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El Papa beatifica a Teresa de Calcuta 6 años después de su muerte

Muchos de los pobres a los que la misionera entregó su vida ocuparon los primeros bancos en la solemne ceremonia de la plaza de San Pedro y participaron del banquete festivo que les ofreció el Vaticano. El deterioro físico que sufre Juan Pablo II le impidió por primera vez pronunciar una palabra de la homilía.
AGENCIAS, Vaticano
20/oct/03 14:14 PM
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Juan Pablo II proclamó ayer beata a la misionera Madre Teresa de Calcuta, a la que se sentía muy unido y admiraba, en la beatificación más rápida de la historia moderna de la Iglesia, sólo superada por san Francisco, que fue santificado sólo dos años después de su muerte.

La pequeña ?sólo en altura? gran monja que dedicó su vida a los desheredados de la tierra ha sido proclamada beata sólo seis años después de su muerte, gracias a una dispensa de Juan Pablo II, gran admirador de sus virtudes humanas y espirituales, que dio luz verde a la apertura del proceso dos años después del fallecimiento, sin esperar a los cinco que establece el Derecho Canónico.

Madre Teresa fue elevada a la gloria de los altares y al culto local en una multitudinaria ceremonia celebrada en la plaza de San Pedro, a la que asistieron más de 300.000 personas, entre ellas tres mil pobres, un centenar de cardenales y 700 entre obispos y sacerdotes que repartieron la comunión.

Los pobres, por los que siempre se batió ya que en ellos veía el rostro de Cristo, ocuparon las primeras filas de la ceremonia. Tras la solemne eucaristía, los pobres fueron invitados a comer en el Vaticano.

A la plaza vaticana también acudieron medio millar de Misioneras de la Caridad, la congregación que fundó, con sus saris blancos orlados de azul, que no pudieron contener las lágrimas de alegría cuando Juan Pablo II proclamó beata a la Madre Teresa.

El Papa estableció que la fiesta de la Madre Teresa sea el 5 de septiembre, fecha en la que murió.

En medio de la emoción, en la plaza de San Pedro fue descubierta una fotografía de tamaño gigante de la beata, en la que se ve a Madre Teresa sonriendo, con las manos unidas. Jóvenes indias danzaron ante el Papa el "Arati", un bello y colorista baile que inundó de la India el recinto vaticano.

Juan Pablo II, que presentaba aspecto cansado y con la voz débil, en algunos momento inaudible, no leyó la homilía, cediendo la lectura al "número tres" del Vaticano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, y al cardenal de Bombay, Ivan Dias. Ayer fue la primera vez que el Papa no lee ni siquiera un párrafo de la homilía.

Al final de la ceremonia, sin embargo, leyó, aunque con gran esfuerzo, el Ángelus y saludó a los presentes en inglés, macedonio, albanés e italiano.

Icono del buen samaritano

La homilía fue una exaltación de la figura de la monja. Juan Pablo II, que cuando estaba a su lado se le veía feliz y no dudaba en besarle la cabeza, no escatimó elogios y alabanzas para Madre Teresa la monja, a la que denominó "icono del Buen Samaritano", "mujer decidida", "sierva de todos", "pequeña mujer enamorada de Dios", "humilde mensajera del Evangelio" e "infatigable benefactora de la humanidad".

"Estoy personalmente muy agradecido a esta mujer decidida, que siempre he sentido a mi lado. Estuvo en todas partes sirviendo a Cristo en los más pobres entre los pobres. Ni siquiera los conflictos y las guerras lograron detenerla", escribió el Papa. También pidió que se le honre, "ya que es una de las personalidades más relevantes de nuestra época", que se acoja su mensaje y que se siga su ejemplo.

Juan Pablo destacó la batalla de Madre Teresa en defensa de la vida y contra el aborto.

El primer milagro

En la plaza de San Pedro se encontraba ayer Monica Besra, de 32 años, la mujer en la que se produjo el milagro que lleva a la Madre Teresa a los altares. Besra, de religión animista, madre de cinco hijos, padecía un tumor en el abdomen, del que sanó, de manera inexplicable para la ciencia, en 1998. A la mujer le colocaron en el abdomen una imagen de la Virgen que una monjita había pasado por la túnica de la Madre Teresa durante el funeral de la Premio Nobel. Era el 5 de septiembre de 1998, un año exacto después de la muerte, y la mujer, sanó. Médicos indios, la Asociación de Ciencias y Racionalismo de la India e incluso el marido de Besra han puesto en duda la curación milagrosa, asegurando que la mujer se salvó sólo gracias a la medicina.