratos y el derribo de la estatua del líder iraquí, que ocupaba el epicentro de la plaza Al Fardus. De bronce macizo y de más de diez metros de altura, la escultura resistió algunas embestidas antes de que un blindado norteamericano la echara por tierra.

EEUU inició la guerra el 20 de marzo tras acusar al régimen de Bagdad de ocultar armas de destrucción masiva y suponer una amenaza para la seguridad mundial.