Tenerife Sur

Una calle de Arafo para don Vicente


7/sep/03 19:42 PM
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Cincuenta años de ejercicio en cualquier profesión es un lapso más que suficiente para valorar el quehacer de una persona u organismo de gobierno en vocacional servicio. Y cuando esto se da en un ámbito social o religioso, su influjo, además de resultar más llamativo, comporta una consistencia moral que cala hondo en la conciencia humana. El ponerse a tono con lo que se llama justicia ha sido siempre como un evangelio que nos llega, dando relieve sencillo y a la vez austero a lo que se juzga, siempre positiva tesitura. Por eso, cuando un hecho de tal significado se produce sentimos sano orgullo, y damos gracias a Dios por ello.

Y este es el caso que en los próximos pasados días hemos tenido en la bonita Villa de Arafo, en la que una saludable actitud de amores compartidos, el Ayuntamiento que preside el ilustrísimo señor alcalde don Domingo Calzadilla y el párroco de esta sureña localidad, don Vicente Jorge Dorta, se dieron la mano en un acto esclarecido que significaba grandeza de alma en un muy merecido reconocimiento: se trató por parte del organismo municipal, de la rotulación de una céntrica calle con el nombre de don Vicente, párroco de Arafo por muchos años ya, y siempre ejercidos en flor de humildad en una misión evangélica que todos los vecinos estiman y reconocen, y que venía a ser algo así como un valioso premio a su director espiritual, aprovechando la señalada fecha del medio siglo de su ordenación sacerdotal, siempre en fraternal entrega.

A dicho acontecimiento, que resultó multitudinario, respondieron pueblo y Ayuntamiento en verdadero acto de fe que a la Villa le dio satisfacciones y a su párroco sosiego y un placentero sentimiento de espiritual quietud. Medio siglo de pruebas amorosas y sociales quisieron ser recompensadas mediante un gesto que mucho tuvo de humano, pero que en lo espiritual tocaba con el Cielo. Hasta yo puse el corazón en un escrito que allí fue leído, aunque mi presencia física no pudo ser posible por razones de salud, cosa que de veras sentí ya que don Vicente entra de lleno en mi desde que allá en tiempos fue él dilecto alumno en el aula de una escuela que regenté en San Juan de Güímar.

Por tanto bien manifestado, termino poniendo mi alma entre el lindo pueblo de Arafo y don Vicente.

Enhorabuena.