Cultura y Espectáculos

"Siempre he procurado no estafarme"

Esta prestigiosa estudiosa, nacida en Tacoronte en 1910, ha escrito más de una treintena de libros sobre diversos aspectos de la literatura y la historia del Archipiélago. Todavía continúa en la brecha con un artículo semanal que publica los domingos en EL DÍA, aunque lo que le preocupa ahora es terminar su "Historia de la Literatura Canaria", por lo menos hasta el siglo XVIII.
R. GORROÑO, S/C de Tenerife
6/jul/03 20:19 PM
Edición impresa

María Rosa Alonso (Tacoronte, 1910) es toda una institución en el mundo de la cultura canaria. Es honesta, afable, muy ocurrente, amante del prójimo y del saber, excelente investigadora y pedagoga, además de una avezada periodista. A pesar de sus 93 años, posee una mente lúcida. Literatura, historia y periodismo son algunas de las áreas que ha investigado para los demás y publicado en una treintena de libros y numerosos artículos-ensayo.

Un agradable y sincero afán pedagógico, "cuidado con las erratas", advierte, late continuamente en sus palabras, que tienden a aclarar distintos episodios históricos a veces ignorados y otras alterados por intereses ajenos a la verdad.

María Rosa Alonso vivió en sus carnes las secuelas de la guerra civil española, por haber nacido en el seno de una familia republicana, ser independiente, tener ansias de saber y querer dedicarse a la enseñanza -impidieron que fuera catedrática en la Universidad de La Laguna-, y a la investigación. Más de nueve décadas de experiencia, mucha ilusión por finiquitar su "Historia de la Literatura Canaria" y el amor de sus seres queridos la mantienen alegre y risueña.

-¿Es verdad que usted ha reivindicado a La Laguna como centro de la cultura en Canarias?.

-No soy chauvinista, pero siempre he vivido en La Laguna. Hice el Bachillerato aquí y también estudié en la Universidad unas asignaturas comunes con la Facultad de Derecho, porque entonces no había Filosofía y Letras, que era lo que a mí me gustaba. Entonces, cuando tuve la oportunidad, durante la República, me dieron una beca en el Cabildo y me fuí a Madrid, con la fortuna de poder estudiar en la Facultad de Letras. Allí tuve a unos maestros inolvidables: Ortega, Morente, Américo Castro, Tomás Navarro, Montesinos y Agustín Millares Carlo (no lo acentúen nunca, es italiano).

-Tengo entendido que usted empezó a escribir artículitos en 1930 en La Prensa, algunos de los cuales han sido recogidos en la Biblioteca Canaria editada por EL DÍA con el título "San Borondón, signo de Tenerife. ¿Qué recuerda de aquella época?

-Cómo que articulitos. Víctor Zurita me puso en primera de La Tarde (aclara con orgullo). Era una chiquilla con veinte años y firmé con seudónimo, porque me daba vergüenza. Era para que no se enteraran en casa (ríe a carcajadas).

-¿De qué temas escribía, de literatura e historia?

-Mire, el primer artículo que escribí, en 1930, se titulaba "En torno a los libros de guerra, me empapucé con todos los libros que se escribieron sobre el tema tras la I Guerra Mundial. Ese mismo año empecé en La Prensa, en la que estaba Don Leoncio Rodríguez. Era una muchacha y Don Leoncio me tenía gracia y simpatía. Me quiso siempre mucho. Era un caballero, ya sabes, en aquella época los caballeros decían que las niñas eran para jugar y casarse, pero yo le caí en gracia. Don Leoncio era un gran señor, un hombre liberal. Yo no escribia más que de cosas históricas y, sobre todo, literarias. Hasta que llegó Franco.

-¿Fue duro, como mujer, dedicarse a los estudios literarios, cuando como usted dice las niñas estaban predestinadas a casarse?.

-No, tuve la fortuna de que en mi casa eran bastantes liberales.

-Me refiero al entorno.

-En el entorno tenía que disimularlo. Iba al Instituto con mis trencitas, entonces no llevaba libros para que no dijeran que era una niña intelectual. Por eso, al principio, escribí con seudónimo -María Luisa Villalba-. Recuerdo que un día me preguntaron, ¿tú sabes quién es?. Le dije: sí, esa alumna del Instituto, que era de La Gomera... Aunque nunca me han gustado los sinónimos ni las abreviaturas.

-¿Cuál fue el principal motivo que la animó a ir a Madrid. Estudiar Filosofía y Letras?

-No se adelante usted. Yo pasé aquí la República y me fui a Madrid con una beca que me dio el Cabildo, llevaba un buen expediente. Entonces era la dedocracia, no se hacían oposiciones, aunque ahora es peor. Estuve en Madrid desde 1933 al 36. Llegué aquí de vacaciones en junio, y el 18 de julio de 1936 fue la sublevación de Franco. Entonces me quedé. Fue inolvidable para mí. Porque no había más que examen de ingreso, el intermedio y el final. Yo estaba preparándome para el examen final y me pilló la guerra civil aquí. Entonces me quedé en casa, aguantando registros, que la gente no me saludara, porque mi familia era "roja". Mi madre y mis hermanas eran maestras, las castigaron bajándoles el sueldo. Mi padre había muerto, menos mal que éramos tranquilitas y no nos metieron en la cárcel. Entonces no tuve más remedio que hacer el servicio social, porque si no no me daban el título de licenciada. Con gran esfuerzo, dando clases particulares en el colegio de los Quintero, logré irme a Madrid en 1941 para hacer el examen final, y ya pude entrar en la Universidad de La Laguna (ULL), porque no había profesores de Latín, aunque el rector, que era franquista, no quería que entrase.

La marcha a Venezuela

-Fue profesora en la ULL desde 1942 a 1953, año en el que decidió irse a Venezuela, ¿por qué?.

-Me fui a Venezuela porque me dijeron que me habían denunciado en Madrid. En La Laguna llegué a ser profesora adjunta, pero me dijeron que no saliera de allí, porque no podía ser catedrática. Que no me empeñara, porque me había denunciado una persona, de la que dependían las cátedras, y a duras penas pude hacer la tesis. El dio la orden de que me pagaran lo menos posible la tesis sobre "El poema de Viana", me pagaron dos mil pesetas, menos de lo que me costaron las cinco copias que tuve que hacer. Yo quería ser catedrática por oposición aquí, aunque en el fondo, no sé si fue mejor. Fíjese, tengo otra visión del mundo. Entonces, como no tenía oportunidad en la Isla, me fui a Venezuela, donde estaban mi hermano y unos amigos de Murcia. No quise apoltronarme aquí, renuncié y me fui, aunque me costó mucho.

-Usted hacía la crítica literaria de la "Revista de Historia" que editaba la ULL. ¿Qué contenidos tenía?

-La idea era poner en serio lo que todavía no hemos logrado, que es deshacer entuertos en el sentido de que la gente sigue diciendo disparates. Por ejemplo, que el conquistador cambió la dirección de la calle La Carrera porque le mataron a su hijo. Es un disparate, porque aseguran que el conquistador dijo lo de la calle La Carrera en 1500 y el hijo estaba vivo en 1510. Nosotros queríamos que los cronistas de pueblo se enteraran, porque entonces era muy difícil consultar las actas. Gracias a Don Elías y Leopoldo de la Rosa se puso la historia seria de Canarias, porque una cosa es información y otra formación. La intención era poner un sentido científico a las Letras y la Historia canarias. En nuestra formación tener un rango serio y que la gente de fuera se diese cuenta de que aquí había personas que investigaban en serio.

-¿Eso fue el origen del Instituto de Estudios Canarios que usted preconizó?.

-Eso fue antes, en la época de la República. Mi idea era fundar una especie de Instituto de Estudios Catalanes. Fue darle un contenido que fuera anexo a la Universidad. Que tuviera carácter universitario y serio. Que no fuera una tertulia de amigos tomando chicharro y mojo.

-¿Cree que se mantiene ese espíritu con el que nació?

-Tiene gente joven. Lo que pasa es que es otra generación, pero por fortuna se conserva la seriedad. Aunque ahora se empeñan en que entre todo el mundo. ¿Para qué?. Si nadie hace nada. La gente es vanidosa, le gusta tener títulos y no sé para qué. Voy de vez en cuando y los respeto a todos.

-¿Se ha sentido maltratada o condenada al ostracismo?

-Un poco silenciada sí, pero me parece natural.

-¿Qué opina de la Academia Canaria de La Lengua?

-Ya he opinado sobre eso en dos artículos, y si usted quiere saberlo, los tiene que buscar, porque mi boca es un candado.

-¿Le han propuesto ser académica?.

-Sí, pero dije que no.

Dignidad

-¿Qué cualidades valora de las personas?-

La dignidad humana es lo que más me sorprende y encanta. No lo que vale una persona por lo que se crea. El intelectual es demasiado desagradable a veces, porque vale 40 y él cree que 80. Valoro la humildad, la modestia...

-¿Cuál ha sido la principal frustracción de su vida?

-Que se fuera la República y aquella España que pudo ser.

-¿Cómo ve la España actual?

-!Ay, dios santo¡. No la veo bien.

-Persona inquieta, crítica y rebelde, ¿Cómo ha manifestado esa rebeldía?.

-Siempre he protestado por lo que me ha parecido una injusticia a través de mis escritos y de mi vida. Siempre he procurado no estafarme, sino ser como soy. Siempre he estado segura de lo que no quiero, y de lo que quiero, a veces, me he podido equivocar.

-¿Le gustaría constituir una fundación o una biblioteca con sus fondos, como ha hecho Sebastián de la Nuez?

-Ahora, de momento, está parado el tema. No lo sé, no puedo decir nada.

-¿Qué opina de la infraestructura cultural que se está construyendo en la isla, Auditorio, el Instituto Oscar Domínguez..?

-Me parece precioso, pero creo que hay que atender otras necesidades más primarias como, por ejemplo, que no haya pobres.

IMPRESIONES

"Gaceta de Arte"

Esta pulcra y exigente investigadora conoció a los miembros de "Gaceta de Arte", aunque cuando André Bretón vino a Tenerife en 1935 ella estaba en Madrid. "La gente de Gaceta de Arte fue muy valiosa, pero ninguno era universitario, y no es que fuera malo. Destaca el valor de aquella gente, por que fue la primera vez que Canarias se asomó a la literatura de Europa occidental. Realmente el factotum fue Eduardo Westerdahl, porque la literatura estaba un poco en segundo término con respecto al arte, que era lo que patrocinaba Westerdahl. Los conocí mucho, pero me llevaban ocho o diez años. Domingo Pérez Minik era una criatura encantadora y sabía de literatura inglesa para parar un camión, aunque lo empezaron a conocer tardíamente. La guerra civil también les fastidió mucho. A Westerdahl, como su padre era sueco, no le pasó nada. Mataron al pobre Domingo López Torres; Emeterio Gutiérrez se desvió a la derecha y García Cabrera se quedó en la izquierda. Todos eran buenísimos poetas. Nunca ha vuelto a haber un movimiento de aquella importancia.