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Lucieron muy poco

El Real Madrid se llevó el Trofeo Valencia Naranja al imponerse en la tanda de penaltys al conjunto anfitrión, con el que empató sin goles en el tiempo reglamentario. En un partido abierto, las mejores ocasiones fueron para el conjunto que prepara Rafael Benítez, pero se encontró con los postes.
18/ago/03 11:49 AM
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Un desdibujado Real Madrid se adjudicó por segunda vez el Trofeo Naranja al imponerse después de 14 penaltys a un Valencia que fue mejor durante el partido, pero que se estrelló contra los postes, en tres ocasiones, contra un gran Casillas y contra su tradicional falta de pegada. Y eso que el brasileño Oliveira apuntó excelentes maneras, con velocidad, desmarque, regate, tiro y corpulencia. El que pasó otra vez sin pena ni gloria por Mestalla fue Beckham, que no aportó casi nada y sólo jugó poco más de una hora. Como cuando militaba en el Manchester United. Mucho mejor estuvo Esteban Cambiasso, que ejerció bien de Makelele y, además, anotó el penalty decisivo.

La cita fue espesa, pero ya se pareció algo más a un duelo oficial que a los superfluos bolos veraniegos. Aunque los contendientes todavía acusaron falta de rodaje, sobre todo los de Queiroz debido quizás a su atípica pretemporada asiática, "ches" y merengues demostraron que se tienen ganas. Se vio que son rivales directos y que no quieren conceder ventajas psicológicas al adversario a sólo 15 días del arranque liguero. Sí se notó más que era un amistoso en la grada, primero porque estaba semivacía y después porque había presencia notable de hinchas madridistas, gran parte veraneantes en la costa valenciana.

Más allá del resultado, el Valencia demostró que funciona mejor como bloque, que al menos por ahora está más y mejor cuajado física y tácticamente. Tuvo más equipo pero menos individualidades, ya que dejó patente que tiene que hacer mucho para extraer rentabilidad. Y el Madrid, todo lo contrario. Posee jugadores de tanta calidad que, sin hacer nada del otro mundo, siempre dio la sensación de que puede desequilibrar.

El Valencia, presionante como de costumbre, se encontró feliz dejando el balón y la iniciativa, robando y saliendo con velocidad al contragolpe. La verticalidad y desborde de Aimar y Vicente hicieron mucho daño a la zaga madridista y el brasileño Oliveira dejó detalles de gran fichaje, aunque, a ser verdad, no acertó en el remate final. Sólo en la primera parte dispuso de dos excelentes oportunidades, pero cabeceó alto y después lanzó al poste. Además, Casillas estuvo inmenso para rechazar tiros de Vicente, en dos ocasiones, Baraja y Albelda.

En su primer partido serio, ya que los rivales chinos, japoneses y tailandeses están bien para ganar dinero pero no para sacar conclusiones futbolísticas, el Madrid dibujó las virtudes y defectos ya apuntados. Cambiasso estuvo correcto en el puesto de Makelele, pero al equipo le faltó salida, unión entre centrocampistas y delanteros. La defensa estuvo más atenta de lo habitual, con un Helguera inmenso, pero hacia adelante el equipo se ahogó por el centro.

La causa de este embudo fe la superpoblación humana, ya que Beckham y Figo, los teóricos hombres de banda, tienen una tendencia acentuada a venirse al medio y dejar huérfanas las bandas. Zidane fue el mejor y pudo marcar en un fortísimo disparo que desvió Palop, que antes vio como un toque sutil de Ronaldo se marchó por poco. El brasileño, empero, apenas apareció, igual que Raúl y que Beckham.

El partido decayó muchísimo en la reanudación, en gran parte debido al típico carrusel de cambios. Queiroz modificó su idea inicial y probó con Figo a la derecha y Beckham en el centro, hasta que a los 63 minutos entró Guti por el inglés. El siguiente en irse fue Ronaldo, y después Zidane. Benítez dio minutos al uruguayo Canobbio, el fichaje del que se quejó y que lanzó un extraordinario zapatazo al poste, y fue abucheado al retirar a Ayala.