Criterios

Don Alonso Fernández de Lugo, el Adelantado


29/jun/03 21:35 PM
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EN 1952 publiqué en Madrid El Poema de Viana, un tomazo de 697 páginas; dediqué al conquistador de La Palma y Tenerife, 63, y ahora, amigo Florilán, al releerlas para hacer un resumen de su contenido, casi estoy arrepentida de haberme comprometido a ofrecerle, en mi artículo anterior, las mínimas noticias que usted quería saber del personaje, pero lo prometido es deuda y al cumplir ésta no estoy segura de acertar, porque el asunto es complejo, ha sido muy estudiado por nuestros historiadores y diversos especialistas y abreviar semejante metralla en un artículo periodístico, le diré, plagiando el célebre soneto de Lope de Vega, que "en mi vida me he visto en tal aprieto".

A fines de mayo de 1478 salen de Cádiz Juan Rejón y el deán Juan Bermúdez, con el fin de comenzar la incorporación de las islas llamadas realengas, o sea a cargo de los Reyes Católicos, a la corona de Castilla. A comienzos del mismo siglo XV, las islas de señorío, es decir, las de la conquista normanda, emprendida por Juan de Béthencourt y Gadifer de la Salle, los personajes del famoso Le Canarien, por traspasos, herencias y compras pasaron a manos de los Reyes Católicos y todas acabarían por ser suyas, en 1496.

El 24 de junio de ese 1478 llegan a Gran Canaria Rejón y Bermúdez con sus huestes y fundan el real de Las Palmas. Los indígenas canarios estaban acostumbrados a las visitas, más o menos prolongadas, de gentes que venían por el mar y hasta hacían unos tratados de paces, que ellos no entendían muy bien, pero que los historiadores del bando extranjero y colonizador interpretaban a su aire cultural; los grancanarios (su isla se llama Gran Canaria, desde Le Canarien, no porque ellos lo hayan inventado, según algunos "chichas", más malos que la quina); o canarios propiamente dichos, tuvieron bastante antes de 1478 muchos contactos con la gente de fuera.

Gracias a nuestro gran historiador, Antonio Rumeu de Armas, sabemos que hubo obispado en Telde, mucho antes de la conquista, unos cuantos años hasta que se cansaron los indígenas y lanzaron a los frailes por la sima de Jinámar, el precedente de mayor relieve al ser utilizado en 1936 para que la gente de bien se deshiciera de malos rojos; por otros textos, nos enteramos de que 1464 fue año de paces entre Diego de Herrera (de las islas señoriales) y los guanartemes canarios, así como en Tenerife hizo el mismo Herrera con los nueve menceyes, me parece que fue la llamada paz de Bufadero, mal entendida por uno y otro bando, sin duda.

Pero cuando los indígenas grancanarios cayeron en la cuenta de que los visitantes no eran tales, sino gente que iba a apoderarse de su tierra y echarlos de ella, la conquista de Gran Canaria fue dura empresa, más larga tal vez, de lo que los invasores esperaban, máxime que éstos, más andaluces que castellanos, tenían que alejar a los portugueses, que también deseaban apoderarse de la isla.

Hasta ahora, la condición humana es semejante en casi todas las culturas: el deán Bermúdez y el capitán Rejón se enemistan, como lo harán más tarde en América Pizarro y Almagro y, enterados los Reyes Católicos de lo ocurrido, enviaron como gobernador para que establezca la paz a Pedro del Aljaba (Aljaba es un lugar de la actual provincia de Huelva) y Pedro del Aljaba expulsa a Juan Rejón a la Península.

Pedro del Aljaba trae a su mujer, Leonor Suárez (o Xuárez) de Fonseca y dos hijos pequeños: Andrés Xuárez Gallinato y Jerónimo Valdés. No le extrañe, amigo Florilán, esta variante de apellidos, pues en aquellos tiempos se escogían los apellidos de manera distinta a la posterior: el paterno y materno, sino que podía acudirse al de los abuelos o antepasados y así resultaba que hermanos, hijos legítimos de un matrimonio, también legítimo, se apellidaban de forma distinta.

Y con el gobernador Aljaba llega el joven Alonso Fernández de Lugo y su mujer, que era hermana de Leonor Suárez de Fonseca, así que don Alonso era concuño del gobernador y también trae niños: Pedro y Fernando, por de pronto, y todos van a representar en el asentamiento, conquista e historia de nuestras islas, papeles relevantes.

Y ya tenemos al futuro Adelantado en Gran Canaria, donde interviene activamente en la lucha contra los indígenas. El carácter tesonero de Juan Rejón y sus relaciones ante los Reyes Católicos le permitían regresar a Las Palmas, con poderes regios y, al fin, ordena prisión y muerte al gobernador Aljaba, pero Alonso de Lugo se queda en Gran Canaria y cuida de la familia del ajusticiado Aljaba. Cuando llega el nuevo gobernador, Pedro de Vera, porque Juan Rejón, tras vicisitudes que no son del caso, pues el relato es largo, terminará por ser asesinado en La Gomera, el futuro Adelantado se llevará bien con Pedro de Vera, quien acabará por incorporar en 1483 la isla redonda a la corona real.

Alonso Fernández de Lugo (esto de Lugo le viene de lejos, pues sus padres y abuelos, eran vecinos de Sevilla) debió nacer quizás hacia 1456, en Sanlúcar de Barrameda; era de la generación de Leonardo da Vinci, Américo Vespucio y acaso de Cristóbal Colón; algo más joven que Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, pero todos de aquella generación impresionante de personas valiosas, de una movible inquietud creadora y gente de ir más allá. Don Alonso perdió a su primera esposa hacia 1490, enterrada en Gáldar.

Idas y venidas a la corte de los Reyes, que no tenían residencia fija en aquellos agitados tiempos, le permiten un cargo y tierras en Agaete; desde allí se ve al Teide azul, gris, blanco, según el tiempo, como una tentación, y entre 1494 y 1496, la conquista de Tenerife, previa la incorporación de La Palma, se verifica y los menceyes, muerto Bencomo junto a San Roque lagunero, se llevan a Almazán (hoy provincia de Soria), cuyo destino final no se conoce por entero. A uno sabemos que lo regalaron al dux de Venecia y he seguido sus pasos hasta que los perdí en Padua. A los llevados ante los Reyes los bautizarían en Almazán, no en Los Realejos; el destino de los restantes no es materia fácil de resumir.

Don Alonso fue el único de los conquistadores que se quedó y murió en la última isla, conquistada por él, porque Pedro de Vera se marchó de Gran Canaria, si bien dejó por lo menos un hijo, con familia y tal vez los Vera de estos tiempos sean descendientes suyos, aunque no lo sé de cierto, pero don Alonso, que fue nombrado Adelantado a comienzos de 1503, murió aquí.

Alonso de Lugo no paró de ir y venir a la Península, de moverse, de luchar, fracasar en Berbería, vender esclavos, trampear, recibir Residencias, o sea lo que hoy llamamos pliegos de cargo, denuncias, pero también fue hombre de sembrar los campos, plantar trigo, alzar ingenios de azúcar, repartir tierras, fundar La Laguna...Por 1498 debió casarse en segundas nupcias con doña Beatriz de Bobadilla, la viuda de Hernán Peraza el joven, señor de La Gomera, asesinado por los indígenas de la isla; esta señora murió en Medina del Campo en octubre de 1504, pocos días antes de la Reina Isabel, que fue el 26 de noviembre, suceso imposible de comentar en tan breve resumen. En 1514 volvió a casarse el Adelantado con doña Juana de Massières, dama de la corte de doña Germana de Foix (1488-1537), la segunda esposa de don Fernando el Católico (1452-1516). Don Alonso tuvo con doña Juana una hija, Luisa, que marcharon a la Península, al morir el Adelantado, y vivieron en Cuenca.

Alrededor de sus setenta años, debió morir Alonso de Lugo, bastante edad para aquella época; nunca vivió en la Villa Arriba lagunera, sino en la de Abajo, en la gran manzana que ocupa hoy el convento de las Catalinas, frente a la ermita de San Miguel, del que era muy devoto y la inclinación que hace la calle de La Carrera, al desembocar en la actual Plaza del Adelantado, no fue ocasionada para evitar la visión del lugar donde mataron a su hijo Fernando, pues éste vivía en 1510, y la orden de prohibir edificaciones en la Villa de Arriba es de 1500.

En su mocedad, desde Agaete debió soñar con apoderarse de aquella última isla, pedestal del Teide, y en el ocaso, desde las casas de su amigo, el portugués Diego Santos, el del barranco, cuando la claridad del día se traga las cortinas de nubes veía Gran Canaria, la isla de su juventud, desde la que fue un día su sueño.

Don Alonso murió en su casa o casas, como se decía entonces, el sábado 25 de mayo de 1525. Lo enterraron en San Francisco; esta iglesia sufrió un gran incendio y de 1810 a 1850 estuvo en ruinas. Los restos del Adelantado, bajo lápida, fueron exhumados, a instancias de un descendiente familiar, y recogidos en una caja que se conservó en la sacristía de San Francisco, hasta que en 1881 se llevaron a Los Remedios y al construirse la actual Catedral, se colocaron casi al comenzar la girola, lado de la Epístola, bajo un modesto túmulo que lo indica. Allí puede usted ir, amigo Florilán, porque no le han ocurrido a esos huesos como a los de otros que usted cita, pero la gente no suele fijarse, no se detiene a leer lo escrito. La verdad es que el Conquistador ha tenido mala prensa. Por cierto que, al descubrirse el lugar de su enterramiento en San Francisco, la gente recitaba esta redondidlla: "Aquí yace, según dice/ señor Pepe, el campanero/ los restos del bandolero/ que conquistó a Tenerife". Las personas entendidas dijeron que el autor fue don José Tabares Barlett. Y así lo oí contar en mi juventud.