Tenerife
ANÁLISIS DEL PADRÓN MUNICIPAL (30) LA VICTORIA

LA VICTORIA, abandono agrícola y terciarización

La progresiva desagrarización de este municipio está en relación directa con el trasvase de la mano de obra hacia el sector secundario, esencialmente el subsector de la construcción, y el terciario, básicamente hacia el área turística de Puerto de la Cruz, primero, y los núcleos de la fachada suroccidental, después.
S. LOJENDIO, S/C de Tenerife
8/sep/03 12:20 PM
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En época anterior a la conquista, el lugar donde está asentado actualmente La Victoria de Acentejo pertenecía al Menceyato de Taoro.

Esta comarca era conocida por los guanches como Acentejo. Por tanto, la denominación del municipio que le fue dada por los castellanos se remonta a finales del siglo XV y tiene que ver con un acontecimiento bélico.

El 25 de diciembre de 1495 tuvo lugar una de las batallas que el Adelantado libró contra los guanches, y si no la última, si fue determinante para que los castellanos salieron victoriosos.

Alonso Fernández de Lugo, en agradecimiento al triunfo obtenido, prometió levantar en aquel lugar una ermita en honor a la Reina de los ángeles, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria. Ese día de Navidad se celebró una misa junto a un pino que aún hoy pervive, y es auténtico símbolo del orgullo del pueblo.

Es a partir de 1812 cuando el lugar se constituyó en municipio independiente, aunque presumiblemente La Victoria de Acentejo no accedería a este privilegio hasta un año más tarde.

Lo cierto es que un incendio que lamentable se declaró en los archivos municipales a comienzos del siglo XIX ha dejado en el olvido buena parte de la historia de este municipio norteño.

Sí conocemos que en 1900 se le concedió el título de Villa, gracias a las gestiones del entonces párroco Norberto Pérez Díaz y que aprovechando la visita del monarca Alfonso XIII en 1906, se le solicitó la construcción de un puente que uniera al municipio con el municipio vecino de Santa Úrsula, el conocido puente de hierro que hoy se levanta sobre el llamado barranco Hondo.

En 1922 se instaló el primer teléfono, gracias a la intervención del presidente del Cabildo, Domingo Salazar y Cólogan, y no fue hasta 1932 cuando gracias a Manuel Pérez se extendió la luz eléctrica en el municipio.

Durante estos siglos, la agricultura de subsistencia y una ganadería que también ha ido desapareciendo paulatinamente eran la base económica de La Victoria, un municipio situado sobre un territorio semejante a un plano inclinado que comienza en las alturas de La Morra, a 1.600 metros, y termina a 100 metros sobre el nivel del mar, al borde de un acantilado que cae cortado a pico.

Por su posición en la vertiente norte de la Isla, La Victoria ha participado de la crisis cíclica de los cultivos centrales de exportación, del fenómeno de la emigración y del proceso de terciarización que está aparejado al boom turístico de la década de los sesenta.

La población agraria ha disminuido notablemente, quedando ahora reducida a la práctica de una agricultura a tiempo parcial, aunque destaca la producción vitivinícola en las medianías, que produce excedentes comercializables dentro del propio ámbito municipal y también comarcal.

Pero este descenso de la actividad agrícola está en relación directa con el trasvase de la mano de obra hacia el sector secundario, sobre todo al subsector de la construcción -que ha conocido un estancamiento en los últimos años-, y esencialmente al terciario, principalmente a los servicios en el área turística de Puerto de la Cruz, primero, y en los núcleos de la fachada suroccidental, después.

El comportamiento demográfico del municipio presenta los rasgos que son comunes a la comarca, donde destaca el progresivo desplazamiento de los grupos humanos desde el interior hacia la costa; un crecimiento vegetativo lento y la inmigración extranjera como elementos dinamizador.

Entre estos foráneos destaca la comunidad alemana, esencialmente la de jubilados y pensionistas, que encuentran buen acomodo en el atractivo ambiental de las áreas residenciales, además de la presencia de una corriente emigratoria de retorno, monopolizada por los venezolanos, que suelen buscar asentamiento en las cabeceras municipales.

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