Canarias

Volver a empezar

Adán Martín y José Carlos Mauricio formaban hace cuatro años el tándem de CC a la Presidencia y la Vicepresidencia, que acabó desecho por obra de Lorenzo Olarte. Ahora, la debacle de Ican y las especulaciones en torno al nuevo Gobierno vuelven a unirlos en un improbable paisaje político.
S.D.B., S/C de Tenerife
10/jun/03 16:34 PM
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Mantiene el dicho que nunca segundas partes fueron buenas, aunque en el caso del tándem formado por Adán Martín y José Carlos Mauricio jamás llegó a haber una primera oportunidad. En 1998, cuando el entonces líder de ATI, Manuel Hermoso, anunciaba su retirada de las lides políticas y el consiguiente abandono de la jefatura del Gobierno canario, la ma-quinaria de los insularistas tinerfeños se puso en marcha para promover el acceso a la Presidencia de su sucesor natural, Adán Martín, por aquel entonces presidente del Cabildo. Como contrapeso grancanario o, lo que es lo mismo, como aspirante a la Vicepresidencia, se pensó en el por entonces líder indiscutible de Ican, José Carlos Mauricio, portavoz de Coalición Canaria (CC) en el Congreso de los Diputados. Suficiente para que el todavía jefe de filas del Centro Canario Nacionalista (CCN), Lorenzo Olarte, montase en cólera.

Por edad, experiencia y cuna, Olarte se consideraba el sucesor lógico de Manuel Hermoso. Respetado, cercano a la senectud y con un bagaje político indiscutible, sumaba a ello su origen grancanario, una razón de peso a la hora de poner sobre la mesa el argumento de la conveniente alternancia. Pero ni por ésas. ATI se empeñó en postular a Martín y, de acompañante, a Mauricio, una decisión que, más allá de personalismos, suponía al tiempo la consideración de Ican como el socio principal y el ninguneo del CCN.

Arrinconado, herido en su orgullo político, Olarte aspiraba a morir matando. Si él no iba a ser el candidato a presidente, tampoco lo sería Adán Martín, y anteponiendo el argumento de que había llegado la hora de Gran Canaria, de que en justicia debía ser un nativo de la isla redonda quien se asentase en el despacho principal de la sede de Rafael O´Shanahan, de que ATI ocupaba la Presidencia desde hacía una década, su siguiente misión fue buscar a la persona idónea.

Descartado un miembro del CCN, tanto porque en dicha formación no sobraban los personajes con carisma como porque hubiera supuesto, de hecho, un segundo golpe para el propio Olarte; más descartado aún José Carlos Mauricio, su verdadero adversario dentro de la política insular, sus miras se fijaron en el director del Servicio Canario de Salud, Román Rodríguez, un médico a quien se le había encomendado la difícil misión de asumir las transferencias en materia sanitaria.

Joven, enérgico, con buena planta, conocido por la opinión pública, alejado de los radicalismos de algunos de sus compañeros y, sobre todo, natural de La Aldea, se convirtió en el candidato alternativo. Rodríguez fue el primer sorprendido con una oferta que le situaba en primera línea de la política canaria.

La jugada de Olarte, que triunfó porque sus postulados sobre la alternancia enseguida acapararon apoyos en Gran Canaria, y porque se temía que todo el conflicto acabase en un cisma que diera al traste con el proyecto de Coalición Canaria, fue aceptada a regañadientes por ATI. Desde ese mismo momento, Adán Martín se convertía en candidato a la Vicepresidencia y en sucesor no oficial. De lo único que quedaban dudas era de su paciencia.

Una grave enfermedad del recién estrenado vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda, felizmente superada, no supuso sino un paréntesis en el desarrollo de una labor de gobierno bicéfala. Román Rodríguez actuaba como presidente; Adán Martín, como presidente bis, y además mandaba. El tinerfeño, que controlaba el presupuesto y las áreas más importantes de la administración, le fue comiendo el terreno a su supuesto jefe, ayudado sin duda por un equipo mucho más competente que el que rodeaba al primero.

Los desencuentros entre Rodríguez y Martín estuvieron a la orden del día, y en ellos José Carlos Mauricio se convirtió en una de las piezas más importantes. El portavoz de CC en Madrid jamás disimuló sus magníficas relaciones con el vicepresidente, y de manera más paulatina fue haciendo públicas sus diferencias con el presidente y quienes le apoyaban dentro de Ican, especialmente el principal responsable de CC en Gran Canaria, Carmelo Ramírez.

Ya al final de la legislatura, Mauricio se decantaba abiertamente por Adán Martín como candidato de CC a la Presidencia del Gobierno y, para más "inri", sus apariciones durante la campaña electoral se limitaron a algunos mítines en Tenerife. Las diferencias con sus compañeros de Ican se constataban.

La jornada electoral del 25 de mayo supuso un rotundo triunfo personal para José Carlos Mauricio, que todavía se frota las manos ante la debacle que han supuesto los resultados para Román Rodríguez, quien ha pasado a convertirse en una pesada carga para la propia ATI, especialmente a la hora de entablar negociaciones con el Partido Popular (PP) de José Manuel Soria.

La derrota electoral del aparato de Ican, los peros del PP a la designación del presidente en funciones como vicepresidente y responsable del área económica, los problemas que previsiblemente tendrá Mauricio a la hora de renovar su candidatura al Congreso de los Diputados por la provincia de Las Palmas, las más que buenas relaciones que mantiene el político grancanario con la cúpula dirigente de los populares en la capital de España son circunstancias que han convergido para ubicarle en las quinielas del futuro Gobierno de Canarias.

ATI, más poderosa que nunca, teme, no obstante, que cualquier decisión errónea ponga en peligro la supervivencia de Coalición Ca-naria, algo que, de ocurrir, conllevaría de forma automática la pérdida de su cuota de poder regional y hasta su influencia en las Cortes. Los insularistas tinerfeños sa-ben que pintan mucho menos solos que junto a Ican. Por ello, la inclusión de Mauricio en el Ejecutivo de Adán Martín, que incomodaría a los máximos dirigentes grancanarios, no ha pasado de ser un ru-mor con escasas posibilidades de confirmarse.

Mantiene el dicho que nunca segundas partes fueron buenas, aunque en el caso del tándem formado por Adán Martín y José Carlos Mauricio jamás llegó a haber una primera oportunidad. En 1998, cuando el entonces líder de ATI, Manuel Hermoso, anunciaba su retirada de las lides políticas y el consiguiente abandono de la jefatura del Gobierno canario, la ma-quinaria de los insularistas tinerfeños se puso en marcha para promover el acceso a la Presidencia de su sucesor natural, Adán Martín, por aquel entonces presidente del Cabildo. Como contrapeso grancanario o, lo que es lo mismo, como aspirante a la Vicepresidencia, se pensó en el por entonces líder indiscutible de Ican, José Carlos Mauricio, portavoz de Coalición Canaria (CC) en el Congreso de los Diputados. Suficiente para que el todavía jefe de filas del Centro Canario Nacionalista (CCN), Lorenzo Olarte, montase en cólera.

Por edad, experiencia y cuna, Olarte se consideraba el sucesor lógico de Manuel Hermoso. Respetado, cercano a la senectud y con un bagaje político indiscutible, sumaba a ello su origen grancanario, una razón de peso a la hora de poner sobre la mesa el argumento de la conveniente alternancia. Pero ni por ésas. ATI se empeñó en postular a Martín y, de acompañante, a Mauricio, una decisión que, más allá de personalismos, suponía al tiempo la consideración de Ican como el socio principal y el ninguneo del CCN.

Arrinconado, herido en su orgullo político, Olarte aspiraba a morir matando. Si él no iba a ser el candidato a presidente, tampoco lo sería Adán Martín, y anteponiendo el argumento de que había llegado la hora de Gran Canaria, de que en justicia debía ser un nativo de la isla redonda quien se asentase en el despacho principal de la sede de Rafael O´Shanahan, de que ATI ocupaba la Presidencia desde hacía una década, su siguiente misión fue buscar a la persona idónea.

Descartado un miembro del CCN, tanto porque en dicha formación no sobraban los personajes con carisma como porque hubiera supuesto, de hecho, un segundo golpe para el propio Olarte; más descartado aún José Carlos Mauricio, su verdadero adversario dentro de la política insular, sus miras se fijaron en el director del Servicio Canario de Salud, Román Rodríguez, un médico a quien se le había encomendado la difícil misión de asumir las transferencias en materia sanitaria.

Joven, enérgico, con buena planta, conocido por la opinión pública, alejado de los radicalismos de algunos de sus compañeros y, sobre todo, natural de La Aldea, se convirtió en el candidato alternativo. Rodríguez fue el primer sorprendido con una oferta que le situaba en primera línea de la política canaria.

La jugada de Olarte, que triunfó porque sus postulados sobre la alternancia enseguida acapararon apoyos en Gran Canaria, y porque se temía que todo el conflicto acabase en un cisma que diera al traste con el proyecto de Coalición Canaria, fue aceptada a regañadientes por ATI. Desde ese mismo momento, Adán Martín se convertía en candidato a la Vicepresidencia y en sucesor no oficial. De lo único que quedaban dudas era de su paciencia.

Una grave enfermedad del recién estrenado vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda, felizmente superada, no supuso sino un paréntesis en el desarrollo de una labor de gobierno bicéfala. Román Rodríguez actuaba como presidente; Adán Martín, como presidente bis, y además mandaba. El tinerfeño, que controlaba el presupuesto y las áreas más importantes de la administración, le fue comiendo el terreno a su supuesto jefe, ayudado sin duda por un equipo mucho más competente que el que rodeaba al primero.

Los desencuentros entre Rodríguez y Martín estuvieron a la orden del día, y en ellos José Carlos Mauricio se convirtió en una de las piezas más importantes. El portavoz de CC en Madrid jamás disimuló sus magníficas relaciones con el vicepresidente, y de manera más paulatina fue haciendo públicas sus diferencias con el presidente y quienes le apoyaban dentro de Ican, especialmente el principal responsable de CC en Gran Canaria, Carmelo Ramírez.

Ya al final de la legislatura, Mauricio se decantaba abiertamente por Adán Martín como candidato de CC a la Presidencia del Gobierno y, para más "inri", sus apariciones durante la campaña electoral se limitaron a algunos mítines en Tenerife. Las diferencias con sus compañeros de Ican se constataban.

La jornada electoral del 25 de mayo supuso un rotundo triunfo personal para José Carlos Mauricio, que todavía se frota las manos ante la debacle que han supuesto los resultados para Román Rodríguez, quien ha pasado a convertirse en una pesada carga para la propia ATI, especialmente a la hora de entablar negociaciones con el Partido Popular (PP) de José Manuel Soria.

La derrota electoral del aparato de Ican, los peros del PP a la designación del presidente en funciones como vicepresidente y responsable del área económica, los problemas que previsiblemente tendrá Mauricio a la hora de renovar su candidatura al Congreso de los Diputados por la provincia de Las Palmas, las más que buenas relaciones que mantiene el político grancanario con la cúpula dirigente de los populares en la capital de España son circunstancias que han convergido para ubicarle en las quinielas del futuro Gobierno de Canarias.

ATI, más poderosa que nunca, teme, no obstante, que cualquier decisión errónea ponga en peligro la supervivencia de Coalición Ca-naria, algo que, de ocurrir, conllevaría de forma automática la pérdida de su cuota de poder regional y hasta su influencia en las Cortes. Los insularistas tinerfeños sa-ben que pintan mucho menos solos que junto a Ican. Por ello, la inclusión de Mauricio en el Ejecutivo de Adán Martín, que incomodaría a los máximos dirigentes grancanarios, no ha pasado de ser un ru-mor con escasas posibilidades de confirmarse.

PACTOS

Silencio, se negocia

Coalición Canaria (CC) y el Partido Popular (PP) cumplen a rajatabla su determinación de no hablar de quiénes ocuparán las principales áreas del Gobierno de Canarias, al menos de cara a la galería. Cualquier indiscreción podría servir para incrementar o reducir las posibilidades de un candidato y, de todas formas, el reparto estará ligado al mayor o menor cumplimiento del pacto en las corporaciones locales. Responsables de una y otra formación reiteran que las informaciones que han aparecido en los medios de comunicación y las que aparezcan en los próximos días no son ni serán sino especulaciones. En lo único que se muestran abiertos es en reconocer que se trabaja en un organigrama que reserva para el PP tres consejerías y la presidencia del Parlamento.