Sucesos

Multan e inhabilitan 5 años a un profesor por abusos sexuales a 3 niñas

Los hechos ocurrieron en el curso escolar 1999/2000 en Santa Cruz de Tenerife, cuando el docente se prestó a dar clases de apoyo a las menores. Cuando estaba a solas con ellas las tocaba, abrazaba y llegaba a besarlas. Ponía su mesa al fondo del aula para que no lo viera el resto de alumnos.
EL DÍA, S/C de Tenerife
24/may/03 10:09 AM
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El Juzgado de lo Penal número Cinco de Santa Cruz de Tenerife ha condenado al pago de una multa de 432 euros inhabilitación para ejercer su profesión de maestro durante cinco años a Ricardo O.V.F., al ser considerado autor de tres delitos de abuso sexual de carácter continuado a tres menores de edad, a las que impartía clases de recuperación.

Asimismo, deberá indemnizar a una de ellas en 3.000 euros por las secuelas, ya que las otras dos niñas renunciaron a cualquier resarcimiento económico.

Según la sentencia, el acusado prestó sus servicios como maestro de quinto curso de Primaria durante el curso escolar 1999/2000, donde impartía clases a un grupo de alumnos y alumnas de edades comprendidas entre los 10 y los 11 años.

Entre enero y junio de 2000, el procesado estableció una relación especial con tres alumnas a quienes incluyó en clases particulares de apoyo pedagógico, a las que normalmente no asistían otros alumnos.

"El avión" y "la cogida"

El acusado, con la intención de procurarse los favores de las alumnas, además de darles clases de recuperación, las ayudaba en los exámenes, facilitándoles las respuestas correctas. Una vez que se ganó la confianza de las tres niñas, jugaba con ellas a lo que él denominaba los juegos de "la cogida" y "el avión", consistiendo el primero en perseguirlas por el aula hasta alcanzarlas y las abrazaba. En "el avión" simulaba una especie de vuelo, agarrando a las menores por la entrepierna y el cuello, para levantarlas y darles vueltas en el aire, entregándole como premio alguna golosina.

Todos estos actos los realizaba para obtener satisfacción de sus deseos sexuales, mediante tocamientos que realizaba a las niñas en el pecho, glúteos y genitales con el pretexto de los juegos anteriormente reseñados.

A los largo del citado curso escolar, a parte de manosear a las niñas, también solía besarlas en los labios ocasionalmente, la mayoría de las veces en las clases de apoyo, aunque también en las clases ordinarias, tras colocar la mesa del profesor en la parte del fondo del aula para que los demás alumnos no vieran lo que hacía.

Un propósito claro

Los hechos, según el texto legal, integran tres delitos continuados de abuso sexual sobre menores de 13 años. El encausado realizó actos que nada tienen que ver con un carácter pretendidamente cariñoso, tal y como alegaba su abogado con la finalidad de hacer ver que las menores confundieron las muestras de afectividad del profesor con intenciones libidinosas.

La secuencia de los hechos, según la sentencia, "pone de relieve que el acusado tuvo un claro propósito de abusar de las chicas y así se desprende de una actuación que no deja dudas sobre la intención libidinosa, que no sólo se limitó a besar o abrazar cariñosamente a sus alumnas, sino que se excedió reiteradamente en tocamientos en zonas erógenas y besos en los labios". Asimismo se recoge que propiciaba las ocasiones para estar a solas con las niñas e inventaba juegos de contacto físico y colocaba su mesa en la parte trasera de la clase para sentar a las alumnas en sus rodillas y efectuar tocamientos.

Dicho comportamiento "no puede justificarse por un interés pedagógico para compensar las carencias afectivas de las niñas, como dijo el reo, ya que la situación de la mesa en la clase sorprendió incluso al director del centro que, tras las denuncias de las madres, dispuso que la colocara a la vista de todos los alumnos".

Según indica la prueba pericial psicológica, las niñas decían la verdad, descartando la fabulación, al tiempo que se consideró que el relato de los hechos era espontáneo, coherente y creíble. En el citado informe se constata la existencia de un "daño psicológico derivado de los abusos, por ser el agresor un referente muy próximo de las menores, dotado de autoridad y que los hechos que sucedieron a lo largo de meses, lo que contribuye a agravar ciertas secuelas con síntomas de perturbaciones del sueño, rechazo hacia figuras masculinas, temores hacia el agresor".