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Unos 50.000 fieles acompañan al Papa para celebrar sus 25 años de pontificado

Juan Pablo II ofició ayer en la plaza de San Pedro del Vaticano la misa solemne por su cuarto de siglo al frente de la Iglesia, a la que asistieron personas de todo el mundo, además de 149 cardenales y decenas de obispos. Reiteró su deseo de seguir asumiendo la "responsabilidad que Dios le ha confiado".
EFE, Ciudad del Vaticano
17/oct/03 21:14 PM
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El pontífice, que presentaba buen aspecto, llegó a la plaza vaticana a las seis de la tarde local, la misma hora en la que fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978.

En sus primeras palabras se le nota la voz clara. A su llegada fue recibido por los aplausos de los presentes entre ellos centenares de latinoamericanos que ondean banderas de sus países, Chile, Argentina y México.

La plaza vaticana estaba adornada con 25.000 tulipanes regalados por floristas holandeses.

A la misa asistieron delegaciones de una veintena de países. Entre los presentes, el presidente de Italia, Carlo Azeglio Ciampi; el de Polonia, Aleksander Kwasnieski; el vicepresidente de la República de Guatemala, Juan Francisco Reyes López, y la esposa del presidente de Uruguay, Mercedes Menafra de Batlle.

"Obispos no burócratas"

Por otra parte, el Papa Juan Pablo II afirmó en la Exhortación Apostólica "Pastores Gregis" que el obispo del tercer milenio no puede ser un burócrata o un funcionario, sino un pastor con un estilo de vida similar al de Cristo, pobre y humilde. Este documento, que hace el número 14 de las exhortaciones escritas por Papa Wojtyla, se puede considerar como una moderna "regla pastoral" que el pontífice entrega a los 4.695 obispos de la Iglesia Católica. Afirma en el documento, que el obispo está llamado a "anunciar a Jesús al mundo" en nombre de una Iglesia experta en humanidad.

"El prelado debe desenmascarar las falsas antropologías y discernir y proclamar la verdad. Tiene que ser operador de justicia y de paz y debe promover el diálogo entre las religiones", señala.

Ante la globalización, el obispo debe saber tomar sus aspectos positivos y promover una "globalización de la caridad", basada en la dignidad de la persona, la solidaridad y la subsidiariedad.

Esto requiere que el obispo tenga preferencia por los pobres y los más desheredados de la tierra, dice la exhortación.

Asimismo, el obispo del tercer milenio tiene que ser cuidadoso con las cuestiones ecológicas para salvaguardar lo creado por Dios y las reservas de la tierra, pide el Papa.

Recordó, además, los deberes de obediencia, pobreza y castidad.