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Muere un hombre al quedar atrapado en un ascensor de un edificio en llamas

El incendio se inició en la vivienda de la víctima, un inspector jefe retirado del Cuerpo Nacional de Policía, ubicada en la quinta planta del número 14 de la calle García Morato de Santa Cruz de Tenerife. El ascensor se vio afectado por las llamas al estar a unos dos metros del piso, que quedó destruido.
EL DÍA, S/C de Tenerife
9/oct/03 10:20 AM
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Momentos de tensión, de incertidumbre y muchos nervios, que sólo sabe el que lo está pasando. Los inquilinos del edificio del número 14 en la calle García Morato de Santa Cruz, a primera hora de la mañana de ayer, vivieron momentos especialmente intensos cuando en una de las viviendas de la quinta planta se declaró un incendio, por causas que aún se desconocen, y hubo que evacuar el edificio, en el que también se encuentra la sede del Colegio de Titulados Mercantiles.

Como consecuencia del siniestro, falleció una persona de 74 años, Inocencio G.M., más conocido por Gonzalo, un inspector jefe jubilado de la Policía Nacional. Este ex policía encontró la muerte en el ascensor del edificio, un modelo antiguo ubicado a la vista en la caja de las escaleras, cuando supuestamente pretendía bajar a la calle para escapar de las llamas.

Al parecer, el fuego se originó en el piso de la víctima sobre las 6:30 de la mañana, cuando muchos de los vecinos dormían. En pocos minutos, en el inmueble ubicado en el número 14 de la referida calle (esquina con Las Ramblas a la altura del Colegio de Arquitectos), de 6 plantas y 18 viviendas, se desarrollaron rápidamente los acontecimientos. El fuego y la intensa humareda que invadió las escaleras y el patio interior provocaron situaciones delicadas para algunos de los inquilinos de las plantas altas del inmueble, incluso uno de los vecinos tuvo que ser rescatado con la autoescala de los bomberos, que sobre las siete de la mañana ya habían extinguido el incendio.

A las 9 de la mañana, eran visibles las huellas del fuego en el balcón de la casa afectada y la ligera "llovizna" de los trabajos efectuados por los bomberos para sofocar el fuego. Tras la alarma inicial, se personaron los efectivos, además de agentes de la Policía Local y Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía, que ahora tendrán que determinar las causas del siniestro.

Una vez concluida la labor de los bomberos y del personal sanitario que atendió a los afectados por el humo, el juez ordenó sobre las diez de la mañana el levantamiento del cadáver.

Algunos inquilinos, algo más tranquilos, se arremolinaban a la puerta de entrada del edificio, esperando la autorización para poder regresar a sus hogares después de una terrible "amanecida".

Ascención García Morato, inquilina de la planta quinta, se mostraba serena, "aunque yo ya he llorado lo mío", dijo. "Estaba durmiendo y sentí los golpes en la puerta; luego escuché un ruido fuerte como de agua a presión y abrí, por si la vecina necesitaba ayuda. Entonces me encontré con las llamaradas y el humo. La puerta de las casa de don Gonzalo -precisó- da al frente con el ascensor y la mía está en diagonal. Había comunicación del fuego, puerta a puerta, y me impedía llegar hasta la escalera. A partir de ahí, todo fue confusión, de gritos pidiendo socorro, y volví adentro. Entonces, no me acuerdo si puse toallas mojadas o qué hice; el caso es que era una situación de nerviosismo. Una de las vecinas pasó conmigo también y luego los bomberos nos pidieron tranquilidad porque allí estábamos más protegidas". "Cuando los bomberos sofocaron el fuego y remitió un poco el humo pudimos bajar por las escaleras".

También Paloma Sancho y su hija de cinco años, en la planta de arriba, pasaron momentos de verdadero apuro. "Gracias a la terraza estuvimos a salvo", aseguró la inquilina, que en su relato dejó entrever el rato de angustia que pasó mientras se desarrollaban las operaciones de los bomberos.

"Cuando quisimos salir olía a quemado y la humareda, negra, era densa. Se había ido la luz, la puerta también quemaba, así que comencé a colocar toallas mojadas. A mi hija la llevé al cuarto y seguí incluso tirando cubos de agua contra la puerta. Fuimos a la terraza y gritamos pidiendo auxilio. Cuando las condiciones mejoraron pudimos bajar por las escaleras".

Precisamente, una vecina de un edificio cercano situado frente al de la vivienda siniestrada pudo observar ese "rato eterno" de incertidumbre y lo mal que lo estaba pasando Paloma. "Todavía estaba oscuro y se veían grandes llamas. Sobre todo se pasan muchos nervios por la impotencia".

Momentos de tensión, de incertidumbre y muchos nervios, que sólo sabe el que lo está pasando. Los inquilinos del edificio del número 14 en la calle García Morato de Santa Cruz, a primera hora de la mañana de ayer, vivieron momentos especialmente intensos cuando en una de las viviendas de la quinta planta se declaró un incendio, por causas que aún se desconocen, y hubo que evacuar el edificio, en el que también se encuentra la sede del Colegio de Titulados Mercantiles.

Como consecuencia del siniestro, falleció una persona de 74 años, Inocencio G.M., más conocido por Gonzalo, un inspector jefe jubilado de la Policía Nacional. Este ex policía encontró la muerte en el ascensor del edificio, un modelo antiguo ubicado a la vista en la caja de las escaleras, cuando supuestamente pretendía bajar a la calle para escapar de las llamas.

Al parecer, el fuego se originó en el piso de la víctima sobre las 6:30 de la mañana, cuando muchos de los vecinos dormían. En pocos minutos, en el inmueble ubicado en el número 14 de la referida calle (esquina con Las Ramblas a la altura del Colegio de Arquitectos), de 6 plantas y 18 viviendas, se desarrollaron rápidamente los acontecimientos. El fuego y la intensa humareda que invadió las escaleras y el patio interior provocaron situaciones delicadas para algunos de los inquilinos de las plantas altas del inmueble, incluso uno de los vecinos tuvo que ser rescatado con la autoescala de los bomberos, que sobre las siete de la mañana ya habían extinguido el incendio.

A las 9 de la mañana, eran visibles las huellas del fuego en el balcón de la casa afectada y la ligera "llovizna" de los trabajos efectuados por los bomberos para sofocar el fuego. Tras la alarma inicial, se personaron los efectivos, además de agentes de la Policía Local y Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía, que ahora tendrán que determinar las causas del siniestro.

Una vez concluida la labor de los bomberos y del personal sanitario que atendió a los afectados por el humo, el juez ordenó sobre las diez de la mañana el levantamiento del cadáver.

Vecinos y curiosos

Algunos inquilinos, algo más tranquilos, se arremolinaban a la puerta de entrada del edificio, esperando la autorización para poder regresar a sus hogares después de una terrible "amanecida".

Ascención García Morato, inquilina de la planta quinta, se mostraba serena, "aunque yo ya he llorado lo mío", dijo. "Estaba durmiendo y sentí los golpes en la puerta; luego escuché un ruido fuerte como de agua a presión y abrí, por si la vecina necesitaba ayuda. Entonces me encontré con las llamaradas y el humo. La puerta de las casa de don Gonzalo -precisó- da al frente con el ascensor y la mía está en diagonal. Había comunicación del fuego, puerta a puerta, y me impedía llegar hasta la escalera. A partir de ahí, todo fue confusión, de gritos pidiendo socorro, y volví adentro. Entonces, no me acuerdo si puse toallas mojadas o qué hice; el caso es que era una situación de nerviosismo. Una de las vecinas pasó conmigo también y luego los bomberos nos pidieron tranquilidad porque allí estábamos más protegidas". "Cuando los bomberos sofocaron el fuego y remitió un poco el humo pudimos bajar por las escaleras".

También Paloma Sancho y su hija de cinco años, en la planta de arriba, pasaron momentos de verdadero apuro. "Gracias a la terraza estuvimos a salvo", aseguró la inquilina, que en su relato dejó entrever el rato de angustia que pasó mientras se desarrollaban las operaciones de los bomberos.

"Cuando quisimos salir olía a quemado y la humareda, negra, era densa. Se había ido la luz, la puerta también quemaba, así que comencé a colocar toallas mojadas. A mi hija la llevé al cuarto y seguí incluso tirando cubos de agua contra la puerta. Fuimos a la terraza y gritamos pidiendo auxilio. Cuando las condiciones mejoraron pudimos bajar por las escaleras".

Precisamente, una vecina de un edificio cercano situado frente al de la vivienda siniestrada pudo observar ese "rato eterno" de incertidumbre y lo mal que lo estaba pasando Paloma. "Todavía estaba oscuro y se veían grandes llamas. Sobre todo se pasan muchos nervios por la impotencia".