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Ibarretxe anuncia que someterá su plan soberanista a un referéndum en 2005

La propuesta del lehendakari, quien se compromete a no ejercer de forma unilateral el derecho de autodeterminación, reclama las competencias de la Audiencia Nacional para el Tribunal de Justicia del País Vasco y resalta que, haya o no acuerdo con el Gobierno central, se llevará a cabo la consulta.
COLPISA, Vitoria
27/sep/03 20:24 PM
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El lehendakari detalló ayer al Parlamento autonómico el calendario que ha diseñado para sacar adelante su propuesta de libre asociación de Euskadi a España: el 25 de octubre, el Gobierno de Vitoria aprobará el proyecto de ley; debate y votación en la Cámara autónoma en septiembre de 2004; negociación de seis meses con el Gobierno central, y, haya acuerdo o no lo haya, referéndum.

No puso una fecha para la consulta popular, pero a tenor de los plazos que manejó sería en 2005, después de las elecciones vascas previstas para la primavera de ese año. Las concreciones temporales fueron el rasgo más notable del discurso de Juan José Ibarretxe, que conjugó en todo momento dos premisas que, por ahora, son difíciles de casar: el respeto a lo que decida el pueblo vasco y el acuerdo con España.

El lehendakari invirtió dos horas y cuarto en su exposición en el debate de política general, pero más que arrojar luz sobre sus planes soberanistas dejó incógnitas. La primera, cuál será el siguiente paso si el referéndum en el País Vasco avala su plan soberanista sin el visto bueno del Gobierno central ni de las Cortes. La segunda, el lehendakari propuso a la Cámara de Vitoria la votación de su iniciativa en septiembre próximo, pero su aprobación exige una mayoría absoluta que, ahora, no tiene. La tercera, cómo va a salir adelante un debate en el Parlamento autónomo de Vitoria si el Ejecutivo de José María Aznar está dispuesto a emplear todos los instrumentos legales a su alcance para impedirlo.

Y no desveló en qué datos apoya su aserto de que la consulta popular se celebrará en 2005 y en un escenario "en ausencia de violencia". Todo lo más, dio a entender que su "plan soberanista" será una contribución decisiva para acabar con ETA, porque "avanzar en la normalización política" traerá el "fin definitivo" del terrorismo.

Dureza contra ETA

Ibarretxe tuvo duras palabras para ETA, que "no representa nada y a nadie", y sostuvo que "la eficacia policial, el rechazo social y las propuestas políticas" constituyen "los tres aldabonazos" que la banda soporta "sobre sus espaldas" y que van a permitir "expulsar definitivamente a la violencia del escenario político".

En cambio, empleó un tono menos agresivo que el 27 de septiembre del año pasado. Negociación, diálogo y pacto fueron los tres términos que más utilizó, y abundó en las apelaciones al "diálogo, respeto y educación" para reclamar un intercambio de opiniones "sosegado" entre España y el País Vasco, ya que "estamos condenados a entendernos si deseamos un proyecto compartido".

Entre las escasas novedades que, sobre el contenido de su plan, aportó el jefe del Ejecutivo vasco figura una significativa dentro del apartado referido al Poder Judicial vasco, para que "los órganos jurisdiccionales" de la comunidad tengan competencia en "todos los órdenes, instancias y grados", lo que incluye a "las competencias de la Audiencia Nacional".

El portavoz del PNV en el Parlamento de Vitoria advirtió de que la voluntad que expresen los ciudadanos vascos cuando sean convocados a un referéndum tendrá que ser acatada por el Gobierno de España, y de no ser así, sólo quedará el camino de la proclamación unilateral de la independencia. Joseba Egibar no lo dijo con esta crudeza, pero es fácil concluirlo de sus palabras: "Si se rechaza la voluntad de un pueblo una y otra vez -argumentó-, sólo queda acudir a la comunidad internacional". Desde los escaños del Grupo Popular emergió una voz que preguntó: "¿Y después?". Egibar contestó: "Después, la declaración unilateral".