Sucesos

Falleció Casimiro Álvarez, toda una institución de la Justicia en Canarias

Nacido en León en 1932, casado y padre de tres hijos, desde que obtuvo su primer destino en Grado (Asturias) dedicó toda su vida a la Justicia. Distinguido en varias ocasiones, siempre se caracterizó por su dedicación a su familia y al trabajo en juzgados de El Hierro, Granadilla, Icod y Santa Cruz de Tenerife.
EL DÍA, S/C de Tenerife
4/sep/03 10:17 AM
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Casimiro Álvarez Álvarez nació en León el 21 de noviembre de 1932. Hombre culto y con una personalidad fuera de lo común, hizo de las leyes su vida llegando a dejar huella en funcionarios, agentes, auxiliares, jueces y magistrados, entre otros.

Tras culminar sus estudios obtuvo su primer destino en 1964 como juez en Grado (Asturias) para, posteriormente, trasladarse a El Hierro, donde conoció a Mayte Castañeda Fuentes, con la que contrajo matrimonio, fruto del cual nacieron dos hijas (Sonia y Mayte) y un hijo (Jesús).

Mayte Castañeda es catedrática de instituto y, como buena isleña, tanto su familia como ella transmitieron a don Casimiro el calor familiar tan característico por estas tierras. Su hijo es abogado, una de sus hijas, estomatóloga, y la otra es funcionaria de la Comunidad Autónoma canaria.

Para los que lo conocieron, Casimiro Álvarez siempre será ""don Casimiro"" y sobran más comentarios, ya que por sí mismo era alguien singular no sólo por su forma de ser, sino también de estar, dentro y fuera de una sala de vistas.

Fue un magistrado que en Sala hacía que las leyes se cumplieran para ricos y pobres, para los más doctos y para los menos, y en los pasillos era una persona que solía andar erguida, actitud que transmitía a los allí presentes, que sentían que debían mantener la compostura ante él.

Pantalón gris claro, camisa azul y pipa -que no llevaba encendida-, pelo blanco, muy, muy blanco, gafas y siempre algún papel entre las manos. Riguroso, en ocasiones sobrecogedor, pero, en definitiva, don Casimiro, el presidente.

Ayer, el Palacio de Justicia de Santa Cruz de Tenerife no era el mismo, alguien muy especial faltaba. Murió con las ""botas puestas"", como reza el título de un western, ya que no se jubiló, él no podía vivir sin su Sala 12, y su Sala 12 (metafóricamente hablando) será muy difícil que se haga a la idea de ver que su sillón y su toga ya no están ahí.

De él todos dicen que sus dos únicas pasiones eran su familia, a la que adoraba, y su trabajo. Cierto es que fines de semana y tardes se le podía ver entrar a trabajar cuando pasillos, salas y bibliotecas, entre otras dependencias, estaban vacías.

Era incansable y lo demostró en su ejercicio profesional en destinos como Granadilla de Abona, Icod de los Vinos, así como en los Juzgados Número Dos y Uno de Santa Cruz de Tenerife. En 1987 recibió el nombramiento de presidente de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife y desde entonces trabajó sin descanso. Asimismo fue presidente de la Junta Electoral Provincial de Zona y decano de los Juzgados de Santa Cruz.

Casimiro Álvarez Álvarez fue reconocido con la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, con la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco y con la Cruz con Distintivo Blanco de la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil.

Años atrás y con respeto

Respetuoso siempre, nunca tuvo un mal comentario, pero sí le gustaba que las cosas se hicieran como debían.

Años atrás, cuando aún no se había construido el Palacio de Justicia y los juzgados se ubicaban en los anexos de la iglesia de San Francisco, un edificio histórico y falto de comodidad, se llegaba a ver a algún jubilado que, para matar el tiempo, acudía a la Sala de lo Penal de este magistrado a ver los juicios que él presidía.

Durante esa época, compartían estrado con esta institución de la Judicatura Óscar Torres y Manuel Díaz Sabina, amigos y excelentes profesionales.

Entre los abogados, magistrados y personal de la Administración de Justicia se palpaba ayer la perplejidad que ha causado la noticia de este fallecimiento, llegando a recibir en la Sección Segunda numerosas llamadas desde todos los estamentos para confirmarla y manifestar el hondo pesar.