La Laguna

Aquellas fiestas del Cristo

Esta celebración fue institucionalizada en 1607, año en que se nombró un diputado que se encargaba de la organización de los diferentes actos con un presupuesto de 50 ducados.
D. BARBUZANO, La Laguna
14/sep/03 14:30 PM
Edición impresa

El origen de las fiestas del Cristo de La Laguna se remonta a 1524. El padre Quirós cuenta que en dicho año Andrés Gallardín regaló toros para ser lidiados en los festejos. En 1607 se institucionalizaron, nombrándose un diputado que se encargaba de la celebración con un presupuesto de 50 ducados, según se recoge en las Ordenanzas de Tenerife.

Con el paso de los años, el responsable de llevar a buen cauce los diferentes actos debía ser un caballero notable y de arraigo en la Isla, que era elegido por los religiosos del convento de San Francisco. Este organizador se llamaba proveedor de la fiesta, cuyo objetivo era preocuparse de que la suntuosidad de los actos fuera mayor que la de su antecesor. Era costumbre que regalara al Cristo un objeto de plata como recuerdo de su participación en las fiestas.

Entre los regalos de los proveedores de la fiesta, destacamos la actual cruz de plata que posee el Crucificado moreno, la cual le fue regalada en 1630 por el maestre de Campo de la Gente de Guerra del Beneficio de Taoro de Norte a Sur, Francisco Bautista Pereira de Lugo, Regidor de Tenerife y Señor de La Gomera y El Hierro.

Con la fundación de la Esclavitud en 1659, desapareció el proveedor de la fiesta, que fue sustituido en su misión por una comisión formada por el Esclavo Mayor y dos esclavos más llamados diputados, que dieron realce a las fiestas, según se desprende de las siguientes palabras de Núñez de la Peña: ""Las han hecho muy costosas, de comedias, fuegos, saraos, torneos, que el regocijo dura ocho días a costa de los tres nombrados"".

En el año 1892, se encargaba de las fiestas del Cristo una comisión compuesta por un presidente y cuatro vocales, y en 1926, creyendo los esclavos que los actos populares debía organizarlos el ayuntamiento, se creó un comisario de fiestas religiosas, otro de fiestas populares y tres vocales.

Muy curiosas fueron las fiestas de 1858, ya que por la noche brilló en el cielo el cometa Donati, que tiró al espacio numerosos comas que semejaban el rostro del Cristo.

Ese año, el Crucificado moreno sólo contaba con cuatro esclavos: Tomás de Nava (marqués de Villanueva del Prado), Diego Benítez de Lugo (marqués de Celada), Antonio de Ponte (mayorazgo en Garachico) y Domingo de Molina y Ascanio (mayorazgo en La Orotava). Pero como las constituciones fueron redactadas con la luz del cometa, la renovación de la fe que pedía Argibay se encendió y los cuatro esclavos pronto empezaron a multiplicarse y a crecer la Esclavitud hasta nuestros días, convirtiéndose en la mayor agrupación de fe y amor a su Cristo lagunero.

Regocijos populares

En 1668, la Esclavitud gastó en los festejos más de 1.000 pesos, con grandes derroches de comidas y bebidas en la víspera por parte del Esclavo Mayor. Como consecuencia de ello, el 13 de septiembre de 1739 se dispuso ""limitar los refrescos de la víspera que se han hecho con toda esplendidez y abundancia, y acordamos que en adelante los señores esclavos mayores en dicho refresco no excedan de una fuente de rosati y otra de anís, agua de nieve, bizcochos y chocolate"".

En el siglo XVII se hizo popular en las fiestas del Cristo la presencia de las tapadas, que consistía en cubrir las jóvenes sus cabezas y sus caras con una mantilla de franela blanca, con lo que eran vistas sin ser conocidas y bromeaban con los caballeros. El Cabildo publicó en 1792 un bando prohibiendo la costumbre, aunque siguió vigente hasta 1838 en que se extinguió la tradición.

En 1883, la afluencia de forasteros a las fiestas del Cristo fue tan grande que durmieron en los pórticos del ayuntamiento.

En las fiestas del Crucificado de Aguere del pasado había paseos en la plaza del Adelantado, iluminada con farolillos de Lux-Lux y gas acetileno, cuya alameda se engalanaba con festones, medallones y una iluminación a la veneciana.

En 1892 se celebró la primera corrida de toros en el ruedo que existió en la ciudad, en la que intervinieron los diestros Fernando Gómez ""El Gallo"" y Manuel Ruiz.

Al día siguiente se repartían, en la plaza taurina, bonos de pan y carne entre los pobres que asistían y se celebraban competiciones deportivas como cucañas, luchadas y carreras de sortijas.

Las señoritas de la sociedad El Porvenir arrojaban flores deshojadas a los niños que se habían distinguido en los últimos exámenes, que recorrían las calles acompañados de estandartes y una banda de música.

La pandorga o cabalgata recorría la ciudad hasta la plaza del Cristo que era iluminada con luces de bengala.

Otros actos ya desaparecidos eran el festival de señoras de la Junta de Caridad, la feria de ganado con traslado de San Benito a la plaza de San Francisco para bendecir al ganado, la fiesta de los mantones en la plaza de la Concepción, las carreras a pie en el Camino Largo, la Fiesta de la Patria, la Mujer y la Música organizada por el Orfeón La Paz en el Campo Hespérides, las carreras de sortijas, las jinkamas motoristas y la Fiesta de Época en la plaza del Adelantado.