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ENRIQUE GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ CARDIÓLOGO, ESCRITOR Y PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA

"El médico se ha convertido en un funcionario"

El cardiólogo y escritor tinerfeño Enrique González y González está a punto de publicar otros tres nuevos libros, que sumará a los trece que componen su bibliografía. Sin pausa, sin prisas y sin tapujos analiza en esta entrevista la evolución de la profesión médica, mientras revela las bondades del ridículo para curar la vanidad. "Cuando te ridiculizas te colocas en la verdadera dimensión humana", confiesa.
GLADYS PAGÉS, S/C. de Tfe.
18/may/03 7:15 AM
Edición impresa

"Pensar sin comunicar es trabajo inútil. Saber comunicar es empresa difícil; no es fácil escribir lo justo y hacerlo bello y comprensible. Cada uno escribe como respira". Este párrafo está extraído del prólogo de "El marqués de Entreambaspiernas", uno de los tres libros que el médico y escritor tinerfeño Enrique González y González publicará en los próximos meses y que engrosarán su ya extensa bibliografía, compuesta de otras trece obras.

"Los médicos de ayer", "Medicina y literatura" y "El marqués..." son los títulos escogidos por el autor para sus nuevas creaciones, aunque el intelecto de este lagunero no para de vomitar prosa y más prosa, como la serie de anécdotas sobre "los médicos de hace unos años", tal y como él la define, que cada semana se publica en las páginas de este periódico.

?¿Cuántas semanas lleva publicando este anecdotario?

?Voy por la número 63, pero estoy ya casi en las últimas. Sólo me faltan unas cuantas que tengo apuntadas por ahí.

?¿Debe tener una memoria prodigiosa para plasmar sobre el papel tantas anécdotas?

?Debo tener buena memoria porque cuando tenía siete años ya me sabía la alineación del Baracaldo. Yo y mi primer amigo, Carlos Pérez Llombet, jugábamos a ver quién sabía más alineaciones. La memoria es ejercitarla. Luego, en el Bachillerato, con mi gran amigo Manuel Muñoz Moutón, que murió en septiembre pasado, jugábamos a ver quién se sabía más nombres en latín de los bichitos del libro de ciencias naturales de Salustio Alvarado, y de las plantas, con lo que creo ejercitaba mi memoria lo suficiente.

?¿Tiene predilección por alguna de las anécdotas que publica semanalmente en EL DÍA ?

?Lo más interesante de las anécdotas, que recopilaré en el libro "Los médicos de ayer", radica en la diferencia que existe entre la medicina de antes y la de ahora, o lo que es lo mismo, la evolución del médico en el tiempo. De aquel médico que tenía que ir a domicilio, que llevaba un maletín con medicinas, al de ahora, que está en un despacho o en un hospital.

?¿Es usted el protagonista de todas las anécdotas?

?La mayoría son mías, sí, pero nunca intento aparecer como protagonista, y si se vislumbra que soy yo intento dejarme en ridículo. Creo que yo he pasado de la risa al disparate. Tengo otro libro que estoy corrigiendo en estos momentos, titulado "El marqués de Entreambaspiernas", que no es otra cosa que un tratado del ridículo. El marqués es un personaje que va perdiendo facultades e intenta por todos los medios aferrarse a lo que el viento se llevó. Considero que la mejor terapia es el ridículo. Si tu mismo te ridiculizas no serás ridiculizado. Cuando te ridiculizas te colocas en la verdadera dimensión humana. El ridículo es un arma que sirve para mancillar lo superior y poner las cosas en su sitio. No hay que olvidar que el rey más rey de todos los reinos se sienta en el mismo trasero que el pobre más pobre de todos los pobres, así todos nos medimos por el mismo rasero. Bueno, eso no hace falta que lo ponga.

?¿Y por qué no?, tiene toda la razón.

?Mire usted, una de las grandes enfermedades de esta época es la vanidad, y la mejor terapia para la vanidad es el ridículo.

?Como médico, con el paso del tiempo ¿a qué reflexiones ha llegado?

?Pues, me he dado cuenta que tanto los enfermos como yo necesitamos algo más que medicina. De la misma forma que usted ha venido aquí estresada (llegué a toda prisa a su consulta en la calle San Agustín, en La Laguna, con casi media hora de retraso) y ahora se siente algo más relajada, yo pretendo hacer lo mismo con "El marqués..." y "Los médicos de ayer".

?¿Prefiere usted a los médicos de antes?

?Si volviera a nacer posiblemente estudiaría medicina otra vez, pero convencido de que el médico de hoy tiene otras perspectivas. Montar un consultorio privado con todo el aparataje no compensa. Es preferible trabajar en un hospital para la Seguridad Social, porque aunque sea más limitado económicamente deja tiempo para estudiar. El médico de antes tenía tanto trabajo que apenas podía hacerlo. Estudiar es como montarse en bicicleta, si no le das a los pedales no avanzas. No se pueden ignorar los avances por el bien de los enfermos. Yo tuve el privilegio de haber sido médico en el año 1951 y de vivir la época de mayor progreso de la medicina, en la que se desarrollaron los antibióticos y una serie de técnicas diagnósticas, también se desarrollaron los hospitales, la cirugía, la anestesia. He sido testigo de todos esos avances y también lo he sido de la evolución social de la medicina.

Ser y estar

?¿Qué valoración hace de esa evolución en nuestro medio?

?La medicina era antes casi como una limosna que se le daba a los pobres que enfermaban. La de ahora la paga el usuario, una palabra con la que se denomina al enfermo que no me gusta. Esta actividad mía extramédica está dirigida a los enfermos, porque entiendo que hay dos tipos de enfermar. El estar enfermo, una circunstancia limitada en el tiempo, y sentirse enfermo, que es algo que te impregna el organismo sin que se tenga una enfermedad determinada. Para esos, los que son enfermos sin estarlo, es quizás para los que más interés tienen los conocimientos, en apariencia, más alejados de la medicina. Es tanta la importancia que tiene la literatura para estas personas, que yo me he preocupado de recoger mucho de lo que se ha escrito al respecto en las grandes obras de la literatura y que recojo en mi libro, que se está editando ahora, "Medicina y literatura".

?Con estos tres nuevos libros, ¿cuántos lleva escritos?

?Trece publicados y los tres que están a punto de aparecer. Todos tienen la misma línea, siempre he buscado una justificación al sufrimiento, una manera de escapar del sufrimiento.

"Más perfecto que la humillación es el ridículo. El ridículo es la humillación llevada al extremo cómico. La creatividad tiene sus raíces en el sufrimiento...". Enrique González se enfrascó en la lectura de otro breve fragmento de "El marqués...", que enhebró fácilmente con su disertación sobre la medicina y la literatura, aguas en las que se mueve como un experimentado pez. ?Bueno, la voy a volver loca?, me espetó para retomar de nuevo la conservación.

?¿Se impone usted una dinámica muy fuerte de trabajo? ¿Cómo es posible sacar tres libros al mismo tiempo?

?Me han ocupado años. El libro "Medicina y literatura" lleva desde el año 1982 haciéndose.

?Ya entiendo, son proyectos a largo plazo, como la construcción y reforma de los hospitales.

?Mire usted, yo tengo que agradecerle a EL DÍA el escribir todas las semanas dos folios y medio que, durante 21 años, ¿cuántos suman?

?Pues, la verdad es que así de pronto, se me ocurre decirle que soy de letras.

?Parece que no es tanto, pero escribir todas las semanas durante tantos años dos folios y medio conlleva una disciplina. Me fui creando esta obligación que me ha permitido rellenar el tiempo vacío. Antes trabajaba muchas horas y ahora menos, lo que relleno con esto. Si me jubilo algún día de la consulta, pues tendré el tiempo ocupado en estas cosas, que realizaré de una manera suave, sin brusquedades. También es cierto que realizo otras actividades.

Intermediarios

?Entre ellas figura la de presidir la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife. Pero antes me gustaría que analizara usted un poco más a los médicos de ahora.

?De la misma manera que el enfermo se ha convertido en usuario, el médico se ha convertido en un funcionario. Evidentemente, por tener una mayor preparación alcanzará mejores puestos en la jerarquía de los servicios de salud. Pero ese médico, que está mejor preparado que los de antes, está más lejos de las personas. Hoy hay una serie de intermediarios entre el médico y el enfermo que impide que haya una relación de persona a persona, como la que existía antes. Con el paso del tiempo se ha perdido la generosidad y el agradecimiento. La generosidad del médico, que siempre cobraba por debajo del valor de su trabajo, posiblemente porque a lo mejor no conocía a fondo la enfermedad del paciente. El enfermo también se sentía agradecido, aunque todos los agradecimientos tienen caducidad. Se establecía una relación muy afectuosa entre ambos, que hacía que el médico fuera una persona importante en el pueblo, cosa que no sucede hoy en día, porque ha pasado a formar parte de un equipo. Antes el médico era un don, mientras que ahora su nombre puede que no llegue a ser conocido siquiera por el enfermo, que va a un hospital, a que le vean en el servicio tal.

?El problema parte de la Atención Primaria, donde la masificación impide estrechar relaciones. ¿Opina lo mismo?

?El problema de las consultas de Primaria es que, en muchas ocasiones, provoca una frustración grave en los médicos. Eso está descrito en "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera, y se llama el síndrome de Tomás. Un médico acaba brillantemente la carrera y se da cuenta que se ha convertido en un dispesador de medicinas. Termina limpiando cristales porque así se sentía más realizado.

?Pero la sanidad ha mejorado sustancialmente, eso es innegable.

?Para los enfermos la asistencia ha mejorado mucho en dos aspectos. Fundamentalmente porque no hay limitaciones económicas y porque los avances permiten curar una serie de enfermedades que antes no se curaban. Si en el año 51 me hubieran hablado de los trasplantes renales, de la diálisis renal, de los trasplantes pancreáticos, de las operaciones que se realizan en la actualidad del corazón... Soy testigo del medio siglo de mayor avance de la medicina.

?Entonces, el debate abierto sobre la investigación de las células madre es cuestión de tiempo.

?Se abre una gran perspectiva y, evidentemente, hay quien la rechaza por problemas éticos. Lo que para la gente hace veinte años era algo terrible, hoy no lo es, como el aborto. Si con las células madre se consiguen avances, se verá como lo más normal del mundo. La transfusión no fue aceptada ni lo es por algunos grupos. La eutanasia tiene, por ejemplo, un grave problema. No pueden hablar de ese tema personas que están sanas, es un problema tan personal e individualizado que, únicamente, lo podrá resolver esa persona. No es lo mismo hablar desde lo alto del pozo que desde el fondo del pozo. Aquello de no te preocupes, la muerte, paliativos... Esa muerte en paliativos te quita los dolores pero no el sufrimiento. El sufrimiento es sentir que tu vida tiene limitaciones, que no vas a poder hacer nada. Eso no es vida. No sabemos si las últimas sensaciones son buenas o malas. Si nuestro cuerpo ha vivido una serie de sensaciones mientras ha estado sano, cómo serán las que sentirá en el último momento. Eso está bien descrito en "Las memorias de Adriano", de Margarite Yourcenar. Hay otro caso de un periodista que permaneció seis meses sufriendo y alguien le preguntó si había valido la pena. Contestó que sí, porque en esos seis meses había leído "Ricardo III" de Shakespeare.

Labor de académicos

?¿Desde qué año es usted presidente de la institución?

?Pues llevo más de diez años, pero antes fui secretario durante otros muchos. En 1951, cuando terminé la carrera, empecé a acudir a las reuniones de la Real de Medicina, cuando tenía su sede en la calle San Francisco y le prestaba el local al Colegio de Médicos. Allí se comunicaba todo lo que se estudiaba, lo que se hacía, lo que aparecía en las revistas. Entonces Canarias estaba bastante separada del resto del mundo y las reuniones de la academia eran tan importantes que el tranvía del martes retrasaba su salida para que pudieran regresar los médicos que acudían a la sesión. A la academia se han llevado siempre cosas novedosas. Para ser académico se piden, al menos, diez años en el ejercicio de la profesión, haber reunidos méritos suficientes y demostrado interés. El médico que decide ser académico presenta sus méritos y cuando se produce una vacante, que se publica en el Boletín Oficial de Canarias, tiene un año para hacer su discurso de ingreso, que le contesta otro académico. Cuando yo ingresé me quedé asombrado de la preparación de los médicos de aquí, como Tomás Cebriá, Manuel Parejo, José García Estrada, Francisco Trujillo. Siempre he sido fiel a la academia. Nunca he faltado a una sesión, bueno, una vez no acudí por una gripe.

?Hoy la Real de Medicina celebra sus sesiones en el Colegio de Médicos.

?Estamos pendientes, y tenemos la promesa del Ayuntamiento de Santa Cruz, de tener parte del instituto que está en la plaza Ireneo González, donde se prevén instalar las academias de Bellas Artes, Ciencias y Medicina. Estamos viviendo de prestado y nos han dicho que está muy próxima la realización de este proyecto.

?¿Cuáles son las funciones de la academia en la actualidad?

?Antes se llevaba de todo, como el número de apendicitis que se operaban. Ahora, se ha situado en un nivel de conocimientos más humano. Aborda temas en los que hay una relación entre las ciencias.

?Sigue teniendo la Real de Medicina el mismo poder de convocatoria que antes.

?Ha disminuido porque la mayoría de las personas están cansadas de trabajar y les resulta un poco molesto ir. Pero suele ir bastante gente y tiene una peculiaridad que gusta mucho, empieza siempre a las siete y media.

ENRIQUE GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ CARDIÓLOGO, ESCRITOR Y PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA