Cultura y Espectáculos

Los colectivos musicales piden voz y voto

Representantes de las asociaciones tinerfeñas que aglutinan a compositores y musicólogos, a los melómanos y a los amigos de la ópera y de la zarzuela quieren que el Auditorio no haga tábula rasa de sus iniciativas y que se cuente con ellos para dar un nuevo impulso a la vida cultural de la Isla.
EL DÍA, S/C de Tenerife
7/sep/03 20:23 PM
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Gracias al esfuerzo de diversos colectivos y al padrinazgo económico de las instituciones públicas, la música clásica en Canarias ha sobrevivido en una época y en un contexto social y mercantil dominado por los ritmos caribeños. Sin embargo, el Archipiélago posee dos orquestas de renombre, un controvertido pero consolidado festival de música, eminentes profesores e intérpretes y un conjunto de asociaciones encargadas de preservar este bien cultural, diversificado en manifestaciones como la ópera, la zarzuela, la composición, la enseñanza y la divulgación.

Representantes tinerfeños de estos colectivos protagonizan el debate de este domingo. Son Rosario Álvarez, presidenta de la Asociación de Compositores y Musicólogos de Tenerife (COSIMTE); Miguel Jaubert, titular de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Música (ATADEM); Javier Martínez, presidente de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Ópera (ATAO), y José Cruz, vicepresidente de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Zarzuela. Las instuticiones no estuvieron representadas en la reunión, ya que, por diversos motivos, no pudieron asistir ni Miguel Delgado, nuevo consejero de Cultura del Cabildo, ni José Luis Rivero, actual gerente en funciones del Auditorio.

Varias claves afloraron a lo largo del debate, en el que algunos de los participantes matizaron, cuando no desaprobaron abiertamente, la terminología aplicada a la música clásica, también llamada "culta" o "seria". Por un lado, la regresión experimentada en el campo de la cultura musical en Tenerife, que a juicio de los contertulios presenta un evidente retraso respecto a Las Palmas; por otro, el problema asociativo, crónico en las Islas (es decir, la falta de relación y colaboración de los distintos colectivos implicados); a ello se une un cuerpo de aficionados homogéneo, al que no se incorporan miembros de las nuevas generaciones, atraídos por otro tipo de estéticas musicales. De forma unánime, los participantes coincidieron en que el futuro Auditorio ha de ser un importante centro de actividades musicales, pero que no debe monopolizar toda la iniciativa en este campo. En opinión de los invitados, es justo y necesario contar con los colectivos que desde hace años vienen trabajando en pro de la cultura musical en la Isla, por lo que la puesta en marcha de la nueva infraestructura no debe conducir a hacer tábula rasa de sus iniciativas.

Creación de público

Como bien cultural, la música clásica acapara inversiones millonarias costeadas con dinero público y, sin embargo, no sólo decrece la demanda para esta oferta, sino que, como señala Javier Martínez, "apenas surge un público nuevo".

El presidente de ATAO no vacila en hablar de "regresión". "No ha habido una política cultural seria ni coherente -afirma-. La música clásica se subvenciona, pero sin argumentos que justifiquen esa inversión ante la opinión pública. El público no sale de la nada. Hay que crearlo y no se está haciendo".

En esta labor está empeñada ATADEM, que periódicamente programa conciertos introductorios orientados al público infantil y juvenil. "Que los jóvenes asistan a conciertos y vean a otros jóvenes tocar sobre un escenario es un primer estímulo que puede dar sus frutos en el futuro y animar a muchos de ellos al estudio", aduce Miguel Jaubert.

Crear público para la música conlleva una educación que no se le da. De esta opinión es José Cruz, quien denuncia el déficit de España respecto a otros países, donde la música se aprende desde el colegio. Resultado: "no tenemos base".

En parecidos términos se expresa la catedrática de Musicología Rosario Álvarez, para quien formar un publico en este ámbito implica "educar al alumno en el conocimiento de la historia de la música, no sólo del instrumento".

En su opinión, "recitales, cursos, conferencias son también necesarios para que ese público se forme y venza el miedo a asistir a un espectáculo cuyo mecanismo ignora".

Miguel Jaubert sostiene que la labor de divulgación de la música no debe ser delegada "ni en las autoridades ni en nadie". "Somos nosotros, las asociaciones, quienes debemos asumir esa responsabilidad". Cruz objeta que "estamos en un contexto insular poco asociativo", en el que cada colectivo funciona de manera aislada, mientras que Rosario Álvarez insiste en la desidia de las administraciones públicas, que no apuestan por la educación pero luego quieren llenar los recintos.

"Nadie se arriesga", constata la catedrática y presidenta de los musicólogos, "ya que ésta es un labor lenta cuyos resultados se obtienen a largo plazo".

Relación oferta-demanda

El debate dejó claro que en Tenerife sí existe oferta musical, pero algo dispersa y con una acogida irregular entre el público.

Los conciertos de las orquestas Sinfónica y Clásica, los festivales de música, ópera y zarzuela, el encuentro estival de piano y el que se celebra en la Casa del Vino, los conciertos sacros en los templos de Santa Cruz y La Laguna, así como los recitales de CajaCanarias son algunas de las iniciativas que se convocan periódicamente.

Ello empuja a Álvarez a concluir que en Tenerife existe "más oferta que demanda", aunque, con este argumento, replica Javier Martínez, "el Auditorio será un centro infrautilizado".

Sin embargo, el propio presidente de ATAO revela la condición invariable y estática del público que asiste a los conciertos en Tenerife. "Si nos vamos a un hotel del Sur -ironiza- cabríamos todos".

La edad media del público que asiste a este tipo de eventos en Santa Cruz es alta; pero en La Laguna, señala Rosario Álvarez, es precisamente el público joven el que mayoritariamente acude a las audiciones de la Orquesta Clásica.

La causa se encuentra, a juicio de otros invitados, en la gratuidad de estos y otros conciertos, como el extraordinario de Navidad o el de las fiestas laguneras del Cristo. Álvarez atribuye el éxito de estas convocatorias a que la música clásica "se saca del lugar al que la gente se resiste a asistir".

"Sin embargo", añade, "hay que decirle a la gente que la cultura hay que pagarla, como se paga otro artículo. Todo el día nos quejamos a Papá Estado de que no nos da oportunidades y, cuando las da, no queremos pasar por taquilla".

La teoría de que el precio de las entradas retrae al público no es compartida por todos los invitados. Según Javier Martínez, "en cada economía familiar hay una partida reservada a ocio y cultura. Pero lo curioso es que la inversión en música es lo que despierta asombro entre la gente. Al parecer, gastarse dinero en un restaurante es normal, pero no en un abono".

Conservar la iniciativa

El intervencionismo de los poderes públicos en el terreno de la música clásica, convertido en trampolín promocional y foco de intereses políticos y económicos, no fue soslayado por varios de los invitados, que insistieron en reservar un margen de maniobra para aquellas asociaciones que, como la ATAO o los Amigos de la Zarzuela, llevan muchos años "en la brecha".

En general, se pide el concurso de las instituciones, pero sin que esa ayuda comporte asfixiar o absorber otro tipo de iniciativas. Canalizar y no dirigir, ésa es la demanda de los colectivos.

El portavoz de los Amigos de la Zarzuela dejó constancia de que, ahora mismo, es imposible dar un paso en la Isla sin que el Cabildo lo sepa. Cruz aboga por que la Administración pública no monopolice la gestión de la iniciativa cultural en la Isla, ya que de lo contrario, y como corrobora Javier Martínez, "estamos perdidos".

Rosario Álvarez recuerda que, para evitar precisamente la mediatización del poder público, se crearon en el siglo XIX las sociedades filarmónicas.

"Ahora sucede justamente lo contrario", tercia Javier Martínez, "se trata de ahogar cualquier tipo de iniciativa que no parta del poder político".

"Pero no sólo en el plano cultural", incide José Cruz, "sino también en el comercial y social. En la Isla no puedes tocar una piedra que no esté bajo control del Cabildo".

Auditorio, ¿la panacea?

La puesta en marcha del Auditorio ha repercutido de diferente manera en las asociaciones. Después de "una ardua batalla", la ATAO ha suscrito un convenio y logrado que su festival de ópera sea incluido en el plan general del recinto; sin embargo, los Amigos de la Zarzuela no han sido consultados ("ni siquiera sabemos quién va a ser el director artístico del Auditorio", ironiza José Cruz), por lo que esperan seguir, como hasta ahora, en el teatro Guimerá.

Los contactos de ATADEM han sido a nivel de Presidencia de Cabildo, que ha mostrado su voluntad de colaboración, mientras que COSIMTE ha obtenido el compromiso de Víctor Pablo Pérez, director de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST), para programar obras de varios compositores asociados.

En general, existe una mezcla de esperanza y escepticismo respecto a la capacidad aglutinadora del Auditorio y de hecho aún es pronto para comprobar si va a ser o no la anhelada plataforma para la difusión de la música; sin embargo, todos coinciden en que sería un mayúsculo error concentrar toda la oferta en el Auditorio.

En este sentido, defienden la necesidad de que cada asociación preserve su autonomía dentro del deseable ámbito de colaboración entre instituciones y que, en ningún caso, se haga tábula rasa de sus programas. Del mismo modo, consideran que debe existir una oferta musical complementaria a la del propio Auditorio. Y a juicio de varios de los contertulios, la apertura del nuevo complejo va a aliviar de su "pesada carga" al teatro Guimerá y permitir que se celebren en él otro tipo de conciertos y espectáculos.

Tras recordar que el Auditorio fue concebido originalmente como la sede estable de la OST, Cruz dejó claro que la nueva infraestructura funcionará en la medida que sea gestionada "por un equipo de trabajo profesional y no por capillitas. Es de desear que este proyecto se llene de contenido, pero de contenido musical".

No obstante, Jaubert advirtió de que también el Auditorio iba a convertirse en punto de referencia para el turismo y que entre sus fines estaría el de acoger otro tipo de programas como reuniones internacionales y congresos.

Con independencia de ello, Javier Martínez manifestó su creencia de que el Auditorio no será "la panacea" de la música clásica en Tenerife. Por otro lado, no es un ente anónimo sino que, recordó, está gestionado por una sociedad anónima dependiente del Cabildo "que en ningún caso podrá hacer una programación de fin de semana, sino que deberá desarrollar un proyecto continuado".

El presidente de la ATAO hizo hincapié en que, por razones elementales, los espectáculos que se monten a partir de ahora en el Auditorio ya no podrán ser de la misma naturaleza que los que se hacían en el teatro Guimerá.

"Cualquier programa de ópera será más complejo y requerirá más trabajo e inversión", aspecto en el que coincide José Cruz, una de las personas que reclamó la construcción de un foso en el edificio con el fin de albergar representaciones, lo que le acarreó las iras del arquitecto Santiago Calatrava.

Por su parte, Rosario Álvarez cerró el debate con una apuesta por la música contemporánea. "Temo que la programación del Auditorio se centré en el repertorio más tópico, cuando lo que debería promover un edificio moderno es la música del tiempo al que pertenece y en el que ha sido construido".