Tenerife Norte

La Feria de Pinolere y el Puerto de la Cruz


9/sep/03 18:43 PM
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DICEN QUE LA CULTURA de los pueblos se mide por el amor a los árboles. En el caso de Pinolere también por el respeto a las tradiciones. Es de agradecer que la sociedad civil se organice, como en el caso de Asociación Cultural de las Tradiciones Canarias, para ofrecer actividades como las que se contemplan cada año en la Feria de Pinolere y que congrega en este barrio agroforestal de La Orotava, entre La Florida y Aguamansa, a un conjunto de artesanos, quizás los mejores del archipiélago, que son capaces de mantener viva, a través del arte manual, la identidad de un pueblo como el canario asentado en diferentes y variadas islas. Pero todas ellas con un denominador común, su amor al mar.

Por ello no me sorprendió que los organizadores y el Ayuntamiento de la Villa dedicaran este año la Feria al Mar de manera monográfica y de manera particular al Puerto de la Cruz y a las mujeres de la Ranilla, que vendían antaño el pescado en el mercado del muelle portuense o subían en la guagua hasta la Villa para trocar sus productos del mar por vino y papas. Casualidades de la vida hacen que este año, el sábado de la Feria fuera un 6 de septiembre, lo que me permitió recordar, y así lo dejé escrito en el libro de visitas de la Feria, la partida desde La Gomera, de Colón y sus carabelas con las proas enfiladas hacia el Mundo Ignoto efeméride universal que evocó de manera singular una mujer cubana que se enamoró del agua, del Teide y de Tenerife. Es Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz desde el año 1951 y fue Premio Cervantes en 1992, Dulce María Loynaz, y escribió en 1947 un libro sobre Juegos de Aguas donde es posible leer: ""El mar es un jardín azul de flores de cristal, pero la playa es siempre para morir. Mi playa de morir tú eres... Son tus ojos que me cercan, que me rompen la ola. Y con el mar en los brazos y el horizonte abierto, he de morir en ti, playa gris de tus ojos, fortaleza de un grano y otro grano, muralla de musgo, escudo de vientos"".

Gratificante resultaron por otra parte las exposiciones sobre el mar y sus recursos animales y vegetales montadas por distintas organizaciones sensibilizadas con el medio marino como Canarias por una Costa Viva que nos pedía a todos: ""Deja tu huella, pon tu grano de arena"", al igual que los talleres infantiles del Cabildo tinerfeño donde los niños querían saber cómo es el mar y los colores de los peces. Muy interesante también la presencia de artesanos de otras islas, sobre todo con las artes de pesca, y con fotos marinas, donde la pesca de la ""vieja"" en Fuerteventura me recordó a una mujer majorera singular, Josefina Plá, nacida en el Faro de la isla de Lobos y llevó la artesanía a Paraguay; y donde Lanzarote ofrecía lo mejor de sus artes y técnicas marinas, y algunos barcos y sus arboladuras me llevaron hasta Gregorio Fuentes, un niño conejero que se marchó de polizón a La Habana a finales del siglo XIX vivió en tres siglos, pescó agujas y tiburones en el Mar Caribe e inspiró a Hemingway para el pescador de su novela ""El Viejo y el Mar"".

En el centro del recinto ferial destacaba una imagen de la Virgen del Carmen, que se venera en Pinolere, entre pinos y castaños, mirando al Teide. Estaba cerca de la exposición marinera del Puerto de la Cruz organizada por la Agrupación Ranillera. Cuando nos acercamos a ver las fotos constaté una vez más que los días en el Puerto vuelan como hojas de almanaque al viento del mar.