Santa Cruz de Tenerife

Misión cumplida

Miembros de la primera compañía de Canarias que participa en una misión de paz hacen balance de sus seis meses en Kosovo. Vestirse de civil o saborear unas papas arrugadas eran sus anhelos. La muerte de los militares de Turquía fue un varapalo para ellos.
HUMBERTO GONAR, Tenerife
4/oct/03 20:41 PM
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La plaza de España fue el escenario elegido ayer por la Zona Militar de Canarias para recibir en el corazón de Santa Cruz a la compañía del Regimiento de Infantería Ligera Tenerife número 49, que durante seis meses participó en la misión de paz de Kosovo.

A los pies del monumento a los Caídos, sobre las ruinas del antiguo cuartel de San Cristóbal ?posiblemente donde estaba su patio de armas?, los 85 militares, incluyendo los cuatro oficiales y los nueve suboficiales, recibieron el homenaje de agradecimiento que le rindieron las principales autoridades civiles y militares con el orgullo de la misión cumplida.

Atrás queda aquel 20 de marzo, cuando Adelina, una de las siete mujeres que viajaron hasta Kosovo dentro de la compañía Santa Cruz de Tenerife ?como se autodenominaba? tuvo que dejar a su hijo en casa a sabiendas de que no lo vería en varios meses. Ella es la única madre de cuantas militares viajaron a Kosovo y recuerda la fecha de su marcha porque coincidió con la víspera de la final de murgas. "No pude ver a mi marido, que está en Diablos Locos", dice mientras se conforma ahora con los vídeos que ha empezado a repasar. Su ímpetu y ganas de poner en práctica todos los conocimientos adquiridos junto a sus compañeros en los últimos tres años, cuando entró a formar parte del Ejército Profesional, la llevó a presentarse voluntaria para esta misión de paz.

"Las plazas ofertadas fueron 85, un número que superamos con creces los voluntarios", recuerda Javi. Otro miembro de la compañía recordó que "el capitán Del Barco Sol recibió el encargo de seleccionar a la tropa, desde el primer oficial al último".

"Han sido seis meses que han cambiado nuestra vida", coinciden en destacar otros tres miembros de la compañía. "Lo más que echas de menos es la familia y aprendes a valorar cosas tan tontas como vestirte de civil o tener tiempo para poder ver la televisión".

Un miembro de la expedición militar recuerda que de los seis meses que han estado en Kosovo dos de ellos lo pasaron en la ciudad de Osojane. "Aquí viven 350 personas, de los cuales 50 eran niños. Nuestra tarea era llevar la ayuda humanitaria, escoltar a las familias serbias que querían retornar a sus casas a pesar de la oposición de la comunidad albanesa, realizar controles de tráfico para intervenir armas e, incluso, actualizar la cartografía de la zona".

Un paisaje desolador

"El paisaje es desolador. Los serbios retornan a sus casas, en ruinas, y edifican sus nuevas viviendas en la parte alta", aseguran los soldados. "Allí, los niños serbios tienen que ser escoltados por militares para ir a clase; las mujeres que tienen un pequeño espacio de tierra se dedican al cultivo y los varones trabajan en la construcción o, en el mejor de los casos, en talleres de mecánica". Éste es el caso también de la otra ciudad en la que estuvo la compañía de Santa Cruz, Istoc, con 1.500 habitantes. "Todo está muy tranquilo allí, pero también es cierto que estábamos armados hasta los dientes".

Ésta es la primera vez que la Zona Militar de Canarias participa en una misión de paz internacional con una compañía completa de las Islas, si bien hace dos años participó alguna sección en Bosnia. De hecho, cinco militares de los que viajaron en aquella oportunidad repitieron experiencia en estos últimos seis meses.

Algunos voluntarios echaron de menos la ayuda de las administraciones públicas de Canarias durante su estancia en Kosovo. "Nos llegó una caja con carteles de Carnaval, lo que nos mandaba nuestra familia y la ayuda económica que reunieron nuestros compañeros de tropa".

De los seis meses de estancia en Kosovo, dos de ellos lo pasaron en Osojane, coincidiendo con los meses de julio y agosto. "En mayo nos nevó. Hubo un aparato eléctrico que nunca me olvidaré", afirma un militar.

El trágico accidente aéreo que le costó la vida en Turquía a más de sesenta militares que retornaban a su casa después de concluir la misión de paz significó un fuerte varapalo para los tinerfeños. "Ocurrió el 25 de mayo y coincidía con los primeros permisos que nos dieron para retornar con quince días de vacaciones a casa. ¿Quién se atrevía a coger un avión? Entre los muertos teníamos a muchos conocidos", asegura otro de los participantes en la misión.

"Trabajamos allí las 24 horas del día. Cuando no estabas descansando, estabas fuera del campamento o en alerta en caso de que fuera precisa tu intervención". Esta situación generaba tanta tensión que el Ejército, además de los 15 días de vacaciones, obligó a la tropa (por partes) a tomarse un permiso durante siete días, en compañía de su familia más próxima, en Atenas, aunque ellos se costearon su gastos. "De no ser así, sería insoportable estar seis meses fuera de casa. Aunque ganas el doble que si estuvieras en Tenerife, el dinero no paga los seis meses de Kosovo; la experiencia, sí".

El Día de Canarias

Uno de los momentos más emotivos de la estancia de la compañía de Santa Cruz de Tenerife fue la celebración del Día de Canarias. "Organizamos un fiesta e invitamos a los serbios. Con la pimienta que le envió la madre de un compañero, y el gofio que recibimos, hicimos unas papas arrugadas, un postre de gofio y una chuletada". "Además, organizamos una de-mostración de lucha canaria, enseñamos a los niños el juego del saco. Como no podía ser de otra forma, todo comenzó con los acordes del pasodoble Islas Canarias, que pusimos en un CD de Los Sabandeños", recuerda un miembro de la expedición.

La colaboración de los niños de un colegio de La Guancha, en el Norte de Tenerife, se dejó sentir en Kosovo. "Ellos enviaron unas cartas a los pequeños de allí, que nosotros les entregamos y acompañamos con regalos. Algunos los compramos con nuestro dinero".

La compañía de Santa Cruz formó la misión de paz junto con otras tres llegadas de Córdoba, Valladolid y Burgos. Todas integraban la Brigada de Infantería Mecanizada Guzmán El Bueno. "Los tinerfeños dejaron en Kosovo su acento canario y su carácter abierto y afable. Todos los reconocían por su tono, diferente al resto", a pesar de que tuvieran que echar mano de 25 traductores para dirigirse a las comunidades serbias y albanesas.

A las puertas del mes de vacaciones que disfrutarán en los próximos días, la tropa no sufre el síndrome de la parturienta y está preparada para una nueva misión.