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Dibujos animados... ¿O desanimados?

Las series de animación que proliferan en los canales de televisión han dado un salto cuantitativo hacia una audiencia indefinida. Parece que los creadores de los nuevos personajes persiguen más el despotismo en los diálogos y situaciones que un verdadero interés por formar a los destinatarios.
T. IZQUIERDO, S/C de Tfe.
10/jul/03 18:24 PM
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Los horarios en los que estas controvertidas siluetas aparecen a través de la pequeña pantalla son más que discutibles, pues la potencial audiencia, por más que se empeñen los programadores, no entiende ni está en situación de seguir sus líneas argumentales. De igual forma son ocupadas las franjas que tradicionalmente estaban destinadas a los menores para otros contenidos poco alentadores.

Las propuestas de series de animación son variadas y proceden de muy diversos lugares del planeta donde la globalización está presente. La era japonesa se divide desde la más pura y estrepitosa acción de monstruos y superheróes indestructibles, hasta el más refinado status contemporáneo que confunde a un telespectador con edades donde es fácil orientar su comportamiento.

Luego aparece, progresivamente, un nuevo producto norteamericano, que describe situaciones cotidianas y con demasiadas verdades sobre las carencias de las personas mayores. La televisión actual es un negocio; una actividad que responde a un mercado y a la necesidad de cubrir las inversiones.

Los expertos y los padres preocupados por los productos que los hijos ven en la pequeña pantalla coinciden en que "se ha depositado la labor de los educadores, de manera paradójica, pensando en que las televisiones sirven para socializar, pero quizá son todo lo contrario", comenta Wenceslao Peñate, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna. Peñate comentó que los productos que ahora están recibiendo más críticas desde la sociedad, como pueden ser las series como "Shin Chan" o "South Park", "responden a tendencias", y señaló que si son programadas es porque las cadenas "entienden que son parte de su negocio". Respecto al papel predominante que las diferentes series están imponiendo en la "socialización" de los más pequeños, Wenceslao Peñate aseguró que "lo deben recuperar los padres y la escuela, y no dejarlo en manos de los medios, pues son los que programan en función de sus propios intereses y no parece que lo hagan respondiendo a la difusión de los valores". El decano de la Facultad de Psicología de la ULL indicó que "hemos pensado que los medios de comunicación nos iban a ayudar en nuestra labor educativa, y por ello hemos depositado a los niños delante de la pantalla, y no hemos prestado la suficiente atención a este fenómeno", que entre otras consecuencias, dijo, favorece que el niño imite a los personajes, "cuando a quien debería imitar es a los propios padres".