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Despedida solemne a los 62 militares fallecidos en Turquía

Durante los funerales, familiares de las víctimas increparon a las autoridades presentes al entender que el avión accidentado no ofrecía las garantías suficientes para transportar tropas.
EFE, Madrid
29/may/03 14:12 PM
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Los Reyes y el Príncipe de Asturias, acompañados por el jefe del Ejecutivo, José María Aznar, presidieron ayer en la base de Torrejón de Ardoz el funeral por los 62 militares españoles muertos en Turquía, un acto cargado de dolor y que tuvo momentos de fuerte tensión por los reproches al Gobierno por parte de algunos familiares.

Don Juan Carlos, doña Sofía y el príncipe Felipe fueron recibidos por Aznar a su llegada a la base aérea, en cuya plaza del Sabre se encontraban, cubiertos con la bandera española, los féretros con los restos mortales de los militares fallecidos.

Frente a ellos se ubicó el altar rodeado de cientos de coronas de flores desde el que ofició la ceremonia el arzobispo castrense, José Manuel Estepa. A un lado se situó la tribuna con los familiares más cercanos de los fallecidos y al otro, el del Evangelio, quedó dispuesto el lugar para las autoridades, presidido por los Reyes desde un sitial de honor y los compañeros de los militares fallecidos.

La afluencia de familiares desbordó las previsiones de la organización del acto y su acomodación en la plaza añadió focos de tensión cuando a muchos de ellos se les pidió despejar el lugar que ocupaban para no tapar a la compañía de honores.

Bajo un sol sofocante, los Reyes, el Príncipe y Aznar, por este orden, comenzaron a saludar a los familiares de las víctimas, mientras que en un segundo plano se situaban los ministros de Defensa, Federico Trillo, e Interior, Ángel Acebes.

Iniciado ese saludo y junto a aplausos a los Reyes y al Príncipe, comenzaron a escucharse insultos y reproches al Gobierno y, especialmente a Aznar y Trillo, por parte de algunos familiares que entendían que el avión siniestrado no ofrecía las garantías suficientes para transportar a las tropas.

Gritos de "asesinos", "gastaos el dinero", se oyeron nítidamente mientras había llamadas de otros familiares a guardar la calma, cesar en las protestas e, incluso, instar a que los autores de los insultos fueran desalojados de la zona que se les había reservado. En algunos momentos, Trillo se acercó hasta los familiares que expresaban sus protestas para conversar brevemente con ellos.

En su recorrido, la Reina, vestida de negro y que terminó de expresar su pésame visiblemente emocionada, se fundió en varias ocasiones en sentidos abrazos con algunos de los familiares, lo mismo que el príncipe Felipe.

Una vez finalizado ese dolido y tenso saludo y pésame, entre gritos de viva al Ejército español, al Rey, la Reina y el Príncipe, comenzó la ceremonia, que fue interrumpida en algún momento por los gritos de protesta o los lamentos de algunos familiares superados por la pena. Entre las autoridades se encontraban la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio; los presidentes del Congreso y el Senado, Luisa Fernanda Rudi y Juan José Lucas; el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga; el del Tribunal Supremo, Francisco Hernando; y los líderes del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y de IU, Gaspar Llamazares.

En la homilía, el arzobispo castrense se centró en lanzar un mensaje de consuelo a quienes llevan "sufriendo estos tres días de agonía", comunicó la especial bendición enviada por el Papa, y elogió a quienes "arriesgan sus propias vidas" por "la más limpia solidaridad y el mas auténtico amor a la paz".

Los Reyes y el Príncipe de Asturias, acompañados por el jefe del Ejecutivo, José María Aznar, presidieron ayer en la base de Torrejón de Ardoz el funeral por los 62 militares españoles muertos en Turquía, un acto cargado de dolor y que tuvo momentos de fuerte tensión por los reproches al Gobierno por parte de algunos familiares.

Don Juan Carlos, doña Sofía y el príncipe Felipe fueron recibidos por Aznar a su llegada a la base aérea, en cuya plaza del Sabre se encontraban, cubiertos con la bandera española, los féretros con los restos mortales de los militares fallecidos.

Frente a ellos se ubicó el altar rodeado de cientos de coronas de flores desde el que ofició la ceremonia el arzobispo castrense, José Manuel Estepa. A un lado se situó la tribuna con los familiares más cercanos de los fallecidos y al otro, el del Evangelio, quedó dispuesto el lugar para las autoridades, presidido por los Reyes desde un sitial de honor y los compañeros de los militares fallecidos.

La afluencia de familiares desbordó las previsiones de la organización del acto y su acomodación en la plaza añadió focos de tensión cuando a muchos de ellos se les pidió despejar el lugar que ocupaban para no tapar a la compañía de honores.

Bajo un sol sofocante, los Reyes, el Príncipe y Aznar, por este orden, comenzaron a saludar a los familiares de las víctimas, mientras que en un segundo plano se situaban los ministros de Defensa, Federico Trillo, e Interior, Ángel Acebes.

Iniciado ese saludo y junto a aplausos a los Reyes y al Príncipe, comenzaron a escucharse insultos y reproches al Gobierno y, especialmente a Aznar y Trillo, por parte de algunos familiares que entendían que el avión siniestrado no ofrecía las garantías suficientes para transportar a las tropas.

Gritos de "asesinos", "gastaos el dinero", se oyeron nítidamente mientras había llamadas de otros familiares a guardar la calma, cesar en las protestas e, incluso, instar a que los autores de los insultos fueran desalojados de la zona que se les había reservado. En algunos momentos, Trillo se acercó hasta los familiares que expresaban sus protestas para conversar brevemente con ellos.

En su recorrido, la Reina, vestida de negro y que terminó de expresar su pésame visiblemente emocionada, se fundió en varias ocasiones en sentidos abrazos con algunos de los familiares, lo mismo que el príncipe Felipe.

Una vez finalizado ese dolido y tenso saludo y pésame, entre gritos de viva al Ejército español, al Rey, la Reina y el Príncipe, comenzó la ceremonia, que fue interrumpida en algún momento por los gritos de protesta o los lamentos de algunos familiares superados por la pena. Entre las autoridades se encontraban la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio; los presidentes del Congreso y el Senado, Luisa Fernanda Rudi y Juan José Lucas; el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga; el del Tribunal Supremo, Francisco Hernando; y los líderes del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y de IU, Gaspar Llamazares.

En la homilía, el arzobispo castrense se centró en lanzar un mensaje de consuelo a quienes llevan "sufriendo estos tres días de agonía", comunicó la especial bendición enviada por el Papa, y elogió a quienes "arriesgan sus propias vidas" por "la más limpia solidaridad y el mas auténtico amor a la paz".

Los Reyes y el Príncipe de Asturias, acompañados por el jefe del Ejecutivo, José María Aznar, presidieron ayer en la base de Torrejón de Ardoz el funeral por los 62 militares españoles muertos en Turquía, un acto cargado de dolor y que tuvo momentos de fuerte tensión por los reproches al Gobierno por parte de algunos familiares.

Don Juan Carlos, doña Sofía y el príncipe Felipe fueron recibidos por Aznar a su llegada a la base aérea, en cuya plaza del Sabre se encontraban, cubiertos con la bandera española, los féretros con los restos mortales de los militares fallecidos.

Frente a ellos se ubicó el altar rodeado de cientos de coronas de flores desde el que ofició la ceremonia el arzobispo castrense, José Manuel Estepa. A un lado se situó la tribuna con los familiares más cercanos de los fallecidos y al otro, el del Evangelio, quedó dispuesto el lugar para las autoridades, presidido por los Reyes desde un sitial de honor y los compañeros de los militares fallecidos.

La afluencia de familiares desbordó las previsiones de la organización del acto y su acomodación en la plaza añadió focos de tensión cuando a muchos de ellos se les pidió despejar el lugar que ocupaban para no tapar a la compañía de honores.

Bajo un sol sofocante, los Reyes, el Príncipe y Aznar, por este orden, comenzaron a saludar a los familiares de las víctimas, mientras que en un segundo plano se situaban los ministros de Defensa, Federico Trillo, e Interior, Ángel Acebes.

Iniciado ese saludo y junto a aplausos a los Reyes y al Príncipe, comenzaron a escucharse insultos y reproches al Gobierno y, especialmente a Aznar y Trillo, por parte de algunos familiares que entendían que el avión siniestrado no ofrecía las garantías suficientes para transportar a las tropas.

Gritos de "asesinos", "gastaos el dinero", se oyeron nítidamente mientras había llamadas de otros familiares a guardar la calma, cesar en las protestas e, incluso, instar a que los autores de los insultos fueran desalojados de la zona que se les había reservado. En algunos momentos, Trillo se acercó hasta los familiares que expresaban sus protestas para conversar brevemente con ellos.

En su recorrido, la Reina, vestida de negro y que terminó de expresar su pésame visiblemente emocionada, se fundió en varias ocasiones en sentidos abrazos con algunos de los familiares, lo mismo que el príncipe Felipe.

Una vez finalizado ese dolido y tenso saludo y pésame, entre gritos de viva al Ejército español, al Rey, la Reina y el Príncipe, comenzó la ceremonia, que fue interrumpida en algún momento por los gritos de protesta o los lamentos de algunos familiares superados por la pena. Entre las autoridades se encontraban la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio; los presidentes del Congreso y el Senado, Luisa Fernanda Rudi y Juan José Lucas; el presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga; el del Tribunal Supremo, Francisco Hernando; y los líderes del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y de IU, Gaspar Llamazares.

En la homilía, el arzobispo castrense se centró en lanzar un mensaje de consuelo a quienes llevan "sufriendo estos tres días de agonía", comunicó la especial bendición enviada por el Papa, y elogió a quienes "arriesgan sus propias vidas" por "la más limpia solidaridad y el mas auténtico amor a la paz".