Jornada Deportiva
LA CRÓNICA

El día tonto del Tenerife

El Poli Ejido, que venía como víctima, se aprovechó del flojísimo partido blanquiazul, pleno de incoherencia, y rompió la imbatibilidad local gracias a un absurdo penalty que transformó Calado.
VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe
27/oct/03 12:25 PM
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El Tenerife cambió sus armas acostumbradas y le salió mal. Luego quiso arreglarlo y le fue peor. El equipo salió con dos puntas y un mediapunta (Keko-Barata y Posse) y no jugó para ellos, porque sólo los buscó con un juego directo que los dejó en inferioridad frente a los defensas en la disputa de los balones aéreos. En la segunda parte, cuando tenía un referente para el fútbol directo (Kiko), el equipo quiso llegar por abajo. Todo al revés.

Fue un partido malo. Malísimo, aunque en toda la primera parte flotó la sensación de que el triunfo sólo podía caer del lado local, porque fue el Tenerife el que lo intentó, aunque con un evidente contrasentido en el procedimiento. Para aprovechar el estilo de Posse hay que entregarle la pelota limpia y, si Posse está desconectado, difícilmente se puede encontrar un buen pase para los dos puntas. Andrade no manejó el partido, Vitolo estuvo bien en el quite, pero la pelota casi no pasó por él, porque desde el inicio del juego, en especial Edu Moya, repitió el pase vertical en el que los nuestros nunca tenían ventaja. Y eso que ayer Djukic empezó mostrándose más para iniciar bien desde el fondo. Enfrente había un rival, el Ejido, que llegó a este encuentro con una inseguridad que saltaba a la vista. Jugó con Sabino solo arriba y utilizó sus bandas (Sierra y Patri) para defender, de manera que se fue echando atrás según pasaban los minutos y después de haber tenido una gran ocasión que salvó Álvaro en boca de gol a los dos minutos, en otra acción de prolongación de cabeza desde el segundo palo (el Levante casi hace un gol parecido aquí). Con los almerienses replegados, con sus dos líneas juntas en poco espacio, el Tenerife tuvo siempre el control y pudo marcar, pero la suerte salvó al Poli en un cabezazo de Posse que Manu se encontró de churro. Pero, en líneas generales, el Tenerife no alcanzó nunca un grado de intensidad similar al que lo ha hecho fuerte esta temporada, porque tuvo desconectados de la tarea de recuperar la pelota a los tres hombres de arriba.

Tras el descanso, el primero que cambió fue Setién, que metió a David Prats en lugar de Salva Sevilla. Esa sustitución, de un hombre por otro sin modificar la estructura, le dio unos frutos enormes, porque Prats se movió muchísimo para auxiliar a sus compañeros del eje (Ángel y Calado) y le dio mucha salida a la contra almeriense. Los visitantes se fueron creciendo y empezaron a poner el ritmo frente a un Tenerife cada vez más fuera del partido, con una cierta inclinación a resolver los problemas de manera individual, conduciendo la pelota y perdiendo la bola en situaciones que dejaban al equipo mal colocado. Entonces David quitó a Keko y puso a Kiko Ratón. En teoría debía ser la apuesta para cambiar la dinámica, de manera que, si había balones para Kiko, el Tenerife podía ganar muchos rechaces cerca del área y así volver a encerrar en su campo al adversario. Pues no, cuando el partido estaba para hacer el juego del primer tiempo, el equipo se puso a tocar, a conducir más de la cuenta y a perder el sitio en posiciones clave para el balance.

Antes del absurdo penalty que sentenció el partido, un error de Álvaro en una salida pudo poner por delante a los visitantes, pero Corona, que lo arregla todo, como de costumbre, salvó a meta vacía. Luego llegó el penalty, tan tonto como el partido en sí, en una jugada en la que Sabino estaba en inferioridad y salía del área de espaldas a la portería. Cuando Calado marcó el tanto, el público empezó a expresar su disconformidad y se creó un clima muy difícil para los chicos. Entonces David, que ya había puesto a Rogerinho en lugar de Posse, metió a Ismael en la banda y sacó a Vázquez al centro para organizar, pero a Jesús le faltó tiempo para hacer más cosas que disparar por fuera dos o tres veces, ya en plena frustración.

Los últimos minutos fueron de angustia y de impotencia, porque cuanta más prisa había mayor era la imprecisión y más frecuentes las pérdidas de balón. Rogerinho tomó el mando cerca del área, pero es evidente que este no es un equipo hecho para bordar el fútbol combinativo y menos ante un frontón, porque el Poli, tan necesitado como estaba, hizo un repliegue intensivo del que salió alguna vez con peligro. El árbitro perdonó otro penalty y la expulsión de Álvaro por manos fuera del área y el partido se apagó sin sobresaltos, vacío de contenido, tal como transcurrió.

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