Tenerife Norte

Mitad tristeza, mitad rabia


17/sep/03 18:43 PM
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Las calles sanjuaneras se llenaron en la tarde del sábado de tristeza evidente y rabia contenida. En todo el día, en el pueblo sólo se habló de la trágica muerte de Marisa. Por eso, la plaza de la iglesia estaba abarrotada de cientos de vecinos, amigos y familiares de la joven, dispuestos a darle un amargo último adiós. En la calle hacía calor y sólo rompían el silencio los discretos diálogos sobre la peor noticia, la que nadie quería que se confirmara. Los secretos revelados del terrible crimen que ha sacudido el pueblo, duelen entre quienes querían y apreciaban a María Isabel Hernández, Marisa, aquella niña alegre con apariencia de mujer. El funeral fue, como deseaba la familia, una ceremonia discreta, sin gran presencia de medios de comunicación. Esos mensajeros que, en su honesta búsqueda de la verdad, tropiezan con la lógica incomprensión de quienes sufren la pesada carga del dolor inaguantable. Cuando el féretro entró en el coche que lo trasladaría hasta el cementerio, cientos de aplausos rompieron el silencio y la frágil serenidad de los sanjuaneros. Aplausos de cariño que alimentaron cientos de lágrimas, mitad tristeza, mitad rabia.