Cultura y Espectáculos
LECTURA, EDICIÓN Y DIFUSIÓN EN CANARIAS

El libro, ¿piedra angular o desecho social?

Profesionales del sector y técnicos de la administración debaten sobre la herramienta básica de la cultura, un instrumento amenazado por las nuevas tecnologías y los intereses de mercado que necesita ser promocionado en los niveles educativo, familiar e institucional.
21/sep/03 20:24 PM
Edición impresa

Nunca se habían editado tantos libros como ahora y nunca se había leído tan poco. Esta paradoja, insostenible en un contexto de capitalismo salvaje donde la oferta debe ser cuando menos proporcional a la demanda, se da a escala nacional y también en Canarias, donde evidentemente se edita más de lo que se lee.

El momento por el que atraviesan tanto la cultura lectora como el sector del libro y las actividades que giran en torno a él (programas institucionales, librerías, editoriales, bibliotecas) centran el debate de esta semana, en el que participan Julia Merino, responsable del Programa Insular de Animación a la Lectura y Técnicas de Estudio (Pialte), dependiente del Cabildo de Tenerife; César Rodríguez Pláceres, coordinador del Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC); Francisco Lemus, presidente de la Asociación de Libreros de Tenerife, y Francisco Orihuela, director de la Biblioteca Municipal de La Laguna y coordinador de la Feria del Libro de Aguere.

Las primeras conclusiones que arroja el debate es que en Canarias aún se lee poco, pese a que su estadística es ligeramente favorable respecto a la Península; por otro lado, la subsistencia del sector del libro depende del apoyo público; en este sentido, se reconoce que las administraciones hacen cada vez mayor esfuerzo en materia de programas y bibliotecas, pero esta iniciativa aún se considera "insuficiente" desde el punto de vista económico y de dotación. Familia y escuela también tienen mucho que decir en el fomento de la lectura, pero luchan contra molinos de viento, es decir, contra un sistema que potencia la incultura y los hábitos gregarios.

Leer o no leer

En la sociedad actual, dominada por los medios audiovisuales e informáticos, todo conspira para que el libro ocupe el último lugar en las preferencias de ocio de los ciudadanos. Canarias tiene, además, un hándicap añadido en su climatología, que no invita al recogimiento, sino a las actividades al aire libre.

Sin embargo, Julia Merino señala que los porcentajes de lectura en la Península y en el Archipiélago no difieren tanto. Allí lee el 36 por ciento de la población mientras que aquí lo hace el 39 por ciento, tres puntos por encima. "Los datos de lectura son preocupantes -matiza-, pero hay gente que lee, y desde Pialte estamos intentando elevar nuestros índices de lectura, para lo cual se necesita la implicación de la escuela y de la familia".

César Rodríguez Pláceres asegura, en cambio, que se lee poco en Canarias. "Hay un descenso acusado de los niveles de lectura", afirma, "y la razón hay que buscarla en una sociedad regida por valores que poco tienen que ver con el libro, que es paradójicamente el transmisor esencial de cultura".

"Por otro lado -agrega-, el sistema educativo responde a los parámetros de los poderes económicos, interesados no en la progresión, sino en la involución de la sociedad. No echo la culpa a los maestros, sino al sistema que les imponen. Lo que esos poderes promueven ante todo es la cultura de Operación Triunfo. Vamos hacia el mundo del mono.com. Si en Canarias preguntásemos quién fundó Montevideo, no lo sabría ni el uno por ciento de los consultados".

El dato facilitado por la responsable de Pialte también es respondido por Francisco Lemus, quien se atiene a otra estadística, la que dice que en España nunca lee la mitad de la población y en Canarias no lo hace un 52 por ciento. El presidente de los libreros cree que el problema arranca de una "dictadura de cuarenta años a la que por encima de todo le interesaba la incultura del pueblo. Es verdad que los índices de lectura han subido, pero todavía padecemos las consecuencias de aquella etapa oscura".

Orihuela se suma al bando discrepante cuando afirma que no cree que el 36 por ciento de los canarios lean. "Yo me daría por contento con que leyera un 10 por ciento de la población, ya que entiendo por leer una actividad sistemática, un hábito cotidiano. Las encuestas son artefactos políticos. Yo prefiero hablar de calidad antes que de cantidad. Me fijo más en el hábito del usuario que en las cifras, lo que no quiere decir que un programa como Pialte no me parezca positivo, que lo es".

"También -continúa- quiero romper una lanza por la escuela (me consta que en la EGB se está haciendo un gran esfuerzo) y por campañas de promoción de la lectura que se están llevando a cabo en los colegios, iniciativas en las que se trata de integrar a los padres. Pero del mismo modo hay que decir que, aunque no estamos en el desierto de años atrás, también han surgido nuevos enemigos (para la cultura escrita)".

"Desde la Consejería y desde el sistema educativo -replica Merino- se hacen esfuerzos ingentes. Pero existe desinformación y las familias no ayudan a la hora de que el alumno coja un libro en el ámbito doméstico. Además, es imprescindible potenciar tanto la lectura de formación como de información, ya que hay muchas materias que al alumno no le gustan pero que, en el futuro, necesitará interpretar para poder desenvolverse en la vida cotidiana".

César Rodríguez considera importante a la familia, pero se opone a culparla del déficit lector: "La familia es la célula más desvalida de la sociedad -defiende-. No se puede cargar contra ella".

"Es difícil pedirle a la familia que dedique parte de la economía doméstica a la compra de libros", precisa Orihuela; "tiran enseguida la toalla porque el libro compite con una oferta de ocio brutal. Sin embargo, es precisamente ahora y en estas circunstancias cuando debemos canalizar esfuerzos y tomar iniciativas que enganchen a los jóvenes a la lectura".

Entidades: más implicación

Las administraciones públicas no escapan a las críticas de varios de los invitados por su "insuficiente" apoyo a la lectura, crítica que la responsable de Pialte no comparte.

"Un programa joven como el nuestro, gestado en el año 2000 -aduce- ha establecido un protocolo de colaboración abierto en el que se han implicado Gobierno, Cabildo, Fecam (Federación Canaria de Municipios), los padres de alumnos a través de Fitapa, las Casas de Juventud... De los profesores a los libreros, pasando por padres, concejales y bibliotecarios: todo el mundo ha participado en la redacción del proyecto. El texto está a disposición de cualquiera. No se ha cerrado ninguna puerta".

"Las instituciones dedican cada vez más medios económicos al libro -reconoce César Rodríguez Placeres, quien a continuación matiza-: "pero esos recursos son aún claramente insuficientes. Que se dediquen setenta pesetas por persona no me parece relevante, no mientras aquí no haya una verdadera campaña de choque para impulsar la lectura. Aún no hemos llegado al nivel de otras sociedades en las que la inversión mayoritaria en cultura procede de la iniciativa privada. Se depende de lo público y lo público ha de implicarse a fondo para que avancemos en este terreno. Dentro de ese fuerzo, hay que hacer otro no menos importante para promover a los autores canarios y que la literaria canaria ocupe el lugar que le corresponde".

Pero, para Orihuela, las prioridades son, al parecer, otras: "En vez de apostar por la lectura, nuestras administraciones invierten en eventos como el Carnaval, Son Latinos o la Fiesta + Dance. Por otro lado, en muchos de nuestros pueblos se han hecho terreros de lucha antes que bibliotecas. Todo eso no se cae del guindo. Responde a unas directrices".

"Todo apoyo económico a la lectura y a la edición siempre será insuficiente", tercia Francisco Lemus, quien rechaza la idea de delegar toda la responsabilidad en la escuela: "¿Cuándo hemos visto -se pregunta- una campaña institucional en televisión encaminada al fomento de la lectura?"

"Nosotros podríamos hacer una campaña brutal en publicidad", matiza la responsable de Pialte, "pero preferimos dedicar el dinero al desarrollo de nuestro programa".

Sin embargo, Orihuela se atiene a su experiencia como coordinador de la Feria del Libro de La Laguna para setenciar que la publicidad también es imprescindible en este ámbito, si se quieren obtener resultados. "Salgamos a la calle con el Pialte bajo el brazo a preguntar quién lo conoce. A mí, desde luego, no me ha llegado", concluye.

Frente a Orihuela, quien estima que "el esfuerzo inútil conduce a la melancolía", Merino no sólo defiende la oferta pública, sino que anuncia para la primavera de 2004 una guía de recursos culturales en animación a la lectura y técnicas de estudio "para que cualquier persona interesada, por ejemplo, en organizar un ciclo cuentacuentos, sepa quiénes trabajan en este campo y adónde debe dirigirse".

Edición: mucho para poco

César Rodríguez Pláceres: "Los datos hablan de un retroceso en Canarias desde 1999. En 1995 se publicaron 667 títulos en las Islas, al año siguiente se bajó a 465, después se subió de nuevo al medio centenar, así hasta llegar a 1999, nuestro mejor año con 857; pero tras esta subida espectacular, en 2000 se bajó a 682 y en 2001, último año del que disponemos datos, a 603".

En consecuencia, "el apoyo de las instituciones públicas es fundamental para consolidar el sector del libro en Canarias", afirma el coordinador del CCPC, que no duda en catalogar de "ONG" a las editoriales isleñas. "Del mismo modo que se ayuda al campo o al sector del vino -agrega-, debería ayudarse al sector del libro".

Con la misma contundencia, Orihuela afirma que "en Canarias se editan demasiados libros para el nivel de lectura que hay. Y lo que es peor, se edita sin criterio ni rigor. Por pequeñas que sean, las editoriales han de tener consejeros asesores que limen y planifiquen".

En cuanto a la edición institucional, Rodríguez Placeres y Orihuela coinciden en que a las entidades públicas les "duelen poco" las pérdidas porque, según el coordinador del CCPC, "ellas no tienen que recuperar". "Entras a algunos almacenes -agrega Orihuela- y se te cae el alma a los pies viendo libros y libros apilados, con la consiguiente exposición a un cortocircuito o la rotura de una tubería".

Disconforme con el juicio vertido por Orihuela sobre la falta de criterio editorial, Lemus considera que "en Canarias no hay bastante mercado para que las editoriales subsistan por sí solas". Por eso, coincide con Rodríguez Pláceres en la necesidad de apoyo público. "Las instituciones públicas deben cubrir huecos: deben publicar aquello que el editor privado no puede acometer", en alusión a los libros de carácter científico o de interés para el patrimonio cultural de los lugares de origen.

Por eso, "es necesario editar más", insiste el portavoz del CCPC. En su opinión, queda mucho camino "para que tengamos inventariado literariamente todo el patrimonio cultural de Canarias. Hay parcelas como el estudio de la emigración o del acervo popular que, dentro de veinte años, cuando no queden testigos orales, corren el peligro de perderse en la memoria si no quedan registradas".

Bibliotecas y librerías

Según Orihuela, "en Canarias hay un hoyo profundo en cuanto a la red de Bibliotecas. Los ayuntamientos se empiezan a preocupar y el Cabildo progresa a través de la red insular, pero tenemos un hándicap, que es la falta de profesionales cualificados para atender esos centros y una oferta de empleo adecuada a ese área".

Para Merino, en cambio, "las subvenciones a bibliotecas escolares y de aula existen desde tiempo inmemorial, y están abiertas a los jóvenes en horario extraescolar, no sólo con libros sino con el personal adecuado".

Con miras al futuro, Orihuela apuesta por compaginar el libro tradicional con una oferta literaria "on-line", por lo que "ya no será necesario contar con 30 ó 40.000 libros en una biblioteca para responder a la demanda social".

Respecto a los puntos de venta, Lemus informa de que hay en el Archipiélago unos 1.300, entre tiendas, quioscos, papelerías y librerías. De estos establecimientos, "118 son librerías-papelerías registradas como tales", lo que quiere decir que "estamos por debajo de la media nacional: 10, 2 librerías por cada 10.000 habitantes en el conjunto del Estado y 8,6 en Canarias".

Lemus habla de una "política perjudicial" hacia el librero desde el momento en que se permite a las grandes superficies el descuento del 25 por ciento en los libros de texto", mientras que Rodríguez Pláceres llama a la "defensa de la librería pequeña y mediana", ya que "cuando las grandes superficies tengan que reducir espacio en aras de la rentabilidad, lo primero que desaparecerán serán las secciones literarias".

LECTURA, EDICIÓN Y DIFUSIÓN EN CANARIAS