Jornada Deportiva

Una pena, el fútbol sí fue justo

El equipo de David Amaral hizo "méritos" para perder porque tras recibir el gol del empate se volvió huraño y quiso amarrar un resultado que no servía de nada. Al Tenerife no le faltó actitud, pero se mostró temeroso.
JULIO RUIZ, Valencia
9/jun/03 11:29 AM
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El Tenerife hizo méritos para perder. La mentalidad ofensiva con la que había preparado el partido sólo duró 20 minutos, los que le sirvieron para adelantarse en el marcador. Luego, con el paso del tiempo se volvió huraño y quiso amarrar un empate que ni le iba a servir para escalar puestos en la tabla ni para mejorar su dignidad. Ayer no le faltó actitud en el equipo. Sólo que fue convertido en un conjunto temeroso (quizás asimiló de manera errónea las sustituciones de David) y acabó devorado por el adversario.

El comienzo no fue electrizante, más bien espeso. Al Tenerife se le nublaron las ideas demasiado pronto. Cuando debía crear desde atrás, los centrales quedaban ahogados por la presión de los levantinistas y no lograban enganchar con la siguiente línea, por lo que Martí, Vázquez, Torres, Paunovic y Barata pasaron desapercibidos al principio. Además, costó ajustar el sistema 3-4-1-2, que no usaba David Amaral fuera del "Heliodoro" desde hacía tres jornadas. Ahí sufrió, sobre todo en las bandas, con Jofre y Limones muy incisivos.

Calibrando ambiciones, dio la impresión de que los mínimas opciones de engancharse al tren del ascenso que tenían los granotas en ese momento, superaron a las de los insulares por pasar de la permanencia virtual a la real o, en su defecto, por intentar acabar la Liga en el mejor puesto posible.

No obstante, el efecto duró poco. A los 12 minutos el Tenerife despertó, cuando más confiado estaba el Levante en su dominio. Para ello puso la directa, con un balón largo. Así salvó el trauma de sacar la pelota jugando. El ataque lo maduró Hidalgo y lo desperdició Martí, lanzando demasiado alto. A partir de ahí, los "chicharreros" perdieron su timidez y merodearon con más frecuencia la meta de Aizpurúa, aunque fue el Levante quien llevó la iniciativa durante un rato más. Fue entonces cuando Valerio tuvo que emplearse a fondo para sacar a córner un ajustado ensayo de Jofre.

Hasta la media hora, el Tenerife no se percató que no resultaba tan complicado triangular y progresar. La mejoría coincidió con que David le ordenó a Torres que bajara un poco a ayudar a los zagueros a conducir el balón, oxigenando así el centro del campo, algo que le sirvió al conjunto insular a ser el dueño del choque durante 20 minutos. Y llegaron las oportunidades. Primero, Barata buscó la escuadra y luego lo intentó Hidalgo, tras una conexión entre Valerio y Martí. Era un aviso, ya que el 0-1 se produjo poco después. Nació en una genialidad de Paunovic. El yugoslavo provocó una falta lateral y el equipo sacó los apuntes sobre estrategia. El balón le llegó a Paunovic, que remató mal pero con la suerte de dar una asistencia perfecta a Kiko Torres. El madrileño no perdonó.

Faltaba poco para el descanso y los blanquiazules intentaron mantener la ventaja, pero sucedió entonces que el Levante encontró la fortuna que le había esquivado al principio. Un saque de esquina, resuelto de puños por Valerio, concluyó con un duro lanzamiento de Sérvulo desde la frontal. La bola se metió en el bosque de defensas, rozó la pierna de Corona y entró. Uno a uno y a vestuarios.

El segundo período se inició con un fútbol muy abierto por parte de ambos. El Tenerife salió valiente, Martí comenzó a mandar y Paunovic se inventó algún contragolpe. Las previsiones eran halagüeñas. Sin embargo, el ímpetu vino aparejado a varios despistes defensivos y con ello el Levante se creció. El más grave fue el penalty cometido por Hidalgo (56 minutos), que ejecutó Amato con una soberbia respuesta de Valerio. El catalán salvó el resultado. Pero era algo momentáneo.

Superioridad en el centro

A pesar de la decepción, los azulgrana volvieron a imponerse en el centro del campo y volvieron a embotellar al rival. Los de José Gómez ganaron más presencia aún en la cancha contraria con la entrada de Castaño y Ettien. Los recién incorporados al juego originaron otra clarísima ocasión granota, que sacó sobre la línea blanca David Charcos en el último instante.

El puntito corría peligro y con la intención de variar el rumbo del encuentro, Amaral quitó a un delantero y puso a un defensa (Iker por Barata). Pero la apuesta no le salió bien. A partir de ese momento, el Tenerife se preocupó demasiado en no encajar otro gol, mientras que Paunovic, como único hombre en ataque, se mostraba impotente frente a la retaguardia valenciana. Ni comían ni dejaban comer.

Así, el partido parecía condenado al empate, pero el Tenerife era un juguete en las manos de un ambicioso Levante y fútbol quiso ser justo esta vez, ensañándose con Sebastián Corona, el mejor de su línea. El sevillano estableció, en propia meta, el definitivo 2-1. El tanto fue encajado por Sergio Aragoneses, que había sustituido 15 minutos antes a Valerio. El meta catalán volvía ayer a la titularidad 4 meses después de su anterior lesión y ayer no pudo concluir el encuentro por culpa de un encontronazo con Ettien.