La Palma

SAN ANDRÉS Y SAUCES, pasado y futuro común

La disponibilidad de tierras y de agua creó la condición para el asentamiento humano y permitió al municipio sobrellevar sus crisis cíclicas, aunque actualmente vive un decrecimiento demográfico.
EL DÍA, La Palma
22/sep/03 20:12 PM
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El actual municipio de San Andrés y Sauces ocupa la demarcación denominada por los aborígenes Adeyahamen, que significa debajo del agua, y fue la abundancia de este recurso, junto con la frondosa vegetación de la zona, lo que posibilitó que hubiese importantes asentamientos de auaritas.

Una vez finalizada la conquista, el Adelantado procedió al repartimiento. En un primer momento, las tierras y aguas de Los Sauces fueron de Alonso Fernández de Lugo, que hizo cesión a favor del mercader de origen catalán Pedro de Benavente, quedando así dividido el territorio en dos grandes haciendas.

Esta disponibilidad de tierras y agua creaba las condiciones óptimas para el cultivo de caña de azúcar, que ocupó durante el siglo XVI la totalidad de la zona del lomo de Los Sauces. El azúcar y las mieles eran exportadas desde los puertos que había en el lugar hacia Europa, lo que permitió el rápido florecimiento de la Villa de San Andrés, uno de los cascos históricos más importantes de la Isla.

Con la crisis del sector azucarero, a finales del siglo XVI, se reduce la superficie dedicada a la caña, aumentando las plantadas de vid y de los cultivos dedicados al autoconsumo y al mercado interior. Poco a poco, la Villa de San Andrés irá perdiendo importancia, creciendo y desarrollándose paulatinamente el lugar de Los Sauces, que con el paso del tiempo se convertirá en el principal núcleo del municipio y en su capital, concentrando la mayor parte de los servicios, la actividad comercial y también la población.

La abundancia de agua ha permitido a este municipio sobrellevar las crisis históricas, si bien los flujos de emigrantes estuvieron presentes, pues este recurso permitió el cultivo de productos de primera necesidad que servían no sólo a su población, sino a otros lugares de la Isla a través del embarcadero de Puerto Espíndola, que también posibilitó la exportación hacia los mercados internacionales de la caña de azúcar, la cebolla, muy abundante hasta comienzos del siglo XX, y el plátano, que desde la década de los veinte se convirtió en el cultivo central y el auténtico protagonista de la agricultura local.

La relevancia de San Andrés y Sauces tendrá su reflejo en el año 1900, cuando le es concedido el título de ciudad. Por aquel entonces, la población del municipio estaba integrada por 3.659 vecinos, que llegaron a alcanzar la cota de los 7.066 en 1970.

Pero es a partir de esta década cuando se inicia un progresivo decrecimiento demográfico, de tal manera que el municipio pasa de contar con 5.606 habitantes en 1981, a los 5.392 de 1991. Esta curva descendente conoció una ligera recuperación en 1994, año en el que se contabilizan 5.438 habitantes, y también en 1997, con 5.441 vecinos, para dibujar una nueva caída en 2001, año en el que el padrón municipal registra la cifra de 5.226 vecinos.

La crisis del modelo agrario tradicional, de un lado, y la terciarización del mercado de trabajo, de otro, explican la pérdida poblacional que ha sufrido San Andrés y Sauces, cuyos activos se han desplazado hacia los focos de atracción que representan la capital o los municipios turísticos, un proceso al que se une un crecimiento vegetativo deficitario y también un alto índice de envejecimiento.

De los empadronados en 2001, un 72 por ciento eran naturales del lugar, un 15 por ciento procedía de otros municipios, mientras los foráneos representaban el 8 por ciento.

En relación con estos grupos humanos, los venezolanos representan la comunidad mayoritaria, con un total de 135 registros, seguidos a gran distancia por los alemanes y los colombianos, con 17 y 15 respectivamente.