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PARAPENTE el sueño de volar

Entre los 23 puntos de despegue que existen de manera oficial en la Isla, el mirador de la playa de Los Teresitas constituye uno de los lugares de referencia para deportistas amantes de esta modalidad. La precaución y la seriedad son claves para una actividad que se practica en el vacío, su atractivo.
JOSÉ D. MÉNDEZ, Tenerife
14/jun/03 18:07 PM
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JOSÉ D. MÉNDEZ, Tenerife

El parapente es una afición cada vez más extendida, que hace furor sobre todo entre los jóvenes. Los que se dedican de manera más o menos profesional a esta actividad tan sugerente reclaman seriedad y rigor a la hora de entrar en un mundo tan "antinatural" para el ser humano como es el del aire. Todo sea por el sueño de volar.

¿Pero a dónde dirigirse si se siente la llamada de esta actividad? Pues resulta fácil, basta con ser mayor de edad, condición imprescindible, y llamar al teléfono 629 78 84 33, que se corresponde con el Club Parapente Roques de Anaga. Allí responderán Olga Caso o Guillermo de Armas, responsables de la Federación Tinerfeña, incluida en la Canaria.

Muchas veces, el colorido de sus paracaídas atraen la atención del conductor o el transeúnte. Así, parece casi una misión imposible que un habitual visitante de la playa de Las Teresitas no la asocie con los parapentistas que, como "gotas de telas multicolores" parecen desprenderse desde el mirador de La Piconera.

Los aterrizajes de parapentes en Las Teresitas han levantado alguna polémica. Francisco Villar es concluyente: "Este es uno de los 23 puntos de despegue legal. Lo que no se debe hacer es aterrizar a determinadas horas ni sobre esta playa ni sobre ninguna. Hay un horario, a primera hora de la mañana y a última de la tarde, cuando hay menos gente, en el que se puede hacer la operación, siempre con luz aunque tenemos siempre con nosotros GPS".

Francisco Villar, componente de la selección canaria y española de esta disciplina y con doce años de dilatada experiencia a nivel local, nacional e internacional, ha volado en casi todos los continentes. Militar de profesión, es profesor de esquí y escalada, y pertenece al Grupo de Alta Montaña del Ejército. Tiene claro que esta actividad es "tan cara como cualquier otra, caso del buceo o la bicicleta. Con unas 200.000 pesetas se puede tener el material que denominamos de "kilómetro 0", un equipo básico que consiste en la vela, el parapente propiamente dicho; la silla; el casco y el obligatorio paracaídas de emergencia. El parapente es individual, registrado y perfectamente homologado, con la posibilidad de la condición de biplaza".

Francisco Villar señaló que "esta Isla es muy exigente a la hora de lanzarse a volar, por el clima o el viento muy cambiante. Hay que controlar, cosa que hacemos siempre, estos factores antes de empezar el vuelo". Uno de los grandes problemas que tiene esta disciplina en las Islas pasa por el gran número de extranjeros poco preparados que se lanzan a volar.

Volar con 58 años

"El perfil es de una persona mayor, con una media de 58 años, con poca experiencia de vuelo y con más de un año desde la última vez que se lanzó. A algunos se les advierte, pero no hacen caso. Es un problema, sobre todo en zonas turísticas". Villar señala que "estamos en pleno proceso informático, pero son bastantes los deportistas federados en la Isla, y en concreto en Santa Cruz, el único sitio de Europa y uno de los pocos del mundo en el que se vuela en térmica todo el año, los doce meses".

"Volar en térmica es aprovechar las bolsas de aire para disfrutar del vuelo y estar más tiempo. Yo he llegado a más de siete horas y el récord mundial está en diez horas y veinte minutos". Sin embargo, la iniciación es muy distinta, más sencilla: "Se empieza volando en plano desde Izaña, por ejemplo hacia Puerto de la Cruz o Las Caletillas". Luego hay que hacer el denominado "curso de progresión en el que ya se aprovechan las corrientes y térmicas, las masas de aire cálido, como hacen las gaviotas o las aves rapaces".