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Canarias: veinte años de autonomía. Del Estatuto de Autonomía a la condición de Región Ultraperiférica


30/may/03 14:12 PM
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CON MOTIVO de conmemorarse este año el veinticinco aniversario de la Constitución Española de 1998, el Centro Internacional de Estudios Políticos decidió publicar un libro con más de un centenar de artículos de diferentes personas vinculadas al mundo académico o al de la política. Hace algo más de un año tuve el honor de recibir la invitación de participar en dicha edición con la colaboración de un artículo. Decidí hacerlo sobre Canarias y lo titulé "Canarias: veinte años de autonomía,. Del Estatuto de Autonomía a la condición de Región Ultraperiférica en la UE". Por ello, ante la conmemoración del Día de Canarias en el día de hoy, 30 de mayo de 2003, me ha parecido oportuno remitir este artículo, que no es otra cosa que una pequeña síntesis de la referida aportación a la conmemoración de veinticinco años de democracia constitucional en España.

El Tratado de la Unión Europea firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992 representó una etapa más en el proceso de creciente integración comunitaria al que España se había incorporado en el año 1986. En su parte final se recogieron treinta y tres declaraciones de principios que habrían de irse definiendo en sucesivas etapas y en concreto la vigésimosexta se refirió por primera vez a las Regiones Ultraperiféricas de la Comunidad en los términos siguientes:

"La conferencia reconoce que las Regiones Ultraperiféricas padecen un importante atraso estructural agravado por diferentes fenómenos (gran lejanía, insularidad, escasa superficie, relieve y climas difíciles, dependencia económica respecto de algunos productos) cuya constancia y acumulación perjudican gravemente a su desarrollo económico y social.

Considera que, si las Disposiciones del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea y del derecho derivado se aplican de pleno derecho a las Regiones Ultraperiféricas, ello no obsta para que se adopten disposiciones específicas en su favor mientras exista una necesidad objetiva de adoptar tales disposiciones con vistas a un desarrollo económico y social de estas regiones. Estas disposiciones deberán tener por objetivo a la vez la realización del mercado interior y el reconocimiento de la realidad regional, con vistas a hacer posible que las Regiones Ultraperiféricas alcancen el nivel económico y social medio de la Comunidad".

Con posterioridad, el vigente Tratado de la Unión Europea, en el punto segundo del art. 299, proporciona un tratamiento explícito cuya reproducción literal no es menester y en la actualidad ya aparece clara la permanencia de sus contenidos en el texto del nuevo Tratado que derivará de los trabajos que ha elaborado la Convención Europea y de los que surgirá el nuevo Tratado de la Unión Europea.

Mucho se ha avanzado en Canarias desde el arranque de la autonomía y de lo que hoy celebramos veinte años. El incremento de las inversiones del Estado en Canarias se ha ido multiplicando desde entonces y, aunque es cierto que aún queda mucho por hacer y que en los últimos tiempos han aparecido nuevos problemas sociales y económicos, el desarrollo socioeconómico pleno de Canarias deberá ser la meta global a alcanzar que nuestras instituciones deberán plantearse con total firmeza.

Canarias está ahora ante un nuevo milenio. Las crisis sociales que emanaban de la quiebra en el mercado internacional de nuestros cultivos dominantes para la exportación ya no giran como antaño alrededor de la incógnita que representa el futuro económico para Canarias. Esta incógnita, que afecta a muchos países desarrollados, adquiere en Canarias la dimensión propia de los pueblos periféricos que no controlan los recursos y mecanismos para soportar una generalizada mala coyuntura, pero no adquieren como antes unas dimensiones dramáticas, debido a nuestra plena incorporación a la Comunidad Europea que nos exige, ciertamente, sacrificios, pero que también nos ofrece estabilidad. En esta situación, una voluntad social progresivamente cohesionada en torno a un proyecto de futuro puede hacer que Canarias se coloque en este incio de siglo en el sitio que le permita avanzar en su organización social y económica hacia cotas de progreso y bienestar sin parangón. Es en la búsqueda y construcción de este progreso donde se debería alcanzar el máximo consenso social y político.

La clasificación global que suele merecer la economía canaria es la de constituir un "sistema autónomo dependiente y extravertido". La realidad es la de que la economía canaria ha estado permanentemente globalizada. Las sucesivas olas de globalización que se han producido en la economía mundial han incorporado a Canarias a los constantes flujos económicos. Tradicionalmente, Canarias ha exportado bienes agrícolas y ha acondicionado sus estructuras sociales y económicas internas, a las necesidades de acumulación de capital. En la última fase globalizadora, en la que Canarias exporta bienes agrícolas, labores del tabaco y fundamentalmente servicios turísticos, adquiere una característica diferencial respecto a las anteriores, que es la que se produce de forma nueva dado que los servicios turísticos se convierten en la principal exportación. Lo que se exporta no se consume fuera de Canarias, sino en nuestro propio territorio. Este hecho ha determinado importantes cambios en la estructura económica y social con incrementos de la renta evidentes, pero también con costes medioambientales importantes. El efecto de esta última ola globalizadora es tan importante en Canarias que corremos el riesgo de que los costes sociales pueden llegar a ser tan superiores a los rendimientos sociales y económicos que se comprometan los deseados niveles de bienestar de las generaciones futuras.

De ahí que la ordenación del territorio y el turismo, en el sentido de establecer límites al crecimiento, constituya una de las políticas de vital importancia para el futuro. Se trata de un giro estratégico radical: de la acumulación por la vía de la localización en el territorio de un número cada vez mayor de unidades productivas, al incremento del valor añadido en las ya existentes. Pero si se trata de añadir valor, el principal, en una economía fundamentalmente de servicios turísticos, es la cohesión económica y social, lo que se traduce en mayor equidad. Las desigualdades sociales y el conflicto social serán nuestros peores enemigos.

Nuestra estructura económica está apoyada en dos pilares fundamentales: el complejo turístico-construcción y el complejo agropecuario-exportador. Este modelo está en crisis, tanto por las modificaciones acontecidas en el espacio económico internacional, como por su impacto sobre el medio ambiente.

El modelo económico futuro, para ser realista, ha de partir de la situación presente; considerar cuáles son los cuellos de botella o estrangulamientos que dificultan los procesos de desarrollo y analizar las limitaciones del sistema productivo canario, diferenciando claramente los estructurales de los coyunturales, buscando paliativos para los primeros y tomando las acciones precisas de carácter legal, económico, fiscal e incluso institucional que permitan superar las dificultades presentes y las que presumiblemente se presentarán en los años próximos. En consecuencia habrá que definir cuál es el modelo económico hacia el que se debería orientar el futuro de la Comunidad Autónoma de Canarias, que, desde nuestra perspectiva, deberá inspirarse en el pasado, pero mirando hacia el futuro.

* Diputado socialista por la provincia

de Santa Cruz de Tenerife