Santa Cruz de Tenerife

La herencia del 31-M


HUMBERTO GONAR, Tenerife
26/oct/03 21:35 PM
Edición impresa

Han transcurrido 19 meses de la riada que dejó ocho muertos y centenares de damnificados en Santa Cruz y La Laguna, y todavía las laderas del barrio de La Alegría presentan unas llagas en forma de barranqueras que denotan el sufrimiento de una población que mantiene vivo el recuerdo de las llamadas "lluvias de los 500 años".

Junto a La Alegría, también Va-lleseco y San Andrés vivieron in-tensamente en la cabecera de Anaga el día maldito del 31 de marzo de 2002, al igual que El Rosarito, en el suroeste, y Los Lavaderos, en el corazón de Santa Cruz. Para todos ellos, es irremediable que les embargue el miedo cada vez que caen cuatro gotas, una sensación que se convierte en pánico cuando el agua viene avalada por la alerta decretada por Protección Civil.

Francisco Sosa, presidente de la asociación de vecinos de El Rosarito, cuenta que los residentes se han levantado en esta semana mirando al cielo, "con el pánico metido en el cuerpo". Esta preocupación está justificada porque el 31-M anegó por completo el barrio. "El agua cubrió los primeros pisos. Lo pasamos muy mal".

Los representantes vecinales consultados advierten de que la tragedia hubiera alcanzado cotas in-sospechadas de haberse producido de noche. Lo "mejor" de aquellas lluvias fue que se registraron en la tarde de un domingo.

Más de un año y medio después, los vecinos hacen un balance desigual de cómo se encuentran sus barrios. Sin embargo, todos coinciden en que las ayudas han permitido a los damnificados reponer los enseres, reformar las viviendas y adquirir vehículos. No falta quien, como la presidenta de la asociación del barrio de La Alegría, Carmen Dolores Setgasy, echa en falta que no se creara una comisión de seguimiento al dinero entregado, para evitar la picaresca que se ha dado en algún caso de cobrar pero no destinar el dinero al fin para el que se concedió.

Los Lavaderos

Marina Cabrera, de Los Lavaderos, nos muestra con alegría en un recorrido por su barrio las obras que se están culminando en el barranco de Almeyda, así como las del barranquillo de Pino de Oro. En esta zona desembocan los ba-rrancos de La Leña, Las Mesas y Los Campitos.

En el fondo del barranco de Al-meyda no sólo se han construido unos bancales de piedra recubiertos con mallas para purificar el paso del agua cuando llueva, sino que está acotado a izquierda y de-recha por muros de contención.

A mitad del recorrido, a la altura del pasaje de Marañuelas, los re-cuerdos embargan a Marina. "Allí murió un chico de 22 años y una niña de dos años. Precisamente la semana pasada falleció la madre del muchacho. Él entró en la casa para salvarla, lo logró pero le costó la vida a él".

En la actualidad, la casa de la familia de Samantha es utilizada por unos vecinos para tender. Marina lamenta que todavía hay seis familias que residen fuera del barrio a la espera de que el Ayuntamiento de Santa Cruz construya las 16 viviendas que se levantarán en esta zona. La previsión municipal pasa por expropiar unos terrenos en Marañuelas, en una operación inmobiliaria que no tiene plazo de ejecución y que podría su-poner un desembolso de 1.163.632 euros, financiados por el convenio entre Comunidad Autónoma y ayuntamiento, según los datos aportados por el primer teniente de alcalde, Manuel Parejo.

El Rosarito

En el Suroeste, los vecinos de El Rosarito tienen el miedo en el cuerpo. "Aquí hicieron la mejora de la calle principal, que marca el límite jurisdiccional entre Santa Cruz y La Laguna. Aunque en el proyecto estaba previsto poner 54 alcantarillas, este número quedó notablemente diezmado. Por si fuera poco, en la misma calle, compartida por los dos municipios, se ejecutaron las obras sin coordinación. Así, la zona que pertenece a La Laguna se identifica porque tiene aceras y la de Santa Cruz no".

Ramón González, ex presidente de la Fadod y titular de la asociación de vecinos de El Sobradillo, lamenta que con la construcción de la autovía TF-2, que enlaza Santa María del Mar con Las Chumberas, se taponó el barranco Marrero, conocido también como el del Muerto. "Desde el Polígono In-dustrial de El Rosario al Muñeco de Nieve se hormigonó y se colocaron tubos de arco en el tramo comprendido que va al Polvorín de Geneto". A diferencia de Los La-vaderos, en el barranco de El Rosarito no se había movido hasta el jueves una piedra en 19 meses.

"El barranco del Muerto es un cauce de cumbre. Nace a la altura de Las Lagunetas y nadie debía acotar este cauce porque puede provocar daños irreparables si se desborda", añade Ramón. Otra de las irregularidades que imputa a Emmasa es que las mismas alcantarillas se utilizan para el agua residual y de lluvia, contraviniendo, en su opinión, las recomendaciones para estas construcciones.

En el recorrido por la zona, el presidente de El Rosarito muestra una rejilla de dos metros cuadrados colocada en la desembocadura del barranco de El Muerto, en su encuentro con San Matías y El Rosarito. "Si el agua trae un colchón o una nevera, la taponan, y ¿qué va a pasar aquí?", se pregunta. Esta cuestión está justificada porque más arriba, a la altura del taller de Chopermoto, el ba-rranquillo se ha convertido en un vertedero incontrolado.

Después de la amenaza lanzada por la Fadod de llevar a los tribunales al Consejo Insular de Aguas, por incompetencia, el jueves co-menzaron las máquinas a mover tierras, un día después de un ambicioso plan insular para la mejora de los barrancos, anunciado y co-menzado a ejecutar ahora.

Desde la Fadod se señala a Gestur y Prosa, empresas que comparten capital público y privado, como los grandes culpables de taponar los barrancos. El barranco La Monja, en Barranco Grande, o el de Frías, en El Draguillo, son una buena muestra de esta afirmación. Ramón lamenta: "Aquí se llegó a expropiar el metro cuadrado a diez duros, la misma su-perficie por la que ahora se pide 40.000 ó 50.000 pesetas".

Península de Anaga

Desde el Suroeste al otro extremo de la ciudad, está la península de Anaga, donde el agua dejó su huella en Valleseco, La Alegría y San Andrés. En este último barrio, el presidente de la AAVV El Pescador, Francisco Javier Nolasco, reconoce notables mejoras en la canalización del barranco de El Cercado, si bien en el Valle de Las Huertas no se ha realizado ninguna actuación porque se está a la espera del proyecto de Las Teresitas.

Nolasco da la razón a la vecina que en el último pleno se hizo oír ante la corporación asegurando que "los barrancos están taponados y nos van a ahogar". Los barranquillos de las laderas, con excepción del de La Florida, no han sido mejorados y el que desemboca frente al centro cultural tiene el tubo obstruido. Allí falleció un jo-ven de Valleseco.

De las 101 viviendas que se es-tán construyendo, desde la corporación se confía en destinar una veintena a damnificados. Sólo se ha demolido una casa y el resto están apuntaladas.

A medio camino entre el barrio de La Alegría y San Andrés, los vecinos de Valleseco aseguran que, "lentamente, las mejoras se están notando, lo que no impide que los nervios se adueñen de los residentes porque piden más actividad".En el barranco que cruza el barrio, hace seis o siete meses, se comenzaron a construir los muros de contención. En lo que se refiere al alcantarillado, aunque se registran algunas mejoras, hay sectores que están sin desatascar, como su-cede cerca de la iglesia.

El presidente de la asociación de vecinos, Jesús Pérez, cuenta que dos casas fueron demolidas y otras nueve están casi en ruinas. Este representante recuerda el compromiso de construir 11 viviendas sociales en el barrio, un proyecto que está en fase de ejecución. Se harán en dos programas, según Parejo, y su construcción podría finalizar en el primer semestre del año 2005. La promoción de cinco pisos costará 363.635 euros y la de seis, 436.362 euros.

Cerramos este recorrido en barrio de La Alegría, donde murió un vecino, Diego Santana, que intentó achicar agua de su casa abriendo una puerta y salió despedido al barranquillo de delante de su vivienda, quedando enterrado por seis metros cúbicos de lodazal.

La presidenta del barrio recuerda el compromiso municipal de construir 56 viviendas frente a la calle Cupido. Según Parejo, esta construcción podría culminar a finales del año 2005. La operación de re-posición ha sido más completa porque la corporación ha tenido que comprar el suelo, por un precio de 596.011,50 euros, y ahora, junto al Gobierno Canario, invertirá 4.072.712 en la edificación.

"El 31-M caminábamos aquí por encima de los coches dada la cantidad de tierra que cayó de la montaña", recuerda Carmen Dolores. Los operarios trabajan en la canalización del barranco de la calle Dafne, una obra estrella para este barrio que permitirá ampliar el acceso. Junto a las familias que están realojadas fuera del barrio, Carmen Dolores traslada su preocupación por cómo se está ac-tuando en las casas en ruinas. Los obreros dejan el escombro entre las cuatro paredes tapiadas de los ba-jos y crean un nido de ratas que amenaza con reventar si se empoza el agua. Otro problema por resolver es la canalización del barranco que confluye en las calles Hércules y Ceres.