Santa Cruz de Tenerife

La noche más MÁGICA

Santa Cruz y La Laguna celebrarán hoy el mítico culto al sol con las hogueras, en torno a las cuales se rememorarán antiguas costumbres y ritos.
D. BARBUZANO, La Laguna
23/jun/03 18:11 PM
Edición impresa

La fiesta de San Juan, y más concretamente las hogueras, tiene sus orígenes en el culto al sol durante el solsciticio de verano, cuyas prácticas y ritos, a pesar de la Iglesia, han sobrevivido hasta la actualidad.

En Tenerife, la festividad surge a raíz de la epidemia de las landres o peste que azotó principalmente La Laguna y Santa Cruz, con una cifra de víctimas que, según el historiador José de Viera y Clavijo, se aproximó a las 9.000 personas. La enfermedad penetró en la Isla a través de unos tapices de Levante que se trajeron para el Corpus lagunero, destinados a colgarlos de las ventanas y embellecer el trayecto procesional.

La enfermedad desapareció a raíz de las rogativas que hizo el pueblo a San Juan Bautista, el cual fue tomado como patrono y abogado de la peste ante el escribano mayor del Cabildo, el 25 de junio de 1582.

Centrándonos en las fiestas, tenemos que lo primero que se hacía era adornar las calles con arcos florales, luego engalanar los postes del tranvía e instalar luminarias para los paseos nocturnos y verbenas populares como las de la plaza de San Telmo en Santa Cruz.

Del programa de actos cabe destacar las sortijas, el juego de las cañas, las corridas de toros, los entremeses, los paseos, las verbenas como las del Club Tinerfeño y Club Náutico, la lucha canaria, la elevación de globos aerostáticos, y los conciertos.

La Laguna ofreció en el pasado actos muy singulares que hacían desplazarse a los vecinos de Santa Cruz hasta dicha ciudad, como en 1801, año en que hombres de Arafo representaron la invasión de Nelson y defensa de Santa Cruz.

Y llegamos a las hogueras que en el caso de Santa Cruz fueron tan importantes que el Ayuntamiento las prohibió en 1792 por peligro de incendio. En 1905 se encendieron muchas en la calle Porlier. Las carreteras de Taganana y San Andrés eran muy frecuentadas.

Sobre los orígenes de las hogueras tenemos que decir que, en la víspera de San Juan, los aborígenes acudían a las playas para invocar a los espíritus de sus antepasados, que se les aparecían en forma de nubecitas.

Ahuyentar a los espíritus

El mensaje de la hoguera encendida en el centro de los pueblos se puede interpretar como un preservamiento: arrojar a los espíritus malignos o no permitirles la entrada. En el salto por encima de las llamas, se realiza una práctica de transferencia, centrada en la transmisión de las posibles enfermedades al fuego purificador que todo lo destruye o en el preservamiento de futuros males.

Entre las prácticas agoreras resalta la de coger un huevo y dejar caer la clara en un vaso que se ha de pasar por el fuego de la hoguera tres veces, mientras de dice: "San Juan, San Juan bendito,/ante los santos nacido,/que salga en este vaso/el oficio de mi marido". La figura que se forme indicará el trabajo del amor de la joven.

En la víspera de San Juan, a partir de las doce de la noche, curanderas y brujas acuden a los montes porque se dice que el sereno mágico que cae acrecienta las propiedades curativas y destructivas de las plantas. También benefician las aguas del mar, por lo que se recomienda comenzar los baños el día de San Juan.

El que desee saber la duración de la vida deberá mirar mañana al fondo de un recipiente con agua; si ve su figura, verá morir el año, en caso contrario, el año lo verá morir a él.

En la mañana de San Juan es cuando se dice que aparece en el horizonte la misteriosa isla de San Borondón y se pasa a los niños herniados por un aro de mimbre para que se curen, práctica que también se realiza grabando su planta de pie en el tronco de un drago.