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SANTA CRUZ y su puerto, eje central de la Isla


S. LOJENDIO, S/C de Tenerife
31/ago/03 12:19 PM
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En la descripción que el ingeniero militar Leonardo Torriani hace de Santa Cruz a finales del siglo XVI, se refiere al lugar como "una villa que consta de doscientas casas, ha-bitadas por pescadores y marineros. Su fortaleza es la mayor y me-jor acomodada de todas las demás de estas islas", y también constata que "este puerto, que antiguamente se llamaba Añazo (...) es famoso por el comercio y las mercancías de tantos navíos que vienen aquí desde regiones muy lejanas para cargar frutas".

En el actual barrio de El Cabo plantó el conquistador la cruz, creándose en torno suyo el núcleo originario de la capital, donde ya en los últimos años del siglo XV comienza a formarse, paulatinamente, una sociedad heterogénea integrada por soldados, marineros, mercaderes y los propios guanches.

A comienzos del siglo XVI, San-ta Cruz ya contaba con un desembarcadero de tres peldaños y empezaba a ser codiciada por su valor estratégico como escala para las rutas hacia América. En 1.676, su población la componían 2.334 almas, que en 1.688 llegaban a ser 2.491, aunque La Laguna seguía siendo el lugar hegemónico.

En el siglo XVIII, la desaparición del puerto de Garachico y el hecho de que los capitanes generales fijen desde 1723 su residencia en Santa Cruz, demuestra el au-ge que se generaba alrededor del puerto, con el consiguiente incremento de población, que culminaría en el siglo XIX con el título de ciudad y la declaración de capital del Archipiélago.

El despegue

A principios del XIX, el núcleo de población seguía siendo reducido. Los límites eran la calle del Norte (Valentín Sanz) y la de San Roque (Suárez Guerra); la iglesia del Pilar estaba en un extremo y el Camino de los Coches era un desierto.

Los solares y las huertas representaban una estampa típica y las sociedades constructoras se pusieron manos a la obra, mientras los responsables municipales mostraban su preocupación por el alineado y la adecuación de los caminos ante la anarquía constructiva: el primer plan general de ordenación urbana se publicó en 1952.

La ciudad, impulsada por el floreciente comercio de su puerto, trazaba su expansión. De este siglo, además de los edificios del teatro, la Capitanía General y el ayuntamiento, son el ensanche del Barrio Nuevo, al que siguió el Barrio Duggi y el camino de La Laguna (rambla de Pulido), junto a los trabajos en el triángulo formado por este camino, la Rambla y 25 de Julio, además del proyecto residencial del barrio de los Hoteles.

En 1860, Santa Cruz acogía 14.146 habitantes, 13.980 nacionales y 166 extranjeros, una población que a fines de aquella centuria ascendía a 38.419 almas. Hacia la capital, foco de atracción, convergían flujos venidos desde otros municipios y desde otras islas, para emplearse como mano de obra; también se encuentran peninsulares, ya sean militares o personal ligado a la administración, y de extranjeros, que sin ser numerosos, siempre han estado presentes.

Por su parte, los flujos migratorios hacia Cuba, aún colonia española, y Venezuela continuaron siendo una válvula de escape.

En los inicios del siglo XX, y tras la depresión que representó el período de la primera guerra mundial, Santa Cruz contaba en 1920 con una población de 52.432 habitantes, por lo que, demográficamente, pasaba de ser lugar a convertirse en ciudad.

Por entonces, en el camino de Salamanca se desarrolló el barrio del mismo nombre y, paralelamente, el del Asilo, que en 1931 se llamó de Uruguay, una zona que se urbanizó y edificó principalmente entre los años 1935 y 1960.

En dirección oeste se trazaron los núcleos urbanos de Perú y La Salud, primeros resultados de ba-rrios obreros por la venta de suelo barato en la Cruz del Señor.

El Mando Económico construyó el barrio de García Escámez en la década de los 40 y se promocionaron otras zonas sociales en Vuelta de los Pájaros, Somosierra, Santa Clara y San Pío X, mientras que La Salle, Buenos Aires, Las Delicias y La Victoria se deben a la iniciativa privada.

La ciudad tendía a completar los espacios vacíos que quedaban en las dos grandes vías de penetración y salida: la carretera general a La Laguna, que se delineó a principios de siglo y por la que ya asomaba el barrio lagunero de La Cuesta, y la autopista, por Ofra, mientras se veía obstaculizada hacia el Sur por el tapón que suponía la refinería.

Por su parte, la accidentada orografía dificultaba la expansión ha-cia la zona occidental del municipio, donde aparecían pequeños núcleos aislados: Taganana, Almáciga, Azanos, Chamorga.., si bien a lo largo de la carretera que conduce hasta San Andrés proliferaba una sucesión de barrios que, aprovechando la cercanía de la vía que conecta con la playa de Las Teresitas, abierta al ocio desde la dé-cada de los sesenta, han ido creciendo encaramados a las laderas de las montañas.

En 1970, Santa Cruz contaba con una población de 151.361 habitantes, que se vio incrementada en algo menos de 15.000 re-gistros y en 13 kilómetros cuadrados de superficie cuando, en 1972, el Ayuntamiento de El Rosario le cedió los núcleos de Ba-rranco Grande, El Sobradillo, El Tablero, Taco, Llano del Moro, San Isidro, Santa María del Mar y el polígono de El Rosario.

Una buena parte del crecimiento poblacional del municipio en la etapa más reciente está relacionado, no con el crecimiento vegetativo, sino con la intensidad de las corrientes migratorias.

El peso que representa en el pa-drón municipal la población nacida en Santa Cruz, un 57 por ciento, puede ocultar la trascendencia del fenómeno de los flujos de inmigrantes (canarios, peninsulares y extranjeros) que, atraídos por las enormes posibilidades laborales y de inversión que les procura la ca-pital, fijan su residencia en un lugar que concentra organismos oficiales y es sede de grandes empresas y, por tanto, de actividad comercial y de intercambio.

El colectivo americano posee una cierta diversidad de procedencias y constituye el conjunto dominante. La comunidad venezolana representa el flujo de mayor incidencia, y se relaciona con la emigración de retorno, al igual que la penetración de cubanos. Junto a ellos, sobresale el progresivo au-mento de los oriundos de Colombia y de Argentina, que se establecen también en la periferia.

El asentamiento de europeos, alemanes y británicos en su mayoría, responde más a motivaciones de grado empresarial y alta cualificación laboral, y son grupos que suelen localizarse en el centro ur-bano y su ámbito circundante.

Entre los africanos, por su parte, destacan cada vez más los grupos de naturaleza magrebí o subsahariana, relacionados con el mercadeo y la venta ambulante.