Tenerife Norte

Wildpret: ?No es un disparate aventurar que al Drago le quedan unos 200 años?

El prestigioso catedrático de Botánica ahonda para EL DÍA en su tesis sobre la antigüedad del emblemático árbol de Icod de los Vinos, que, en línea con otros investigadores, sitúa en unos 400 años. A su juicio, sólo el paso del tiempo diluirá la ""leyenda"" de su carácter milenario.
EL DÍA, Icod de los Vinos
24/jul/03 18:41 PM
Edición impresa

La tesis no es nada nueva. Contradice lo expuesto por Alexander von Humboldt y se maneja desde poco después del viaje del célebre naturalista prusiano. En 1972, el catedrático de Botánica Carl Mäegdefrau, de la Universidad de Munich, la confirmó en la revista especializada Flora y fue ratificada después por diferentes expertos, incluso mediante folletos publicados por el Gobierno regional. Sin embargo, mucha gente continúa resistiéndose a aceptar que el Drago de Icod de los Vinos, símbolo del municipio y de la Isla, no es milenario, por lo que nos encontramos ante el dilema del mito y el logos.

Wolfredo Wildpret, prestigioso catedrático de Botánica y profesor emérito de la Universidad de la Laguna, reabrió la polémica el pasado lunes en la conferencia inaugural de la Universidad de Verano de Adeje. En declaraciones a EL DÍA , Wildpret insiste en que el drago icodense sólo tiene unos 400 años de antigüedad y que, por la experiencia con otros ejemplares famosos, como el de Franchy, también en Icod, ""no resulta un disparate aventurar que le quedan unos 200 años de vida"".

Según los cálculos efectuados, el drago más longevo en las Islas fue precisamente el de Franchy, que vivió entre 500 y 600 años y que desapareció por efecto de una gran tormenta. Tomando esa referencia, Wildpret cree que al actual símbolo icodense le pueden quedar unos 200 años, aunque aclara que está expuesto a posibles contrariedades atmosféricas, si bien subraya que se encuentra más protegido y conservado que nunca.

El profesor comprende la resistencia a aceptar que el Drago no es milenario, pero considera que, con el paso del tiempo, acabará arraigándose e imponiéndose ""la verdad científica. Ocurrió con Darwin -afirma- y ha pasado en otras muchas ocasiones. Lo que pasó con el Drago es que Humboldt, admirable por toda su labor, se quedó maravillado con el de Franchy y sostuvo que se trataba de una planta milenaria. Eso se extendió y se asumió como cierto, pese a que, desde el principio, se negó la tesis. De hecho, el especialista Lindinger se opone a la leyenda en un artículo publicado por ""El Eco del Comercio"" durante la Primera Guerra Mundial. También Leoncio Rodríguez, un protoconservacionista que sintió de verdad la naturaleza canaria, rechazó el carácter milenario, lo que fue confirmado en 1972 por Carl Mäegdefrau"".

Pese a estas evidencias, Wildpret lamenta que en las inmediaciones del Parque del Drago, que diseñó junto a su mujer y Miguel Ángel Estévez, se haya colocado un letrero ""nada estético"" y en varios idiomas que afirma que el árbol es milenario. También critica que, con el paso de los años, las entidades que han gestionado el lugar hayan dejado de consultarles y se hayan cometido diversos errores de tipo botánico o de cuidado del recinto, ""ya que se ha permitido la presencia de animales como gallinas"".

Esto no le impide mostrar su orgullo su trabajo en el parque, ""donde la tierra ha respondido mejor de lo que esperaba, convirtiéndose el lugar en una referencia para múltiples naturalistas que vienen de fuera y en visita obligada con mis alumnos de la universidad"". Según señala, la creación del parque fue necesaria porque el Drago ""estaba sufriendo. El recinto es algo espléndido, si bien le pongo peros al quiosco de la entrada y también a que los guías turísticos, por las comisiones, opten por evitar la entrada de visitantes por entender que pierden una hora"".

La tesis no es nada nueva. Contradice lo expuesto por Alexander von Humboldt y se maneja desde poco después del viaje del célebre naturalista prusiano. En 1972, el catedrático de Botánica Carl Mäegdefrau, de la Universidad de Munich, la confirmó en la revista especializada Flora y fue ratificada después por diferentes expertos, incluso mediante folletos publicados por el Gobierno regional. Sin embargo, mucha gente continúa resistiéndose a aceptar que el Drago de Icod de los Vinos, símbolo del municipio y de la Isla, no es milenario, por lo que nos encontramos ante el dilema del mito y el logos.

Wolfredo Wildpret, prestigioso catedrático de Botánica y profesor emérito de la Universidad de la Laguna, reabrió la polémica el pasado lunes en la conferencia inaugural de la Universidad de Verano de Adeje. En declaraciones a EL DÍA , Wildpret insiste en que el drago icodense sólo tiene unos 400 años de antigüedad y que, por la experiencia con otros ejemplares famosos, como el de Franchy, también en Icod, ""no resulta un disparate aventurar que le quedan unos 200 años de vida"".

Según los cálculos efectuados, el drago más longevo en las Islas fue precisamente el de Franchy, que vivió entre 500 y 600 años y que desapareció por efecto de una gran tormenta. Tomando esa referencia, Wildpret cree que al actual símbolo icodense le pueden quedar unos 200 años, aunque aclara que está expuesto a posibles contrariedades atmosféricas, si bien subraya que se encuentra más protegido y conservado que nunca.

El profesor comprende la resistencia a aceptar que el Drago no es milenario, pero considera que, con el paso del tiempo, acabará arraigándose e imponiéndose ""la verdad científica. Ocurrió con Darwin -afirma- y ha pasado en otras muchas ocasiones. Lo que pasó con el Drago es que Humboldt, admirable por toda su labor, se quedó maravillado con el de Franchy y sostuvo que se trataba de una planta milenaria. Eso se extendió y se asumió como cierto, pese a que, desde el principio, se negó la tesis. De hecho, el especialista Lindinger se opone a la leyenda en un artículo publicado por ""El Eco del Comercio"" durante la Primera Guerra Mundial. También Leoncio Rodríguez, un protoconservacionista que sintió de verdad la naturaleza canaria, rechazó el carácter milenario, lo que fue confirmado en 1972 por Carl Mäegdefrau"".

Pese a estas evidencias, Wildpret lamenta que en las inmediaciones del Parque del Drago, que diseñó junto a su mujer y Miguel Ángel Estévez, se haya colocado un letrero ""nada estético"" y en varios idiomas que afirma que el árbol es milenario. También critica que, con el paso de los años, las entidades que han gestionado el lugar hayan dejado de consultarles y se hayan cometido diversos errores de tipo botánico o de cuidado del recinto, ""ya que se ha permitido la presencia de animales como gallinas"".

Esto no le impide mostrar su orgullo su trabajo en el parque, ""donde la tierra ha respondido mejor de lo que esperaba, convirtiéndose el lugar en una referencia para múltiples naturalistas que vienen de fuera y en visita obligada con mis alumnos de la universidad"". Según señala, la creación del parque fue necesaria porque el Drago ""estaba sufriendo. El recinto es algo espléndido, si bien le pongo peros al quiosco de la entrada y también a que los guías turísticos, por las comisiones, opten por evitar la entrada de visitantes por entender que pierden una hora"".

"Derecho a la muerte"

Wolfredo Wildpret (foto) subraya que la muerte del Drago no hay que contemplarla como una pérdida insustituible, sino como un paso más en la cadena de la vida en la biosfera. ""Todos los seres vivos tenemos derecho a la muerte. Eso ha de asumirse así, sin más"", recalca. Sobre la conservación del Drago, asegura que ""se ha hecho todo lo posible, hasta el punto de que se ha rejuvenecido y ahora muestra una gran floración, que puede ser incluso perjudicial porque aumenta su peso y, dado que sus ramas son huecas, se incrementa el riesgo de desgaje por una tormenta"". El catedrático no resta mérito a los dragos, pero insiste en que el símbolo vegetal de las Islas son las palmeras canarias, ""extendidas por todo el mundo y que pueden servir de excelentes promotoras"". Sobre esto, lamenta que se empleen mensajes como ""Canarias, naturaleza cálida, puesto que no es cierto, ya que, de lo contrario, no tendríamos el monte que tenemos ni las temperaturas en sitios como La Laguna. Estos errores los provoca gente que no es de aquí y que están contaminando nuestra idiosincrasia e identidad"".